La guerra, el camino más corto hacia la igualdad

El profesor austriaco Walter Scheidel, autor de 'El gran nivelador'./R.C.
El profesor austriaco Walter Scheidel, autor de 'El gran nivelador'. / R.C.

El profesor de Stanford Walter Scheidel indaga en su nuevo libro en la función niveladora de la violencia en la historia

Álvaro Soto
ÁLVARO SOTOMadrid

Si quieres igualdad, prepara una guerra. Parafraseando al escritor latino Vegecio, esta podría ser la tesis del profesor de la Universidad de Stanford Walter Scheidel (Viena, 1966), que en su libro 'El gran nivelador' (Crítica) expone la provocadora teoría de que no siempre la democracia es el camino más corto hacia sociedades justas e iguales. La guerra, la revolución, el colapso de los Estados y las epidemias han sido esos grandes niveladores a los que alude en el título de su obra. «Yo prefiero la paz y la seguridad aunque sea a costa de una mayor desigualdad, pero expongo el hecho de que a lo largo de la historia, los momento de choque también han ejercido como igualadores», explica Scheidel.

Un ejemplo extremo: una guerra nuclear sin restricciones llevaría al igualitarismo total, del mismo modo que las comunidades extremadamente pobres y menos estratificadas del mundo lo son. Pero no parece que el mundo vaya por ese camino de un enfrentamiento que nivele (a la baja) las riquezas y las posesiones de la población, cree Scheidel, profesor de Humanidades, Clásicas e Historia y experto también en Biología Humana.

Así que, aparcada (por suerte) la posibilidad de un apocalipsis, quedan por explorar otros caminos que consigan combinar el desarrollo económico con unas condiciones de vida dignas para el conjunto de la población. El punto de partida no es el mejor, teniendo en cuenta que, dice el profesor de Stanford, «aunque las diferencias entre países están disminuyendo, la desigualdad dentro de las sociedades está en su momento más alto del último siglo».

La globalización es la principal causa de la desigualdad en el mundo contemporáneo. «Está haciendo que se recorten los ingresos medios de los trabajadores, especialmente en la manufactura, y en los países en desarrollo está beneficiendo a las élites más que a los demás», destaca Scheidel. La automatización de la producción por los robots y la inteligencia artifical, el envejecimiento de los países ricos, los posibles efectos de la inmigración y, en el futuro, el espectro de la genética y la mejora del cuerpo humano a través de la cibernética son otros factores que invitan a pensar en un aumento de la desigualdad.

«Las perspectivas para una igualación futura dentro son escasas y por eso, será un desafío para las democracias sociales de la Europa continental mantener y adaptar sistemas de impuestos elevados y una amplia redistribución», opina Walter Scheidel.

¿Qué se puede hacer en la práctica para que la desigualdad no se dispare? El experto pone el foco en los países escandinavos, un ejemplo en este asunto. «Están teniendo mucho éxito en contener la desigualdad a través de medidas fiscales y de educación», afirma el escritor. Por el contrario, «los países de habla inglesa están experimentando los mayores crecimientos en la desigualdad en las últimas décadas, igual que los países poscomunistas, China, Rusia o la India», agrega.

A España la sitúa Scheidel en un nivel medio: a mucha distancia de Dinamarca y Suecia, pero también lejos de la desigualdad de Estados Unidos. «Lo que es llamativo en España es que la diferencia entre desigualdad antes y después de impuestos y la redistribución es más pequeña que en la mayoría de los países desarrollados, y la desigualdad de ingresos en términos de renta disponible -lo que la gente realmente tiene para gastar- es relativamente alta», explica. «La desigualdad en España estuvo en sus niveles más bajos en los años 60 y 70 y desde entonces ha estado crecido», concluye.

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