El Comercio

Mozart triunfa en su visita al cabaret

La orquesta, en escena en vez de en el foso, para el 'Così fan tutte'. En el centro, Umberto Chiummo, que interpreta a Don Alfonso.
La orquesta, en escena en vez de en el foso, para el 'Così fan tutte'. En el centro, Umberto Chiummo, que interpreta a Don Alfonso. / FOTOS ÓPERA DE OVIEDO
  • Carmela Remigio, como Fiordiligi, fue muy aplaudida en sus dos arias, en una obra que gustó y logró enamorar al público del Teatro Campoamor

«¡Mozart en el night-club!», comenta un vecino de butaca. Efectivamente, ese fue el lugar en el que se ubicaron los personajes de 'Così fan tutte', la tercera y última ópera fruto de la colaboración entre el compositor salzburgués y el libretista Lorenzo Da Ponte, representada ayer en el Campoamor. Los atardeceres napolitanos y jardines neoclásicos del libreto original dieron paso, en esta nueva producción de la Ópera de Oviedo, al mundo sofisticado, alegre y despreocupado de las noches de París. El público aplaudió, se divirtió, se rió y se emocionó. Gustó Mozart.

A los juegos de pareja que se presentan en 'Così fan tutte', el director de escena Antón Rechi le añade otro juego escénico, vagamente relacionado con el teatro dentro del teatro o, con mayor precisión, el Cabaret Sauvage, de París, dentro del escenario del Teatro Campoamor. Efectivamente, la escena en la que se representa la ópera es el famoso cabaré y sala de conciertos parisino, con su peculiar carpa circular a la manera de un tiovivo, cubierta por un rojo tinto. Intencionadamente hay algo de revista, de 'vaudeville', en esta concepción escénica de Rechi. La representación, ágil, con una iluminación nocturna y con la orquesta en el centro de la escena, fue muy acertada. También es peculiar la movilidad que ofrece el escenario en determinados momentos, creando una sensación de dinamismo muy interesante. Sin extravagancias, con cierto sentido de la innovación -incluyó algunos trucos de magia-, y recreando cierta ambigüedad al final, el director de escena triunfó en este primer contacto con el Campoamor.

Corrado Rovaris -al frente de la orquesta- es un habitual en las temporadas de Oviedo, al que recordamos con la Orquesta del Príncipado de Asturias (OSPA) en óperas como 'Don Carlo' o 'Peter Grimes', entre otras. Indudablemente, el roce hace el cariño, y en este caso, la complicidad de la orquesta con Rovaris es evidente. Tiene una tendencia muy característica a contener, incluso retrasar un poco los movimientos, cuidar las dinámicas para que nunca se tape a la voz, proyectando un fraseo melódico estilísticamente muy mozartiano. Con esta orquesta, un poco más reducida, dio mucho juego el acompañamiento del clave -también en un ángulo de la escena- a cargo de Husan Park.

Aunque 'Così fan tutte' sea una obra coral por el protagonismo compartido de los seis personajes, el coro propiamente dicho tiene una presencia casi anecdótica en el himno 'Bella vita militar' y 'Benedetti i doppi connuigi' (benditos sean los conyuges). Su actuación fue muy correcta, muy bien empastados y afinados, con una presencia escénica muy veraz.

De los protagonistas, Umberto Chiummo, factótum del enredo y trasunto de Da Ponte interpretó a un Don Alfonso cínico y seguro, salvo cierta vacilación en el inicio del terceto 'Suave sea el viento'. Todos somos humanos. Es el hombre que mueve los hilos de la tramay actúa con desenvoltura y corrección vocal.

Isabella Gaudí recreó una Despina con una buena vocalidad musical y cierta comicidad. Fue muy aplaudida en sus dos canciones y estuvo muy simpática en las escenas que hace de notario y médico. Interpretó con credibilidad este papel bufo.

Hablemos de ellos. Joan Martín-Royo, al que ya escuchamos en el Campoamor en 'La flauta mágica' y 'Las bodas de Figaro', interpretó un Guglielmo sólido, muy convincente. A este barítono, aún muy joven, se le está ensanchando la voz. Una prueba es el Guglielmo que nos ofreció ayer. El tenor americano Alek Shrader fue un Ferrando bastante lírico, con algunos momentos de cierta intensidad, como el aria 'Un aura amorosa'. Tiene un timbre bello, pero un poco forzado, perdiendo la homogeneidad en los agudos.

Pero sin duda, las grandes triunfadoras, teniendo en cuenta que todos estuvieron bien, fueron las dos 'infieles' de la noche. Paola Gardina, muy simpática y pizpireta, dibuja muy bien el papel de Dorabella. Con esa carga de coquetería que le imprime y una voz de mezzosoprano bellísima y muy bien matizada, se llevó grandes aplausos. Finalmente, Carmela Remigio como Fiordeligi, fue la mejor intérprete de la velada. El aria 'Come scoglio', con sus saltos entre el grave y el agudo, endiablados, provocaron varios 'bravos' en el público. Nos ofreció un personaje sentimental, enamorado y emotivo. Sin duda, una gran actuación, digna de destacar.

Durante algún tiempo se había dicho que Mozart no acababa de gustar en Oviedo. La experiencia reciente que tenemos indica lo contrario. Y a esa grata memoria mozartiana se une esta representación, sugerente, ágil, movida de 'Così fan tutte'. Una producción propia aplaudida con entusiasmo, no solo por cortesía.