«Al mundo le falta la grandeza que produce dejarse iluminar por un pequeño poema»

Graciano García, en el ovetense Hotel de la Reconquista.
Graciano García, en el ovetense Hotel de la Reconquista. / ALEX PIÑA

Graciano García Director, emérito de la Fundación Princesa de Asturias, acaba de poner en los escaparates de las librerías su segundo volumen de poemas, que lleva por título 'Teresa'

ALBERTO PIQUERO OVIEDO.

Para tener un mínimo indicio de la temperatura social que envuelve a Graciano García (Aller, 1939), basta pasear brevemente a su lado por alguna calle ovetense. Salen a su encuentro saludos afectuosos cada dos pasos. Periodista de raza y desde hace varios años editor, quien tuviera en su cabeza a principios de los 80 el sueño convertido en realidad que forjó los Premios Príncipe de Asturias ahora ha puesto su sabiduría periodística y humana en versos.

- 'Teresa' es su segundo poemario, tras 'Una tierra, una patria, un alma'. ¿Cómo surgió o de dónde viene esta aproximación a la poesía?

-Ante todo, quiero decir lo que digo siempre, la verdad: yo no me considero un poeta. Soy lo que he querido ser desde muy joven: un periodista que antes escribía lo que veía y lo interpretaba y ahora escribo sobre lo que siento, lo que me conmueve. Mas de qué sirven nuestras vidas,/ si no enriquecen otras vidas. (José Hierro. Citado por el Príncipe en 2007).

-¿Es una lección de vida o una «humilde sugerencia», al modo en el que se dice en una de las líneas introductorias.

-No pretendo dar lecciones a nadie. Solo, como dice Luis María Anson en el generoso prólogo que ha dedicado al libro, desgranar consejos en el barco que nunca naufraga, con versos. Como decía Antonio Machado, «mis versos brotan de manantial sereno». Quiero contribuir a esa serenidad. Exactamente, el libro es una humilde sugerencia. Nunca me atrevería a dar lecciones de vida a nadie. Creo que cada uno de nosotros tiene que hacer su propio camino. La vida es quehacer, pero no es hacer cualquier cosa, sino hacer lo que hay que hacer.

-¿Qué poetas podrían considerarse inspiradores de las estrofas propias?

-No sabría decir exactamente si me he inspirado en alguien o no, aunque supongo que en mis versos hay posos de todas mis lecturas de poesía, recuerdos de la manera de decir de autores como Machado, o Pessoa, o Valente, Claudio Rodríguez, Leopardi, Whitman, Eliot. En fin, muchos autores que leo a menudo y que me proporcionan mucha felicidad.

-Escribe que vivimos «en este mundo tan escaso de amor». ¿La poesía es capaz de redención?

-Este mundo está escaso de amor, y además le faltan versos. Cada día al abrir el periódico, vemos que al mundo le hace falta esa grandeza que produce dejarse iluminar por un pequeño poema. Nada tan insignificante como la poesía, y a la vez nada tan importante. Creo que fue Federico García Lorca quien dijo que la poesía es una alerta a la sociedad. Y hay que estar despierto, porque sin conocimiento, sin ideas, sin libros, sin poesía, un día podemos descubrir que nos han robado la esperanza, es decir, todo. Como dijo Amos Oz, Premio Príncipe de Asturias de las Letras: «Si se deja de lado la poesía, triunfará el mal».

-La difusión del libro habrá concitado respuestas de lectores anónimos. ¿Podría indicarnos alguna que le haya resultado especialmente emotiva?

-He recibido no pocas opiniones y las agradezco todas con gratitud, asombro y emoción, porque no me cansaré de decir que yo no me considero un poeta, sino un periodista que cuenta lo que sucede. Por eso, quizá, me sorprende aún más que mis versos sean el origen de tantas reflexiones y de tantos halagos. Entre todos ellos, recuerdo, por ejemplo, el de un profesor mexicano que leyó el poema a sus cien alumnos, jóvenes de 19 a 21 años, y que me aseguraba que habían quedado fascinados. Algo parecido hicieron otros profesores en Asturias. Ahora recuerdo a un profesor del Instituto de Luarca. O aquella amiga que me dijo que le hubiese gustado poder disfrutar del poema cuando cumplió 18 años. O la opinión de Rosa Navarro Durán, catedrática de Literatura en la Universidad de Barcelona, que me dijo que Teresa es una epístola moral del siglo XXI, una guía para andar por el mundo. Me emociona y me sobrepasa.

-Suenan tambores inquietantes en Cataluña...

-Lo que está ocurriendo en Cataluña es gravísimo. Es un golpe de Estado en toda regla, mucho más peligroso que el de Tejero, dado por un grupo de iluminados vulnerando flagrantemente la Constitución y las leyes. Por cierto, una Constitución que votaron en su momento la inmensa mayoría de los catalanes. En la antigua Roma ya se decía que para ser libres hay que guardar la ley. Espero que esta preocupante situación encuentre una salida. Una nación, cuando está unida a una tierra y a un alma común por siglos de historia compartida, por la cultura y sentimientos, los vínculos y las relaciones de todo tipo, es indestructible. Y no olvidemos que el problema traspasa el ámbito de España para ser un problema de Europa, y esto es muy importante.

-¿Qué misión le corresponde al Rey en estas circunstancias?

-Estoy absolutamente convencido de que el Rey estará en su sitio. Es decir, en defensa de la Constitución con todas las consecuencias.

-Su opinión acerca del recorte del Ayuntamiento de Oviedo a los Premios Princesa de Asturias...

-A pesar de todo, el alcalde está en una actitud positiva de colaboración. Nunca ha escondido su reconocimiento a lo que significan los Premios para la ciudad.

-¿Qué papel deberían desempeñar los medios en estos momentos que amenazan tormentas de varios signos?

-La misión esencial del periodismo no ha cambiado ni debe cambiar nunca: es la de proporcionar a los ciudadanos información fiable de la realidad. El periodista debe ser un vigilante del poder, no para estar en contra de él de manera permanente, pero sí para guardar la distancia. Muchas veces sucede que la cantidad va en detrimento de la calidad y que, por tanto, más es menos, más información es estar peor informados. La cantidad excesiva de información genera intoxicación informativa. Sin una rigurosa cultura de investigación, de explicación, de contar bien las historias, de presionar al poder, de mantener la independencia, no hay periodismo. Este periodismo, ciertamente, es muy caro, pero hay algo más caro para la sociedad: no tenerlo. Los hombres no son si no son libres, que decía el verso de Salvador Espriu.

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