María, la asturiana endemoniada y sanada

En un monasterio de Segovia en 1614 se le realizó el exorcismo más antiguo documentado en España | Francisco Egaña Casariego dio de forma casual con el expediente que narra con todo tipo de detalles el milagro en el que intercedió la Virgen de la Guía

M.F. ANTUÑA

No fue el primer exorcismo. Pero sí tiene el honor de ser el primero del que existe documentación prolija, una narración detallada de lo que aconteció en la ciudad de Segovia en pleno siglo XVII, cuando una muchacha asturiana de nombre María Fernández que albergaba el demonio en sí fue sometida a la cura cristiana con intercesión milagrosa de la Virgen de la Guía. El historiador Francisco Egaña Casariego, de la Universidad de Valladolid, ha estudiado a fondo junto con Pompeyo Martín Pérez aquel suceso del que da cumplida información un manuscrito que se conserva en el Archivo Diocesano de Segovia. «La muchacha exorcizada era asturiana, y estaba poseída por el espíritu de su abuelo, que era de Oviedo, y había muerto excomulgado por andar cambiando los mojones de sus tierras para usurpar las de sus vecinos», apunta Egaña Casariego. «El suceso tuvo lugar en el año 1614, y, nada menos que en el convento de Santa Cruz, antigua sede de la Inquisición, y del que fue prior fray Tomás de Torquemada», añade.

'Un exorcismo en el convento de Santa Cruz la Real de Segovia en el año 1614' es el título del estudio publicado por Egaña y Martín en el que se transcribe el manuscrito y se pone en antecedentes sobre el lugar del milagro, un cenobio en el que se conservaba una efigie de la Virgen de la Guía a la que se le atribuye un buen número de sanaciones milagrosas de todo tipo de «daños corporales como heridas, llagas, tumores y dolencias varias» a través de la unción mediante el aceite de su lámpara.

Pero en el caso que nos ocupa la cosa fue más allá de lo físico y se adentró en el terreno de las almas, como se constata en el expediente del citado exorcismo, que fue practicado por el vicario del convento de Santa Cruz, fray Juan González. «Consta este documento de la narración del milagro por el entonces prior de Santa Cruz, fray Juan Portocarrero, y la toma de declaración de los testigos del prodigio, realizada ante el juez de comisión, don Luis Cabeza de Villegas, y el notario de la Catedral, don Ambrosio Álvarez, en el expediente de averiguación abierto por el obispo de Segovia, don Antonio de Idiáquez y Manrique», se detalla en el estudio publicado, fruto de un hallazgo totalmente casual que se produjo cuando Egaña Casariego buscaba inventarios de la desamortización bonapartista en el convento.

La transcripción del expediente comienza de la siguiente manera: «El presentado fray Juan Portocarrero, prior del convento de Santa Cruz la Real de esta ciudad de Segovia, digo que hoy sábado, a las diez de mayo de 1614 años, en este dicho convento (....) fue nuestro Señor servido por intercesión de Nuestra Señora que llamamos de La Guía (...) de obrar uno de los mayores y más evidentes milagros que han sucedido en nuestros tiempos».

La cosa promete. Y no decepciona. Continúa así: «Una moza de esta ciudad de Segovia, que se llama María Fernández, natural de Asturias y criada de Martín Fernández Peña, hacedor de paños (...), estando endemoniada la trajo su amo hoy dicho día, mes y año, a las nueve de la mañana (...) para que la conjurasen». Cuenta después cómo fray Juan González la llevó a la capilla y al altar mayor del templo. Observó si estaba endemoniada o no, y advirtió señales de que efectivamente lo estaba y comenzó el proceso. Pero el demonio se mostró rebelde. Y de nada sirvió la faena del prior desde las nueve de la mañana a la una de la tarde: no fueron suficientes los dos sahumerios, uno con incienso bendito y otro con alcrebite (azufre) para expulsar al maligno.

Se optó entonces por otra vía con la ayuda de otros religiosos. «Entonces dijo el padre presentado fray Andrés Pérez Pérez, predicador de dicho convento: úntela vuestra Reverencia con el aceite de la lámpara de Nuestra Señora de la Guía, que sabremos si Dios tiene guardado este milagro para ella». Dicho y hecho. El padre untó el pulgar de la mano derecha en el aceite de la lámpara, hizo la señal de la cruz en la frente de la mujer y ordenó al demonio que saliese en nombre de la Santísima Trinidad y el de la Virgen Nuestra Señora. Hubo que untar de nuevo a la moza asturiana y el padre, en nombre de la Virgen de la Guía, mandó: «Que dejes a esta criatura de Dios». A continuación se produjo el milagro: «Y luego la moza, con boca y labios reciamente, hizo ruido como que quería arrancar algo del pecho. Inmediatamente tras esto se cayó hacia atrás en los brazos del padre fray Manuel de Vergara y, como espantada, dijo 'ay Dios, y quién me ha traído aquí entre estos señores'». Relata el expediente firmado por Portocarrero la sorpresa de la mujer, que descubrió que la habían abofeteado y se preguntaba quién la había herido y no entendía nada de lo que allí pasaba. No quisieron decirle la verdad. «Y la respondieron, por no desconsolarla, que había venido con una muy grande calentura y que diese gracias a Nuestro Señor que la había dado salud».

Comienza así un relato que luego incluye un buen número de testimonios, redactados con el estilo pomposo y un tanto confuso de la época, que aportan más luz sobre el milagro. Es Ambrosio Álvarez quien se encarga de recopilar esas voces, que básicamente cuentan idéntida peripecia con más o menos florituras. Aporta también algunos datos de interés sobre la protagonista asturiana de esta historia, natural de un pueblo cercano a Oviedo llamado Sobrado. Llevaba cuando se produce el hecho seis semanas trabajando de criada para Martín Fernández Peña. Ella solo acertó a contar que la víspera al exorcismo cayó desmayada y nada más sabe hasta su repentino despertar tras la unción. Sí los testigos, que recuerdan cómo la víspera fue poseída: «Esta testigo, cuando vino a casa de del dicho Martín Fernández, le dijo a la dicha María Fernández: 'Qué haces María?' Y respondió: 'Yo ya no soy María'. Y preguntándola que quién era dijo que Juan Gómez. Y este testigo le dijo: '¿Qué quieres aquí, Juan Gómez?' Y respondió: 'Estoy holgando en este cuerpo de esta mocita, porque era tan buena me quise entrar a holgarme'. Y así pasó la noche, hasta que a la mañana la llevaron a Santa Cruz de la Real de esta ciudad». Luego el demonio abandonó su cuerpo y de la vida de María, nada más se sabe.

Fotos

Vídeos