López Vázquez a través del túnel

Una escena de la película 'Mi querida señorita'. /
Una escena de la película 'Mi querida señorita'.

Este jueves, gratis, se proyecta en el Antiguo Instituto 'Mi querida señorita'

JOSÉ HAVEL GIJÓN.

Adela Castro (José Luis López Vázquez), madura dama de una localidad de provincias, visita la consulta del médico (José Luis Borau) que le ha recomendado su comprensivo párroco. Soltera, casta y conservadora, doña Adela se siente extraña. Los hombres no la atraen. Experimenta hacia ellos «una especie de miedo, o de aversión». No sabe si es una mujer normal... Las féminas ejercen sobre ella una fascinación inexplicable, que supone pecaminosa, sobremanera cuando se trata de su joven criada Isabelita (Julieta Serrano); aunque jamás ha tenido contacto físico con ninguna, Dios la libre. A sus 43 primaveras tampoco conoce varón. Existe, además, otro problema: la honorable señora se afeita desde los 17 años de edad. Según llega doña Adela, el doctor hace salir a la enfermera para quedarse a solas con la paciente, a quien dice que lo que tiene no es nada grave, «aunque habrá que intervenir, desde luego». No debe alarmarse, será sencillo. Doña Adela asegura encontrarse físicamente muy bien, así que ruega se le hable sin rodeos, como mujer fuerte y valiente que es. El médico le da la razón, salvo en una cosa: ella es fuerte y valiente, sí, pero no una mujer.

Jaime de Armiñán filma la conversación en sobrio plano / contraplano. Si bien al producirse la gran revelación efectúa un zoom sobre el primer plano de Adela, que nos acerca a su rostro mientras asimila la noticia. Hay, pues, una ruptura en el punto de vista de la narración, en adelante masculino. Acto seguido, Armiñán funde a negro. Oímos ruidos ferroviarios. La cámara sale, en travelling hacia adelante, de la oscuridad de un túnel a la luz del exterior; metáfora clara del alumbramiento de una nueva vida hasta entonces sumida en las tinieblas de la ignorancia. A continuación, vemos más planos en movimiento sobre las vías del tren, que a veces se cruzan e intercambian, como los destinos humanos, camino de Madrid, ciudad a la que Adela llega ya transformada en Juan, hombre sin formación profesional cualificada a causa de haber sido antes mujer en un mundo sexista.

'Mi querida señorita'
Centro de Cultura Antiguo Instituto. Salón de actos. Jueves 20 de julio a las 19.30 horas. Con José Luis López Vázquez, Julieta Serrano, Antonia Serrano... El guión es de Jaime de Armiñán y José Luis Borau. Dirigida por Jaime de Armiñán en 1972.
Director
Jaime de Armiñán es uno de los directores más reconocidos del cine español, con una veintena de largometrajes, cortos, series de televisión... Entre sus premios destacan la Medalla de Oro de Bellas Artes, dos Ondas y un Goya de Honor.

Merecía la pena evocar con cierto detalle, por emblemático de nuestro cine, uno de los más brillantes momentos visuales habidos en 'Mi querida señorita'. La mítica película de Jaime de Armiñán desarrolló, trastocándole el género, la historia de un cambio de sexo que José Luis Borau, coguionista y coproductor, había leído en una revista durante un viaje a Italia. Era la base propicia para realizar una obra diferente, rigurosa, atractiva de cara a la taquilla y con valor generacional añadido. La creciente clase media española necesitaba una alternativa cinematográfica que no tuviera que ver con el chapucero mal gusto del cine de consumo patrio, ni que adoleciese de la doliente autocomplacencia elitista del cine de autor. Tal vacío vino a cubrirlo la llamada «tercera vía», honrosamente prefigurada por inteligentes producciones como 'Mi querida señorita'.

Aunque José Luis López Vázquez había aceptado el papel a la primera, se echa atrás a solo ocho días de comenzar el rodaje, temeroso frente al sumo riesgo de la empresa. Decidió volver, tranquilizado, cuando Armiñán lo lleva a una cafetería vestido de mujer y el actor pasa desapercibido. A pesar de las cargas de profundidad sociales y sexuales del filme, prodigio de sutil ambigüedad, la censura tardofranquista solo cortó un plano donde una guapísima Mónica Randall, de espaldas al objetivo, deja entrever uno de sus senos. Dicha toma estratégica supo distraer a los censores de otros aspectos más importantes. El resto es historia memorable de nuestro cine: la película en sí misma, el antológico trabajo interpretativo de José Luis López Vázquez, la fotografía de Luis Cuadrado... Nominada para el Oscar al mejor largometraje de habla no inglesa, 'Mi querida señorita' recibió una calurosa acogida en Hollywood. Su tierno humanismo contenido, pastel cuya guinda fue la mejor frase final oída desde 'Con faldas y a lo loco', se ganó el aplauso de maestros como Capra, Mamoulian, Minnelli, Wise o Cukor, quien vislumbró hacer de López Vázquez una estrella internacional. Pero la estatuilla dorada se la quedó Luis Buñuel, bajo pabellón francés, por 'El discreto encanto de la burguesía'. La Academia le debía ese Oscar, perdido el año anterior con la española 'Tristana', que rodara bajo el régimen de Franco. Perra mala suerte.

Una película que este jueves, a las 19.30 horas, se proyectará en el Centro de Cultura Antiguo Instituto de Gijón, dentro del ciclo dedicado por el Aula de Cultura de EL COMERCIO a Jaime de Armiñán.

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