El Comercio

Un Príncipe austero que sonó en dos escenarios de Gijón

En el Jovellanos en abril de 1999.
En el Jovellanos en abril de 1999. / J. L. CEREIJIDO-EFE
  • Dylan no acudió en 2007 a Oviedo para recoger su premio de las Artes, pero sí dejó constancia de su talento en sendos conciertos en la plaza de toros y el Jovellanos

Su galardón asturiano no fue el de las letras. Bob Dylan, en el año 2007, se convirtió en Príncipe de las Artes. Las razones: «Mito viviente en la historia de la música popular y faro de una generación que tuvo el sueño de cambiar el mundo», dejó negro sobre blanco el jurado, que le definió como «austero en las formas y profundo en los mensajes» y capaz de conjugar la canción y la poesía y crear escuela. «Es fiel reflejo del espíritu de una época que busca respuestas en el viento para los deseos que habitan en el corazón de los seres humanos», añadieron quienes decidieron premiarle y que a buen seguro no esperaban que el músico estadounidense optara finalmente por no viajar a Oviedo para recoger de manos del entonces Príncipe Felipe su galardón.

Pero aunque no pisó el Campoamor, sí lo hizo en escenarios asturianos. En la plaza de toros y en el Teatro Jovellanos de Gijón sonó su música en los años 1993 y 1999. Lo hizo acompañado de bandas pequeñas, viajando a la esencia y huyendo de los efectismos. Pese a que nada tienen que ver un teatro cerrado con un escenario al aire libre como el de la plaza de toros, en ambas ocasiones el genio de Minnesota optó, parafraseando el jurado de las Artes, por ser austero, por interpretar sus clásicos en un ambiente tranquilo.

Su primera vez en Asturias fue un 8 de julio de 1993 y seis mil personas asistieron a su concierto. Quedaron huecos libres en el aforo de una plaza que vio cómo el músico se marcaba largas e improvisadas versiones de temas como 'All Allong the Watchtower', 'Mr. Tambourine Man' o 'Just Like a Woman'. Cuentan quienes le vieron que Dylan y los suyos dieron un concierto para ellos mismos, de puro disfrute, que se olvidaron del público y se centraron en gozar de la música. Nada de saludos, ni una concesión más allá de cantar y tocar. Sonó aquel día en los bises otro de sus clásicos, 'It Ain't me Babe'.

No fue en verano su segunda visita a Gijón sino en primavera y seis años después, el 10 de abril de 1999. Claro que entonces el recinto pudo albergar exclusivamente a los 1.200 afortunados que se sentaron para oírle. Hora y media duraron entonces las localidades para ver a un Dylan pelín más simpático, que incluso se permitió el lujo de sonreír. Cuatro músicos le arroparon en un escenario vacío que acogió un recital con dos partes bien diferenciadas, una acústica y otra eléctica. Volvieron a sonar 'All Along the Watchtower' y 'Mr. Tambourine Man' y también 'Just Like a Woman' y todo un himno como 'The Times they are a-Changin'.

Se esperaba que regresara a Asturias, que sus canciones volvieran a sonar, pero el nuevo Nobel de Literatura prefirió quedarse en casa en lugar de compartir escenario con quienes aquel año le acompañaron en el palmarés: 'Nature' y 'Science' (Comunicación y Humanidades), Ralf Dahrendorf (Ciencias Sociales), Peter Lawrence y Ginés Morata (Investigación Científica y Técnica), Michael Schumacher, (Deportes), Amos Oz (Letras), Al Gore (Cooperación Internacional), Yad Vashem, Museo de la Memoria del Holocausto de Jerusalén (Concordia).