El Comercio

'Fausto' seducido por Chanel

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El principio del segundo acto, la 'Kermesse'. En la escenografía ideada por Curro Carreres se enmarca en el mundo de la moda contemporánea. / ÓPERA DE OVIEDO

  • División de opiniones en el estreno de la ópera de Gounod en el Campoamor

  • La realización musical recibió ovaciones, pero una parte del público pateó la escena

La eterna juventud, la corrupción de la inocencia y la fuerza redentora del amor son los temas centrales de 'Fausto', el drama lírico representado ayer en el Campoamor en el estreno del segundo título de la temporada de la Ópera de Oviedo, que cosechó división de opiniones. Y, así, mientras que la realización musical recibió ovaciones, especialmente las voces, la escena fue muy cuestionada y saludada con pateos por una parte del público.

Hacía diecisiete años que esta ópera de Gounod que tuvo en el teatro ovetense excelentes valedores como Kraus, Freni, Aragall o Ruggero Raimondi no subía al escenario del coliseo ovetense. Teatro abarrotado por un público expectante tanto por la belleza musical de la obra como por las anunciadas novedades escénicas de esta coproducción de la Ópera de Oviedo y la Ópera de Tenerife.

Del director de escena Curro Carreres habíamos visto en pasadas temporadas a un 'Don Pasquale' embarcado en un trasatlántico y a un 'Sansón' imbuido del espíritu galáctico de George Lucas.

El 'Fausto' por él ideado también se traslada en el tiempo respecto al libreto original (el siglo XVI) para enmarcarse en el mundo de la moda contemporánea. De hecho, el personaje de Mefistófeles usa los mismos guantes, la misma corbata, la misma levita y las mismas gafas y tiene en la cabeza los mismos pájaros locos que Karl Lagerfeld, el diseñador de alta costura emblema de Chanel.

Sin embargo, la estética de este 'Fausto' se inspira en el 'arte povera', por el empleo de materiales pobres como el papel, las estructuras metálicas o los fluorescentes. E incluso hace una referencia a la 'Venus de los trapos' de Pistoletto. Pero -independientemente de orgías y strepteases que a pocos ya escandalizan- hubo algunas incoherencias que hicieron confusos la proyección cristiana y otros elementos de la acción. Sin embargo, a su favor, Carreres creó tensión en escenas que, tradicionalmente, se acortan. Por ejemplo, la del 'Dies irae' y la de la noche de Walpurgis. Y, al final, parte del público pateó su labor pese a que tenía aspectos ingeniosos y salvables.

En cuanto a Álvaro Albiach, es un director bien conocido por los músicos de Oviedo Filarmonía, a la que dirigió en 'El Barbero de Sevilla' o 'Don Giovanni'. Una de las dificultades musicales de 'Fausto' es el equilibrio, muy francés, entre una densidad orquestal romántica y las sutilezas individuales y camerísticas de algunos pasajes, bien resueltos en la representación de ayer. Albiach llevó la obra con un gran relieve de dinámicas y tiempos generalmente un poco lentos, pero también con garra e incluso frenesí, como en la escena del vals o la citada noche de Walpurgis. Muy notable el violín solista y, en general, toda la orquesta.

Y, si el pasado septiembre aplaudimos la interpretación del Coro de la Ópera de Oviedo en 'Mazepa', el anterior título de la temporada y que supuso el debut de Elena Mitrevska como su directora, con 'Fausto' confirmamos el buen momento que vive la formación coral. Se trata de un coro muy rico en dinámicas, que se mueve muy bien en el escenario y que sorprendió, sobre todo, por sus efectos estereofónicos, ya que, en algunas escenas, varios de sus integrantes se situaron en la última fila del anfiteatro, lo cual creaba un efecto envolvente.

La inventiva melódica de Gounod se proyecta en todas las escenas y en todos los cantantes de 'Fausto', incluso en los que tienen un papel secundario en la trama.

La mezzo asturiana María José Suárez, en el papel de Marta, la vecina de Margarita y en connivencia con Mefistófeles, siempre segura y muy equilibrada en su intervención en el cuarteto del jardín.

Voces con proyección

Pablo Ruiz, a pesar de su breve rol de Wagner, el alumno de Fausto, muestra una voz abaritonada de buena calidad. El joven tiene futuro. Y delicadísima la mezzo Lydia Vinyes en el rol Siebel, el adolescente enamorado de Margarita interpretado tradicionalmente por una mujer. Aunque, paradójicamente, en una de las escenas del tercer acto, vestía faldas, lo cual sugiere una referencia al lesbianismo que no está en la obra original. Bellísima voz, especialmente en su canción del cuarto acto.

Valentín, hermano de Margarita, se caracteriza por una rústica nobleza que lo diferencia de los otros personajes. Y el barítono Borja Quiza interpreta un Valentín de gran autenticidad dramática y una vocalidad excepcional a pesar de que le perjudica mucho la escena (el primer aria lo canta encerrado en un probador y tiene que batirse en una silla de ruedas). Pese a eso, su voz y su porte dramático son, indudablemente, también los de un barítono con un gran porvenir. Muy aplaudido.

Mark S. Doss recrea un Mefistófeles de gran relieve. Cínico, seguro, manipulador y con una excelente voz de bajo, que sabe modular. Una voz que envuelve una risa sardónica muy propia del diablo. También muy aplaudido. Quizá el que más. Y es que este papel que le va como anillo al dedo a Mark S. Doss.

La dualidad entre la ambición de una eterna juventud y el amor sincero de 'Fausto' se dibuja con un buen lirismo en la interpretación del tenor Stefan Pop. Un poco comedido en los registros medios y con agudos potentes, pero siempre dentro de una cierta reserva como actor y como cantante. Ligeramente frío.

Finalmente, Maite Alberola presentó una Margarita dúctil en el aspecto dramático, segura en el musical. Fundamentalmente, es una Margarita de gran sensibilidad interpretativa, una voz muy bella, aunque llega un poco justa a los pasajes más ornamentales, en los que hay una leve carencia de brillo. Sin embargo, su fuerte es la capacidad de conmover con su personaje.

En suma, el público salió muy satisfecho con los aspectos musicales y más desencantado con algunos excesos de una escena que no estaba, en principio, mal planteada, pero que, en muchas ocasiones, no coincidía en absoluto con lo que pasaba sobre las tablas del Campoamor.