Carmen Solís se transforma en Butterfly

La mezzosoprano Marina Rodríguez-Cusi, caracterizada como Suzuki, en el primer acto de 'Madama Butterfly'.
La mezzosoprano Marina Rodríguez-Cusi, caracterizada como Suzuki, en el primer acto de 'Madama Butterfly'. / AURELIO FLÓREZ
  • La Ópera de Oviedo prolonga su temporada en Gijón con 'Madama Butterfly', ovacionada ayer por un público que llenó el patio de butacas

  • La soprano extremeña fue la gran triunfadora de la noche en la representación de la obra de Puccini

Ayer se representó en Gijón, con gran éxito de público y artístico, la popular ópera de Puccini 'Madama Butterfly', en una producción del Teatro de Magdeburgo. Por los acuerdos entre la Fundación Ópera de Oviedo y el Teatro Jovellanos, esta Butterfly estuvo interpretada por el mismo elenco que el pasado 21 de Noviembre, dentro de la función 'viernes de ópera' u ópera joven, actuó en el Campoamor. Éxito reverdecido para una original y delicada puesta en escena concebida por Olivia Fuchs, y en la que volvió a destacar y a afianzarse la calidad vocal de Carmen Solís, Marina Rodríguez-Cusi, Eduardo Aladrén, Manuel Lanza y Jorge Rodríguez- Norton, en todo momento arropados por una vibrante Oviedo Filarmonía bajo la dirección de José María Moreno. Entre las representaciones de esta ópera que se han visto en Gijón en los últimos ñao, fue la mejor con diferencia. 'Madama Butterfly', para Puccini su ópera más sincera y expresiva, contiene dos planos dramáticos. Por una parte, el de la tragedia intimista, delicada y de una grandiosa dignidad que vive la muchacha japonesa Cio- Cio San y, por otra, la tragedia social y el enfrentamiento entre Oriente y Occidente, la tradición y el progreso. El conflicto entre el imperialismo occidental con las costumbres de un país se simboliza y universaliza en las relaciones entre Butterfly y Pinkerton.

La concepción escénica de Olivia Fuchs traslada la acción a los años inmediatamente posteriores a la Segunda Guerra Mundial, en el paisaje seco y postatómico de Nagasaki. La escena posee rasgos minimalistas como formas geométricas puras, que reducen la escena a sus líneas esenciales, entremezclados con elementos conceptuales -bandera americana, barco del niño, frigorífico- y otros rasgos que evocan los diseños en papel del arte japonés. Fondos generalmente neutros sobre los que se proyecta un variado cromatismo de carácter simbólico y en los que se encuadra, en momentos cruciales, un tipo de danza moderna japonesa, llamada Butoh que posee cierto carácter ritual.

Musicalmente, Butterfly posee una orquestación rica en timbres, incluyendo incluso, dentro de una concepción sinfónica muy occidental, el color local del gong japonés y otros instrumentos de percusión. Los instrumentos están insertados en el tejido vocal, formando la orquesta Oviedo Filarmonía un todo único con las voces, bien coordinados bajo la dirección de José María Moreno. A veces, las dinámicas fueron excesivas, especialmente en el primer acto, lo que forzaba un poco a las voces. Pero en general, Moreno concibe la obra con viveza, con una sonoridad muy tensa y con una gran capacidad para destacar los numerosos leitmotivs que recorren la obra. Coralmente escuchamos dos páginas exquisitas, la llegada de Butterfly, en el primer acto, y el 'Coro a bocca chiussa', uno de los momentos más sutiles de la obra.

De los protagonistas, Eduardo Aladrén encarnó con veracidad a un Pinkerton de cierta complejidad, huyendo del estereotipo plano. Por ejemplo en dúo de amor, del primer acto, no es solo la expresión de un hombre caprichoso, sino también sensual y enamorado, y en el aria final, Aladrén recrea ese sentimiento de nostalgia mezclado con el arrepentimiento que le llevará a la desesperación. Carmen Solís, desbordante, representó a una conmovedora Butterfly, dulce pero también con fuerza dramática y, sobre todo musical. Su voz está muy bien timbrada y dotada de una buena fortaleza en el registro agudo. Destacó especialmente en el segundo y tercer acto, donde da al personaje todo su perfil trágico. Fue la gran triunfadora de la noche y el público rompió ya en aplausos tras su interpretación del aria 'Un bel vi vedremo'. También destacó la mezzo Marina Rodríguez-Cusi, que hizo una excelente Suzuki, de una gran sutileza, especialmente en el dúo de las flores y en el trío del tercer acto con Pinkerton y Sharpless.

El veterano Manuel Lanza, que había representado a Sharpless en Oviedo en las funciones de abono, más que representar crea al personaje, con aspectos expresivos que le erigen como la conciencia moral de la obra. Finalmente, Jorge Rodríguez- Norton hizo un buen Gorko de gran firmeza y fuerza vocal. Al finalizar, casi diez minutos de aplausos como recompensa.