El Comercio

«A cantar se aprende cantando»

Sentado, Pablo Ruiz y a su lado, María José Suárez. A la izquierda, de pie, Borja Quiza junto a Lidia Vinyes, Alejandro del Cerro y Miren Urbieta-Vega.
Sentado, Pablo Ruiz y a su lado, María José Suárez. A la izquierda, de pie, Borja Quiza junto a Lidia Vinyes, Alejandro del Cerro y Miren Urbieta-Vega. / PABLO LORENZANA
  • El Campoamor recibe mañana al segundo reparto de 'Fausto', con las entradas más caras a 70 euros

Hace ocho años Borja Quiza debutaba en Oviedo el papel de Fígaro en el segundo reparto de 'El barbero de Sevilla'. Hoy anota en su currículo más de cuarenta representaciones de la ópera de Rossini. Este barítono gallego sabe en carne propia lo que significa la oportunidad de formar parte de un segundo elenco, de debutar un papel grande en un escenario tan enorme como el Campoamor. Sabe que es una puerta abierta, un aprendizaje impagable, una ocasión para hacerse oír. Ocho años después ha vuelto a Oviedo para debutar el papel de Valentín en 'Fausto'. El domingo y el martes salió a escena, como hará también hoy y el sábado junto al elenco principal, y mañana lo hará acompañando a Alejandro del Cerro y Miren Urbieta-Vega, que por vez primera serán Fausto y Margarita. «Uno puede estudiar muchísimo en una sala de ocho metros cuadrados, pero nosotros trabajamos para cantar en un auditorio de entre mil y mil quinientas butacas. A cantar se aprende cantando. Si no nos dan oportunidades es imposible forjar una cantera de figuras de la lírica», concluye el barítono.

Hay unanimidad entre todos los cantantes en lo crucial que resulta para las carreras de los jóvenes intérpretes que se les dé la oportunidad de debutar roles protagónicos en un segundo cast. «Debutar un papel como este es casi imposible para un cantante joven, Fausto es un obrón, es complicado que te den una oportunidad así», explica Alejandro del Cerro, que revela que no es práctica común en todos los teatros de ópera abrir las puertas a este tipo de iniciativas. «En cierto modo es normal que la gente quiera escuchar a cantantes conocidos, con mucha carrera, pero los jóvenes tenemos que tener nuestro hueco y la ópera de Oviedo nos lo da con este segundo reparto», subraya.

Miren Urbieta-Vega, a la sazón Margarita, no puede estar más de acuerdo. «Van pasando los años y si no has hecho nada no te van a llamar, este trabajo es como todos, te piden experiencia, por eso este tipo de iniciativas son imprescindibles para demostrar que podemos hacerlo». Ellos saben que pueden. Llevan meses preparándose para debutar sus papeles. «Un personaje como Fausto es muy complejo, es una obra muy larga, y vocalmente exige mucho. Hay que preparalo a conciencia». Con profesores, con pianistas, con un coach de francés, la lengua en la que se canta la composición de Charles François Gounod con libreto de Jules Barbier y Michel Carré. Aunque al final es fundamental que afronte ese mes de trabajo con el resto del equipo para llegar al final del proceso, para alumbrar el personaje y darle forma definitiva. «La labor del cantante muchas veces es muy solitaria y cuando vienes aquí corroboras si lo que haces es bueno, si funciona», explica Miren Urbieta-Vega. Ella asegura que es importante mirarse y aprender de los otros, y especialmente de quien da vida al mismo papel del primer reparto. «En un segundo cast se trata de adquirir experiencia en un rol protagónico, con lo cual siempre miramos al cast uno, porque es gente que tiene mucho más recorrido», reconoce.

Más debuts

El aprendizaje está en todos los ámbitos. Porque también quienes forman parte del primer reparto debutan papeles. Es el caso de Borja Quiza (Valentín), María José Suárez (Marta), Pablo Ruiz (Wagner) y Lidia Vinyes Curtis (Siebel). Ellos también tuvieron que preparar esos personajes que estos días cobran vida en las tablas del Campoamor para acompañar a Margarita y Fausto en su aventura. Y ellos, al margen de las edades, reivindican la cantera de la lírica española como la mejor que existe en estos momentos en todo el mundo. «Es un falso mito que existen mejores cantantes fuera. Aquí hay una cantera estupenda», señala Pablo Ruiz.

Pero es que estas funciones son también una manera de romper con ese halo de elitismo que siempre rodea al universo lírico. La asturiana María José Suárez lo tiene claro: «A mí lo que me parece súper importante es el público que viene, que puede acceder a comprarse una entrada», señala. La más cara cuesta 70 euros; la más barata, 11. «Que nadie venga con que es caro cuando se pagan un billete y una entrada para ver a Beyonce», bromea. Y es que subraya que, pese a que cambian los protagonistas -también Mefistófeles, que en esta función será Kenneth Kellogg-, «el espectáculo es el mismo el del viernes que el del sábado». Ella, que también reivindica el papel de los cantantes maduros, clama por el equilibrio en los repartos.

Claro que al margen de quiénes sean Margarita, Fausto y Mefistófeles, el público que hoy, mañana y el sábado se anime a ver las funciones de la ópera de Oviedo no debe olvidar lo importante del espectáculo: «Es un bombazo», revela Lidia Vinyes Curtis. Y lo es por una música brillante y por una escenografía que ha ganado aplausos y pateos. «Hay que transgredir», apunta la mezzosoprano que da vida a Siebel.