Susana Rivera: «Me encantaría que el gran legado de Ángel González estuviera en Oviedo»

Susana Rivera: «Me encantaría que el gran legado de Ángel González estuviera en Oviedo»
Rivera conversa con el alcalde de Oviedo y el consejero de Cultura en el Paraninfo. / FOTOS: PABLO LORENZANA

La viuda del poeta exige «disculpas públicas» para limpiar su nombre y dice que «ni el Principado ni el Ayuntamiento han puesto un céntimo para la fundación»

A. VILLACORTA OVIEDO.

Que Susana Rivera no tiene pelos en la lengua era de sobra conocido. Y, ayer, la viuda del poeta Ángel González, su heredera universal y encargada de gestionar su legado, volvió a dejarlo claro durante la inauguración del congreso internacional 'Materia de recuerdo y de nostalgia', organizado por la cátedra que lleva el nombre del ovetense universal en la Universidad asturiana cuando se cumplen diez años de su fallecimiento.

Abrió fuego la profesora de Literatura de la Universidad de Nuevo México dando un paso al frente y asegurando que le encantaría «que el gran legado de Ángel estuviera en Oviedo», un deseo que también comparten el consejero de Cultura, Genaro Alonso, y el rector, Santiago García Granda, quienes, sin embargo, admitieron que no están haciendo ninguna gestión al respecto.

Aunque, antes de empezar a hablar, hay que salvar un escollo no precisamente menor, les recordó la viuda: «Ocurrieron cosas muy inesperadas, muy feas, muy innecesarias, y se dijeron cosas muy negativas de mí que no son verdad. Así que, para que vuelva a considerar Oviedo, se tiene que limpiar primero mi nombre y todo lo que ocurrió con la fallida fundación, por la que yo me desviví».

Se refería el huracán Rivera a quienes se decían amigos del poeta, entre los que se contaban Joaquín Sabina, Almudena Grandes o Luis García Montero, quienes -sostiene- lo traicionaron a él y la difamaron a ella.

Así que lo que exige ahora es «una disculpa pública de los que supuestamente tenían que haber levantado esa fundación. Los mismos que, en realidad, no hicieron nada y me culparon a mí. Pasé cuatro años tratando de levantarla y me hicieron muy poco caso». Y quizá hoy sea el día de que llegue ese perdón, porque García Montero es -una decisión de la Cátedra contra el criterio de la viuda- uno de los ponentes que intervendrá en el congreso poco antes de que el Ayuntamiento haga Hijo Predilecto de Oviedo a título póstumo al autor de 'Palabra sobre palabra'.

Pero los reproches no se quedaron ahí, porque la mujer que compartió con él treinta años con sus noches, harta de que se meta a todas las viudas de ilustres en el saco «de las malas», todavía se guardaba una bala en la recámara para el Principado y el Consistorio: «Hace falta un presupuesto. Y nunca hubo ni un céntimo de apoyo económico. Nada. Cero».

Y, como a Susana Rivera le gusta «llevar la contraria», según confesión propia, aseguró en la ponencia inaugural de un encuentro que reunirá hasta mañana a los mayores expertos en la creación del enorme poeta que la última obra de Ángel González, publicada tras su muerte, 'Nada grave', «no se trata de un libro inacabado, como se dio a entender, sino que ya lo tenía preparado para enviar a la editorial Tusquets. Ángel lo había dado definitivamente por cerrado, pero, por designios del azar y nuestra torpeza tecnológica, no pudo ser».

Luciendo un collar «símbolo de la eternidad» que él le regaló, también negó el pesimismo que muchos le atribuyeron: «No es una obra pesimista en absoluto. Es un libro en el que Ángel se enfrenta a la muerte con serenidad y estoicismo». Porque él mismo -defendió-, que «nunca renunció a su ideología», tampoco lo era por más que pensase que «el mundo será siempre una catástrofe».

Y, como prueba, contó «un numerito» que escenificaban cuando salían «por ahí de juerga»: «Él me preguntaba si quería una copa y yo le respondía: 'No, que tú ya estás borracho'». Entonces, el poeta inquiría: «¿Cómo lo sabes?». «Porque ya se te ha puesto un ojo más pequeño que el otro». Ante lo que Ángel González concluía: «¡Tú siempre tan pesimista! ¿No te das cuenta de que es el otro el que me crece?». Genio y figura irrepetibles.

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