El Comercio

En el corazón del flamenco

Sara Baras, junto a uno de los bailaores de su compañía, ayer, en plena actuación en el Jovellanos.
Sara Baras, junto a uno de los bailaores de su compañía, ayer, en plena actuación en el Jovellanos. / MIGUEL DEL CANO
  • La bailaora presentó su espectáculo 'Voces', homenaje a Paco de Lucía, Gades, Camarón, Moraíto, Morente y Carmen Amaya

  • Sara Baras recibió una ovación interminable en el Jovellanos, donde hoy repite

El estreno mundial aconteció el pasado 22 de diciembre en el parisino Théatre des Champs. Y después ha ido repitiendo éxitos en México o Nueva York y por diversas ciudades españolas, aclamado por crítica y público. Ayer, 'Voces', que ese es el espectáculo firmado por Sara Baras (San Fernando, Cádiz, 1971), llegó de su mano al teatro Jovellanos, pues suya es la dirección, la coreografía y el epicentro del baile, donde también la acompañaron su pareja en la vida, José Serrano, como artista invitado, un cuerpo de baile que es casi como una prolongación del espíritu de Sara Baras y el abanico sonoro de las guitarras y la percusión, dirigido por Keko Baldomero, también autor de la composición musical que ilustró este homenaje a seis de las figuras más relevantes de la historia del flamenco, adentrándose en el corazón del género.

Como declaraba en una entrevista a EL COMERCIO, Sara Baras recibió la noticia del fallecimiento de Paco de Lucía estando de gira artística en Londres, y la conmoción fue tanta que apenas supo ocupar el escenario. Allí mismo germinó la idea de un homenaje que con infinito respeto quiso dedicarle, sumándole después las voces y los ecos de Camarón de la Isla, Antonio Gades, Enrique Morente, Moraíto y Carmen Amaya. Todos ellos estuvieron presentes en el teatro, dibujados sobre paneles y por medio de sus voces grabadas, originando el impulso de una danza urdida entre la pasión, la devoción y la comunión con sus pares, cambiando de palo flamenco en cada motivo, pero perfilando en conjunto un tributo excelso a quienes la han guiado de un modo u otro por su propio sendero flamenco, colmado de verdad, yendo del arrebato a la caricia de la tarima, explorando sentimientos y profundísimo sentido.

Alguna vez ha dicho que no importa tanto el conocimiento del experto que sabe de soleás o seguidillas, como la sabiduría que surge de la emoción y se expresa con ancha libertad. En su caso, se congregaron las dos vertientes del arte flamenco, ofreciendo una velada en la que cupo su indiscutible maestría junto al latido de un corazón rebosante. El público que llenó el aforo le devolvió la entrega con una ovación interminable. Tanto que la artista se vio obligada a ofrecer un bis y a agradecer de rodillas al público su entrega. Aprovechó también el final del concierto para sumar a su homenaje a otro grande del flamenco: Manuel Montoya, de Lole y Manuel, fallecido el pasado martes.