El Comercio

Barbara Hendricks estará el próximo mes en el Jovellanos.
Barbara Hendricks estará el próximo mes en el Jovellanos. / EFE

«Soy europea por decisión y convicción»

  • La cantante estadounidense vuelve a Gijón el próximo 16 de diciembre, en esta ocasión para mostrar una de sus facetas menos habituales: el gospel

  • Bárbara Hendricks Soprano

Barbara Hendricks vuelve a Gijón. Será el próximo 16 de diciembre en el Teatro Jovellanos (30 y 35 euros) y no será con nada de Mozart, ni de Schubert, ni de Strauss: será gospel, blues y espirituales. La soprano estadounidense, nacionalizada sueca, Premio Príncipe de Asturias de las Artes en 2000 y activista por los derechos de los refugiados, es así de imprevisible. Polifacética y poliédrica, cumple ahora 68 años, con una vitalidad todoterreno («busca y difunde la luz», aconseja) y una carrera enorme a sus espaldas.

Viene a España con una gira de gospel y espirituales. Con su trayectoria clásica, ¿cómo ha llegado a este repertorio?

Esta música viene de África, y ha dado lugar a lo que hoy es el pop. El gospel, el blues, todo eso es lo que yo cantaba cuando era joven aunque estuviese estudiando canto. Además, igual que es impriscendible como músico conocer a Bach (aunque no lo toques), es imprescindible conocer el blues, aunque no lo toques... Por último, esta música es el soporte de los movimientos por los derechos civiles. Con todo lo que está ocurriendo hoy en día, no está de más reivindicarlos...

Viniendo de la clásica, ¿cómo es configurar su repertorio y su gira y, entiéndame, no hacer «lo que diga el maestro»?

También he hecho trabajos orquestales y recitales además de ópera, y siempre he tomado mis propias decisiones. Nunca he hecho lo que decía un maestro o un pianista, sino lo que me pedía el cuerpo y aquello con lo que conectaba. Nosotros solemos cantar para gente que no habla el mismo idioma (en alemán en Francia, en inglés en España...), así que tienes que establecer una relación muy personal con tu música para que el público pueda percibirla y sentirla también: creo que eso es lo que ofrezco, y por eso siempre he decidido qué hacer, en función de esa relación.

Viene solo con teclados y guitarra. ¿Cómo va a plantear el repertorio de una forma tan desnuda?

Me encanta la música de cámara, porque crea una gran intimidad. Podría llevar más instrumentos, un coro, etcétera, pero además del coste (que es prohibitivo), está el hecho de eliminar todas las barreras y conectar con el público. Estoy acostumbrada a eso, y me gusta.

Precisamente, en España, parece que nos hemos apropiado y hemos abrazado una cultura (la estadounidense), de donde proviene esta música, a pesar de que muchísima gente no habla siquiera inglés... ¿Cómo lo percibe?

He ido a España muchas veces. Sois gente muy abierta y sois gente muy musical. Y si la música es buena, la cosa funciona: por eso me apetece. Sé que el momento es difícil, sobre todo desde que estalló la crisis. Los presupuestos no son los mismos y las condiciones no se parecen en nada a los buenos tiempos, cuando también estuve allí. Pero sigo acudiendo encantada. Supongo que es lo que haces por un buen amigo cuando no le va tan bien, ¿no?

Tengo que preguntarle por el 'hombre naranja', por la crisis de refugiados, por el mundo.

El 'hombre naranja' es un misterio para mí, pero soy muy dada a ver el vaso medio lleno. En todo hay oportunidad. El caso es que yo soy una europea convencida, nacionalizada y por elección. Por una sencilla razón: es la única unión de la Tierra que está basada en la diginidad de los Derechos Humanos. Es una unión joven e imperfecta, pero que está basada en el principio de la paz y no de la guerra. Eso es único. Así, es posible que la elección de Trump nos obligue a estar más alerta y a mantener los ojos más abiertos con Siria de lo que los hemos tenido hasta ahora (quizás no hayan muerto suficientes para hablar de ello...).

¡Qué mensaje positivo! No se escuchan muchos así, últimamente.

Está en mi naturaleza. Aunque el día de las elecciones no estaba de tan buen humor (ríe). No tenemos tiempo de discutir sobre quién tiene la culpa y quién tiene razón: hay que actuar ahora. Tenéis que hacerlo vosotros que sois jóvenes, porque nosotros ya no vamos a estar ahí para hacerlo. Luchad por vuestro futuro. Es vuestra responsabilidad.