En memoria de Carantoña, 20 años después de su adiós

Francisco Carantoña, en su despacho de EL COMERCIO el 4 de octubre de 1995. / E. C.
Francisco Carantoña, en su despacho de EL COMERCIO el 4 de octubre de 1995. / E. C.

José Antonio Rodríguez Canal y Francisco Carantoña recordarán hoy en el Ateneo Jovellanos al que fuera director de EL COMERCIO en el aniversario de su muerte

M. F. A. GIJÓN.

Moría el 8 de diciembre de 1997 en Gijón, la que fue su ciudad, el lugar donde hizo del buen periodismo bandera, donde nacieron sus hijos y donde marcó una época al frente de EL COMERCIO. Francisco Carantoña Dubert, aún recordado, aún presente en la mente de los ciudadanos de Gijón, retorna hoy a la actualidad con la que trabajó a diario y desde su diario a través de palabras, de anécdotas, de recuerdos que atesoran dos personas muy próximas a él: su hijo Francisco Carantoña Álvarez, profesor de Historia Contemporánea de la Universidad de León, y otro nombre fundamental en la historia del periodismo gijonés, el que fuera director adjunto de EL COMERCIO José Antonio Rodríguez Canal.

'Francisco Carantoña, semblanza en el 20º aniversario de su fallecimiento' es el título del acto programado por el Aula de Cultura de EL COMERCIO que hoy (19.30 horas) se celebra en la sede del Ateneo Jovellanos de Gijón (Colegiata, 2) y que contará también con la participación de Luis Rubio, vicepresidente del Ateneo.

Fue Carantoña director durante cuatro decenios del decano de la prensa asturiana y Canal su mano derecha, su fiel compañero. Hablará, pues, con conocimiento de causa sobre el hombre que nació en 1926 en Muros de San Pedro (Galicia) y que se convirtió en un auténtico referente en Gijón por su habilidad para el análisis de la actualidad, por el compromiso con la ciudad, por su amor a la cultura y su apoyo incondicional al arte y a los artistas. Si Canal incidirá en el plano profesional, su hijo Paco se adentrará en su semblaza en aspectos más personales e íntimos.

Fue Carantoña un hombre comprometido y querido en una ciudad que le recuerda con una escultura de acero cortén obra de Joaquín Rubio Camín en el paseo de Begoña y también con una placa en el café Dindurra, un lugar imprescindible en sus periplos urbanos, pero sobre todo por sus atinados y afilados comentarios, por esos Till que aún forman parte de la memoria colectiva.

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