«El límite del humor está en el Derecho Penal»

Faemino y Cansado, en una actuación en el Jovellanos.
Faemino y Cansado, en una actuación en el Jovellanos. / JOAQUÍN PAÑEDA
JAVIER CANSADO. HUMORISTA

Faemino y Cansado llegan al Jovellanos (viernes, sábado y domingo, a las 20.30 horas) con ‘¡Quien tuvo retuvo!’

M. F. ANTUÑAGijón

Javier Cansado (Javier Pozuelo Gómez en el DNI, Madrid, 1957) no hace honor a su apellido artístico. Hiperactivo de verbo fácil, pensamiento a la par lúcido y absurdo y afición a subordinar una reflexión tras otra, llega a Gijón para quedarse tres noches en el Teatro Jovellanos con su amigo del alma, Carlos Faemino, con quien lleva una vida entera riendo y haciendo reír. ‘¡Quien tuvo retuvo!’ es el título de su nuevo espectáculo. Atiende al teléfono e informa de que está escuchando un podcast sobre el Brexit. Así, de buena mañana.

¿Y a usted qué le parece el Brexit?

–Un truco. Se acuerda que cuando el referéndum de Escocia los ingleses les decían «si os vais del Reino unido, os vais de Europa», y al poco tiempo va el Reino Unido y se va. Qué golfos.

¿Y de España que me dice?

–No hablo. La política no me interesa, me da corajina. Jamás hacemos ninguna mención a la política. Es despreciable.

Cuando uno ve sus espectáculos piensa: ¿Cómo se monta esa chifladura?

–El planteamiento es actoral. Queremos que parezca que todo surge en el momento, pero obviamente no es así, hay un guion muy férreo, aunque nos gusta trufarlo de morcilleo. También hay improvisaciones puras. Un espectador cualquiera, si nos ve dos días seguidos, sí se puede dar cuenta dónde está el truco. Donde estriba el asunto es en que llevamos juntos toda la vida, somos del mismo barrio, nos tomamos muchas fantas de niños y trabajamos en la calle. Es un intangible.

¿Todavía le sorprende en el escenario Faemino?

–Sí. De hecho, nuestro espectáculo es siempre un camino de perfección. Cuando se nos ocurre una réplica nueva la incorporamos; de pronto yo salgo por la izquierda en lugar de por la derecha... Pero buscando la complicidad, no poner en un brete al otro. Jamás nos hemos quedado en blanco, siempre hemos tirado para adelante y hemos sabido salir de los atolladeros. Carlos tiene mala memoria y se le olvidan cosas, pero es tan brillante que piensa otra cosa, y resurge el ave fénix, es muy divertido. Nosotros actuamos poco y eso permite que cada función sea una fiesta.

¿El que tuvo retuvo?

–El título tiene sentido porque ya tenemos una edad, somos gente provecta, y nunca tienes claro si tus inquietudes siguen interesando a la gente. El humor es muy generacional y nos interesa saber si tiene vigencia. Nosotros actuamos en la sala Galileo todos los meses y vamos probando, testando lo nuevo ahí, pero aún así siempre cuando escribes cosas nuevas, no sabes si te has quedado atrás, porque además el nivel del humor en España es grandioso, enorme, va a toda la leche. Nosotros pensamos que quien tuvo talento lo retiene.

¿El humor es generacional?

–Sí, otra cosa es que alguien se asocie a humoristas más antiguos. Pero en general con quien creces lo mantienes para siempre. Para los que han crecido a partir de ‘La hora chanante’, nosotros somos personas mayores. Aunque jugamos con la ventaja de hacer humor absurdo, no han crecido con nosotros. Mis hijos vienen con sus amigos a vernos y se lo pasan bien, pero falta ahí un eslabón, que es que yo hablo de los hijos y los humoristas de su generación hablan de los padres. Pasa lo mismo en literatura, cine, música...

Si hace 40 años le dicen que iban a llegar hasta aquí, ¿se lo hubiera tomado a broma?

–Si nos dicen que íbamos a vivir con esta calidad de vida, con un piso en Madrid y otro en el pueblo, no me lo creo. Porque en general el humor en España era algo menor, aunque ya está cambiando. Si te va bien, tienes el cariño del público, pero no esa admiración que hay hacia otros artistas. Todavía vas a un sitio y te dicen ‘cuéntame un chiste’ y no, ‘que te lo cuente tu puta madre’. ¿Se imagina a Barenboim yendo a un bar y que le pidan ‘tócame un poco la orquesta’? Eso ha cambiado, la evolución del humor es gigantesca, el público es más culto, se admite la provocación, pero digamos que aún se niega esa parte intelectual y creativa. Todavía nos toman por unos cachondos.

Dice que el humor vive buenos tiempos, pero ¿no está acogotado por la autocensura, por no ofender a nadie?

–El enemigo es la corrección política. Hay una serie que se llama ‘Morir de pie’ sobre los cómicos de los setenta, y es inaudito, hoy en día es imposible hablar como lo hacían ellos. Ahora el público admite un vocabulario más zafio, más barriobajero, yo me jacto de poder mezclar una cita de Spinoza y tu puta madre, pero es verdad que hay llegado un momento en el que todos somos monjitas, de pronto hay que tener mucho cuidado con qué dices porque te puedes meter en un lío. El límite del humor es el derecho penal. Si vas a hacer un chiste y vas a ofender, que sea buenísimo, que sea magnífico.

¿Alguna vez se han cortado de hacer algún chiste?

–No. Lo que hemos tenido que decir lo hemos dicho sin cortarnos. No es nuestra línea el insulto y tenemos la ventaja de que no hablamos ni de política ni de la coyuntura actual.

¿Algún tema tabú para el humor?

–Reitero, el límite es el Derecho Penal. También le digo que el que utiliza nombres propios es humor barato, meterse con las orejas de Carlos de Inglaterra no es nada, es chabacano.

¿A usted qué le hace gracia?

–Todo. El humor es un punto de vista sobre la vida. Me puedo reír con cualquier cosa. Veo ‘First Dates’ y me río, me da un poco de vergüencilla pero me río.

¿Qué no le hace ninguna gracia?

–La política. Es una lucha de hoolingans. Y un hoolingan no analiza. Es deleznable.

¿Y qué hacemos sin política?

–Vivir como en agosto. En agosto no hay nada y todo funciona bien. Tengo ese espíritu ácrata.

¿Aquí en Gijón hay nivel?

–Cerca del Jovellanos, Maika, esos churros con competentes. No descartamos desayunarlos y merendarlos.

Hace radio, tele con ‘Ilustres ignorantes’, escribe guiones para otros... No para. ¿De dónde saca para tanto como destaca?

–Mi apellido no me hace justicia. Soy un maldito entusiasta. Me proponen cosas que son muy bonitas y las hago. Soy muy trabajador y muy ubicuo....Montoro está contento conmigo.

¿Y usted con Montoro?

–Cuando veo ‘Mujeres, hombres y viceversa’ no sé si vale para algo pagar impuestos.

Es usted un gran aficionado al mundo de la churrería. ¿De dónde le viene esa pasión?

–Como todo, de la infancia. Yo vivía Carabanchel y no había churrería en el barrio, así que venía un señor vendiendo churros que estaban fríos. Un día mi padre me llevó al centro y me los tomé calientes. ¡Aquello fue el paso del Rubicón, Dios mío de mi vida, lo tengo nítido! Desde entonces voy probando churros.

¿Pepe Colubi le habrá dado algún consejito para estos días en Gijón?

–No hace falta. Nosotros Gijon la tenemos esquilmada. Sabemos dónde vamos a ir a comer y a cenar y hasta dónde vamos a comprar latas de fabada para llevarnos para casa.

¿Con ganas de dormir con mantita?

–Sí. Es un placer. Son las pequeñas cosas de la vida: a mí me gusta comer pipas, dormir con una mantita y los churritos.

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