El Comercio

Danny Daniel, profeta en el Jovellanos

fotogalería

Danny Daniel, sobre el escenario, durante su esperado recital en el Jovellanos. / FOTOS: DAMIÁN ARIENZA

  • Emocionado y ofreciendo un gran concierto, el público le arropó en todo momento, aunque detuvo el 'Nessum dorma' y pidió disculpas por no poder llegar a las notas altas

  • El cantante gijonés de éxito mundial cumplió su sueño de sentir la gloria entre los suyos

Con todo el camino que lleva recorrido Danny Daniel (Gijón, 1942) desde que una vez se marchó de su geografía asturiana sin ningún destino seguro, para acabar triunfando en todo el mundo, es más que probable que su gran día fuera el de ayer en el Teatro Jovellanos. Todos cuantos le conocen saben que si alguna asignatura le quedaba pendiente en su exitoso trayecto profesional era el de ser más que profeta en su tierra -que sin duda ya lo ha sido desde las canciones que le alzaron a la gloria en la década de los 70 en todas las latitudes-, profeta en su ciudad y más exactamente en el Teatro Jovellanos. Ese era su anhelo vehemente y su sueño. Así lo ha confesado siempre y en recientes declaraciones a EL COMERCIO. Sueño cumplido. La televisiva Carmen Lomana, amiga personal del protagonista, le presentó ante el público, evocando sus vacaciones en Celorio, donde se conocieron.

Hechas las presentaciones, él llegó dispuesto a brindar un espectáculo vibrante, a dar noticia de la espléndida tesitura que conserva su voz, a entregarse en cuerpo y alma. El cuerpo, desde luego, no pareció el de un septuagenario, sino el del atleta que hubo de abandonar el fútbol por una lesión cuando emprendió camino hacia el horizonte artístico, delgadísimo y fibroso. El alma le salió por la afinadísima y poderosa garganta en cada canción. La velada estuvo atravesada de profundos sentimientos. 'La voz de mi alma' es el título de su último disco. Aquí se hizo patente. La emoción se le adivinaba en el rostro y en la entonación de cada sílaba. Entre el público, además, su hija Daniela, que nunca le había visto actuar en España, y su mujer, Lissy, por si le faltaban ingredientes a la temperatura incandescente con la que le rodeó un aforo completo. Entre los nombres destacables, el de la alcaldesa de la ciudad, Carmen Moriyón, el senador Vicente Álvarez Areces o los exfutbolistas Maceda y Uría.

Se envolvió Danny Daniel para empezar, tras saludar llevándose el puño al corazón, en aquellos años 70, con la delicada 'Nunca supe la verdad': «Tú, buscando versos cada día/ yo con mi guitarra sin tocar...», siguiendo por esos calendarios y cadencias en 'Dieciséis años', 'Viento del otoño', 'Sé que me engañaste un día', 'Decir te quiero', 'Por el amor de una mujer' u otro de sus éxitos iniciales, 'Niña, no te pintes tanto'. Al poco de empezar, se dirigió al público: «No podéis imaginar lo que significa este día para mí».

El ambiente estaba conquistado. Pero Danny Daniel es inconformista por naturaleza. Y elevó varios grados más el termómetro, solemne y casi podría decirse que apabullante en la versión que realizó de la composición de Lucio Dalla 'Caruso', de la que realizó una buena version arropado exclusivamente por el piano.

Descenso a los valles para no sufrir vértigo, al remanso de 'Tu amor fue diferente', 'Crees que canto por ti' o 'De ti mujer yo siempre me he quejado', enhebrados a continuación por la popular 'Amapola'. Y a pesar de que no estaba seguro de poder llegar a hacerlo, se arriesgó a ofrecer a los espectadores el aria pucciniana de 'Turandot', el famoso 'Nessum dorma'. No pudo ser. Al no llegar a las notas más agudas, interrumpió la interpretación y pidió disculpas después de explicar que, «aunque sabía que podría pasar esto, quise intentarlo», explicación que fue premiada con una ovación por parte del respetable. Basta decir que, salvo en ese error puntual, su versión estuvo a la altura de una pieza tan hermosa como exigente, volviendo a respaldarse exclusivamente en el piano.

Quedaba todavía un tercio de costuras exquisitas, comenzado a los compases de 'Que yo te quiero', seguida de la tierna 'Madre, cuando quieras voy a verte', dejando para el epílogo la nostalgia de 'Como han pasado los años' -que dedicó a Rocío Dúrcal-, su peculiar y admirable adaptación de 'Gavilán o paloma', la entrañable 'Asturias, pienso en ti', las añoranzas de una ranchera universal como es 'Volver, volver' y en el colofón, por supuesto, 'El vals de las mariposas', que fue donde alzó su vuelo Danny Daniel algunos lustros atrás.

Solo al final admitió el cantante que estaba «un poco cansado», pero usando una expresión suya, podría decirse que aguantó «como un campeón». Hay quien dice que lo bueno se hace esperar. A juzgar por la plena satisfacción que rebosaba el artista gijonés afincado en Miami desde 1979, este sueño cumplido de ser profeta en el Teatro Jovellanos cumplió de modo estricto con tal creencia. Fue un baño de multitudes y ovaciones clamorosas alrededor de quien aguardó el momento de regresar a casa. Un concierto que siempre recordará, en el que desplegó las enormes facultades que atesora y en el que se transpiraron sentimientos por todos los poros.

Recibe nuestras newsletters en tu email

Apúntate