«Por algún motivo extraño, en este país todo lo artístico es una amenaza»

Adriana Ozores es una de las protagonistas de 'La cantante calva'. / LOBO ALTUNA
Adriana Ozores es una de las protagonistas de 'La cantante calva'. / LOBO ALTUNA
Adriana Ozores, actriz

«Nos hemos dejado adormecer y es casi imposible luchar contra tantos somníferos», dice la intéprete, que el sábado está en Avilés con 'La cantante calva'

M. F. ANTUÑA GIJÓN.

Adriana Ozores (Madrid, 1959) llega el sábado al Niemeyer -con las localidades agotadas- para dar vida a 'La cantante calva', teatro del absurdo con el sello de Eugène Ionesco. La acompañan en el viaje Fernando Tejero, Joaquín Climent, Carmen Ruiz, Javier Pereira y Helena Lanza, todos ellos bajo la dirección de Luis Luque.

-¿Qué tiene este santo para que tanto lo bendigan?

-Eso nos preguntamos todos los que lo hacemos y los que se sientan en el patio de butacas. Es un misterio cómo es posible que llevemos tanto trabajo detrás, estudiando, ensayando, investigando y hay veces que le digo a Luis Luque 'es que no sé por dónde voy'. Es muy difícil trabajar con ese vacío tras la máscara de los personajes. No te puedes agarrar al pasado, al futuro, es algo más abstracto.

-¿Qué le enseña como actriz?

-Tiene algo de tirarse a la piscina. Te preguntas cómo es posible que el público se divierta tanto y nosotros como actores, también, con algo tan inaprensible, no hay manera de pillarlo. Luis Luque nos planteó la función como un juego, con la actitud de un niño. Es jodido y fascinante, una labor de orfebrebría finísima.

-¿Tirarse a la piscina es una necesidad en el teatro?

-En este y en cualquier trabajo artístico. Hay un compromiso con el arte que seguramente no todo el mundo entiende hoy, en que todo es mercantilista.

-¿Son malos tiempos para el arte comprometido?

-Son tiempos inconscientes, adormecidos. Nos hemos dejado adormecer y a veces es casi imposible luchar con tantos somníferos que te ponen para casi todo. Nuestra labor es despertarnos y despertar a otros, pero no ahora, esta es una labor de toda la vida. Evidentemente, el arte comprometido siempre ha sido subversivo, y por algún motivo extraño en este país es una amenaza todo lo artístico. Supongo que porque toca de una manera auténtica y al tiempo bella los problemas, las angustias, y eso es algo difícil de tragar para quienes no quieren que estemos despiertos.

-Dice su director que es como una niña en el escenario.

-La actitud del actor es la actiutd de un niño. Cuando a una niña la disfrazas de hada, ella es un hada, piensa que lo es y a mí me parece que es muy bueno tener esa herramienta cuando eres actor.

-Y unida a la experiencia, ¿combinación perfecta?

-Claro. Somos una multiplicidad de personitas en una sola, está la niña, la señora a la que le han pasado muchas cosas, y se compaginan todos esos aspectos.

-¿Los nervios se dominan?

-Los nervios se pueden llegar a domar, pero son importantes. Son un creador de adrenalina que es necesario, te permite estar en un nivel de atención especial. No hay que desecharlos ni demonizarlos, tener mariposas en el estómago te hace estar en alerta.

-¿Cuál es la actitud en escena?

-Me encantan las palabras de Carlos Hipólito cuando dice que lo más dificil de esta profesión es cada día hacerlo de verdad, no memorizar, sino estar honestamente, dar lo mejor.

-¿Y eso es muy difícil?

-Y tan dificil: hoy me duele la tripa, hoy llueve, llevo no sé cuántos meses haciendo esta obra... Hay que volver a esa actitud primaria de espontenidad y de presente, ese es el 'leitmotiv' de nuestro trabajo, vivir el presente, saltar al vacío.

-Teatro del absurdo, conversaciones desconcertantes e inconexas, incomunicación... ¿Mucha lectura actual tiene 'La cantante calva'?

-Esa es la virtud de un gran texto: no pasa el tiempo, no es localista. El absurdismo es muy clarificador, pero hay que entrar en el juego y no todo el público lo hace. Esta obra no se puede llevar a la cabeza, te tienes que entregar como un niño, luego entenderás otras cosas, pero a posteriori.

-¿Buenos tiempos para el teatro?

-Son tiempos en los que hace falta un mayor compromiso con el teatro con mayúsculas, el que está por encima del mercantilismo. No valorar la cultura es un mal endémico que arrastra España.

-¿Buenos tiempos para tele?

-Tiene un cierto riesgo la tele, se puede llegar a utilizar el arte como herramienta mercantil y hay que estar ojo avizor e intentar arrimar el ascua a la sardina de elevar lo artístico a la categoría que se merece. Esa es la lucha.

-¿Y qué diagnóstico haría sobre el cine?

-Es más difícil, el cine necesita más apoyo, hay que mimarlo mucho. No hay falta de ideas o de talento, hay falta de conciencia de que hay que respaldarlo más.

-¿En qué proyectos está trabajando?

-Retomo a la serie 'Velvet' y luego hay una película por ahí para la temporada que viene dirigida por Gracia Querejeta.

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