El Comercio

La hechicería en cuatro cuerdas

Stanley Clarke, al contrabajo en el Jovellanos.
Stanley Clarke, al contrabajo en el Jovellanos. / PALOMA UCHA
  • El Festival de Jazz de Gijón acogió en el Jovellanos a una de las leyendas del bajo, el norteamericano Stanley Clarke

Los músicos que se ocupan de las cuatro cuerdas del bajo -en los últimos tiempos, pueden sumar alguna más con diferentes afinaciones- acostumbran a ser los más peculiares de los grupos en donde suena su instrumento. Gente rara, salvo acaso Paul McCartney, que incluso es sir. Stanley Clarke (Filadelfia, 1951), figura legendaria que comenzó a forjarse en bandas de rock y rythm&blues de su ciudad natal -pasando previamente por el acordeón, el cello y el violín-, derivó al jazz ya en Nueva York y ascendió al jazz fusión junto a otro artista mítico, Chick Corea, con quien formó 'Return to Forever'. Anoche demostró su digitación portentosa recorriendo el mástil durante la velada del Teatro Jovellanos, acompañado por Beka Gochiashville (de 21 años, al piano), Michael Mitchel (de 23, a la batería) y Cameron Graves («con 30 años es demasiado viejo», bromeó Clarke, a los teclados). Hay quien lo ha acusado de exhibicionista; sin embargo, lo que se pudo escuchar y ver en esta cita gijonesa, fue una sencilla exhibición, ajena a otras desinencias, alternando contrabajo -que en ocasiones era pura percusión- y bajo eléctrico -que parecía a veces guitarra solista-, pero siempre tocando de forma majestuosa. Todas las canciones -salvo la propina final, titulada 'Oh, oh', coreada por el respetable- fueron instrumentales, pero el protagonista de la noche era capaz de hacer hablar a sus instrumentos.

Un hechicero de las cuatro cuerdas, el señor Clarke, ovacionado por los 550 espectadores que buscaron el abrigo del Festival Jazz Gijón para guarecerse de la tarde de otoño.