Lutero y Santa Teresa, dos formas de mirar la Iglesia

Santiago Sagredo, seguido por Fidel García y Luis Rubio. /  PALOMA UCHA
Santiago Sagredo, seguido por Fidel García y Luis Rubio. / PALOMA UCHA

El catedrático de Filosofía Santiago Sagredo recorrió la trayectoria de ambas personalidades en el Ateneo Jovellanos

P. A. MARÍN ESTRADA GIJÓN.

Dos figuras egregias de la historia de la cultura y la religión, Martín Lutero y Santa Teresa de Jesús, fueron recordadas ayer en el Ateneo Jovellanos por el catedrático de Filosofía Santiago Sagredo a propósito de las efemérides que los devuelven a la actualidad: el aniversario del llamado Gesto con el que el padre de las iglesias evangélicas dio a conocer sus 95 tesis contra las indulgencias y el año jubilar teresiano, que se celebra el próximo domingo 15.

Bajo el título 'Lutero y Teresa de Jesús, dos actitudes respecto a la Iglesia', el conferenciante glosó la importancia de ambas personalidades, «tan distintas en sus propósitos y actitudes como unidas ahora, 500 años después, por su condición de reformadores», afirmó Santiago Sagredo.

Presentado por el secretario del Ateneo, Fidel García, el catedrático realizó un exhaustivo repaso de la vida y obra de estas figuras claves de la Europa de su tiempo.

«Lutero no pretendió fundar otra religión, sino volver a los orígenes del cristianismo»

De Lutero y la promulgación de sus tesis destacó que en ese momento «no pretende fundar otra religión, sino volver a los orígenes del cristianismo». Y que su desafío «era una práctica común entre los catedráticos de su tiempo: se desafiaban para discutir sus tesis».

Según explicó el catedrático Santiago Sagredo, «Lutero sería desbordado luego por sus colaboradores, con los resultados conocidos». Unos hechos históricos que hoy parecen más cerca de resolverse en el camino del ecumenismo, «algo en aquel tiempo impensable y que en el nuestro no lo es tanto como han buscado los papas Benedicto y Francisco», señaló.

De la santa de Ávila comenzó aludiendo a la condición que marcaría su singularidad dentro de los reformadores de la Iglesia, la de mujer.

«Cuando ella habla de su debilidad como tal, no es por humildad, como se le supuso, sino que es una estrategia para no añadir dificultades a su reforma: para Santa Teresa la humildad es 'andar en verdad frente a uno mismo'», afirmó.

Respecto a su dimensión intelectual, destacó que «es más amiga de letrados que de espirituales y ella misma escribe: 'Un buen letrado nunca me engañó'».

Las diferencias de las reformas que tanto Lutero como Teresa de Ávila emprenden señalan, por otro lado, lo mucho que lo separaba.

Así, mientras que la religiosa española basa sus propósitos reformistas en la búsqueda de la oración mental, el antiguo agustino alemán apuesta por la justificación por la fe «apoyándose en San Pablo cuando dice que 'el justo vivirá por su fe' y afirmando que la libertad del hombre es incompatible con la libertad de Dios», apuntó.

Santiago Sagredo quiso recordar asimismo la dimensión cultural que tanto Lutero como Santa Teresa han tenido en la historia europea: el primero como «creador de la lengua culta alemana, con sus versiones de las Escrituras», y la abulense, como «clásico de la literatura popular castellana que también defendía las Escrituras en esta lengua».

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