El Comercio

Un stripper en el Campoamor

Ángel Palacios, en el Teatro Campoamor.
Ángel Palacios, en el Teatro Campoamor. / PABLO LORENZANA
  • Ángel Palacios, estudiante de la ESAD, interpreta a un seductor dios Baco en 'Fausto'

  • En una cubitera, con una corona de espinas y con unos calzoncillos dorados, pondrá color a la escena de la orgía de la ópera que se estrena el domingo en Oviedo

No habrá desnudo integral. Ni siquiera un streptease propiamente dicho. Pero a Ángel Palacios (Madrid, 1996) ya le persigue el término de 'stripper'. Y es que este joven de 19 años, estudiante de tercer curso en la Escuela Superior de Arte Dramático de Asturias (ESAD), en Gijón, será el protagonista máximo de la orgía de 'Fausto', la ópera que el domingo se estrena en el Teatro Campoamor de Oviedo con dirección de escena de Curro Carreres y que promete sorpresas visuales de nivelón. Una de ellas, la que protagonizará Ángel, más bien un demonio de calzoncillos dorados que bailará con garbo en una cubitera y adornando su testa con una corona de espinas. Y él, que nunca antes había ejercido papel similar -al menos, en público-, feliz y contento. «Esto es un juego, soy actor, tengo que hacer lo que me toca, hay que estar en todo».

Y como Curro Carreres ya le conocía porque formó parte de la figuración dos años atrás de 'Sansón y Dalila', puso sus ojos en él y le invitó a desvestirse en el escenario. Con la ayuda del coreógrafo y no sin antes dejarse orientar por los vídeos de Youtube, Ángel fue componiendo sus siete minutos de protagonismo sobre las tablas del Campoamor. Que también podrían ser de polémica por aquello de que la transgresión a veces se recibe con pateos en el patio de butacas. «Esto es arte, yo respeto todas las opiniones», dice sin miedo al qué dirán. «Entre otras cosas, porque, en realidad, yo al Campoamor ya le he enseñado todo lo que tenía que enseñarle», bromea. Bromea pero no miente. El pasado año, en el montaje de 'El duque de Alba', también trabajó como figurante y entonces él -y los demás- sí que lucieron cuerpos serranos y completamente desnudos. «Fue duro, cuarenta minutos en el escenario inmóvil», rememora. Lo de esta vez será más fácil. Es bailar, es convertirse en una suerte de gogó y lucir el palmito que ya tiene de serie y que alimenta con el gimnasio y el deporte. «Me estoy cuidando más, que acaba de terminar el verano y a mí me gustan mucho los cachopos», confiesa.

Lo cierto es que está encantado con el protagonismo de su dios del vino en la producción de la Ópera de Oviedo, aunque por ello se haya convertido en objetivo de bromitas varias. «Con lo vergonzoso que yo soy», dice en risas este joven madrileño que reside en Asturias desde hace diez años. Sus padres vivían en Fuenlabrada, en unas vacaciones en Asturias se enamoraron de la tierra y decidieron dar un vuelco vital. Se vinieron a vivir a Cogollo, en Las Regueras. «Imagínate, para mí fue muy duro, pero ahora estoy encantado». Ya es un asturiano más que ahora vive sus días en Gijón en un piso de estudiantes mientras continúa su formación como actor. Dice que lo suyo es el cine, que lo que más le atrae es la pantalla grande, pero tiene todas las puertas del arte abiertas de par en par. También las de la ópera. Le gusta cada vez más y no descarta realizar en el futuro estudios de canto.