El Comercio
Pau Donés posa con su último disco.
Pau Donés posa con su último disco. / SUSANA SAEZ/EFE

«Con el tema del cáncer me he sobreexpuesto, pero ha valido la pena»

  • Pau Donés llega el jueves al Jovellanos con la gira ‘50 palos’, con el único acompañamiento de piano de cola, violonchelo y contrabajo

Pau Donés (Barcelona, 1966) está de triplete: disco, libro y gira. Y a lo loco. Porque allá donde va cuelga un 'sold out', porque el disco -'50 palos', que revisita 20 años de canciones e incorpora un nuevo tema- está en lugar privilegiado en las listas de ventas y porque el libro va por la quinta edición. Tiene 50 años -dos los vivió en Oviedo siendo un niño-, un cáncer al que no consiente que le afee ni medio segundo la belleza de la vida y unas ganas locas se salir al escenario para darle al público su Jarabe de Palo. El jueves lo hará en el Teatro Jovellanos de Gijón. Y hoy en el Liceo de Barcelona.

-Guau, el Liceo. ¿Está nervioso?

-Pues no. Es muy molón el sitio, sí, pero llevamos ya veinte conciertos de esta gira y lo que tenemos es ganas de hacerlo y disfrutarlo.

-¿Qué tienen los teatros que no tienen los campos de fútbol o los palacios de deportes?

-La cercanía, la acústica, la solera, el glamour, esa cantidad de arte que ha pasado por el escenario. En el campo de fútbol se juega a futbol, en los teatros se hace teatro, ópera, danza... Me encantan. Lo estoy pasando muy bien con este show en formato de cuarteto, con piano de cola, violonchelo y contrabajo. Tiene mucho que ver con el espacio, con los teatros, donde la gente está muy cerca y se puede disfrutar del silencio. Son sensaciones únicas.

-¿No echa en falta la electricidad del rock and roll?

-Nada. Al revés. Es música con silencio, y eso para un músico es cojonudo.

-Celebra sus 50 años. Dicen que los 50 son los nuevos 30. ¿Confirma?

-Sería más o menos esto (risas). Dicen que a los 50 uno tiene una crisis. ¡Pues a ver cuando me viene a mí!

-Usted en lugar de sufrir los 50, los cerebra.

-Eso es, estamos de celebración, disco, libro y gira. Y entre pitos y flautas, unos cien conciertos. Por cierto que los de verano son con banda, de modo que si en algún momento echaramos en falta un guitarrazo, ahí podemos darlo. Pero sí, yo quiero celebrar, invertir el tiempo en gozar de lo que tengo.

-¿Le están enseñando algo los 50?

-¿Sabe qué pasa? Nunca he tenido el sentimiento de que a cada edad le toca algo. Vivo día a día. No hay una pauta. Mi máxima es el presente, al futuro y al pasado los miro muy poco. No vivo de los recuerdos, tengo una memoria selectiva, lo malo lo borro y de lo bueno me acuerdo más o menos.

-Pero para esta gira y este álbun ha tenido que mirar atrás.

-Sí, pero no lo hecho desde la nostalgia o los recuerdos. He gozado mucho versionando las canciones, pero si me pregunta si me acuerdo de cuando escribí 'La Flaca' la respuesta es sí, de esa sí, pero de otras no. Vivo el presente, que es lo importante.

-¿Cómo se siente como escritor?

-Soy músico de vocación y ese es mi talento. Me ha encantado escribir. Tengo una cierta maña para hacerlo, pero ya está. Simplemente he querido compartir una serie de pensamiendos, de ideas, de anécdotas que viven en la cabeza de este tío que la gente ve, pero no creo que trascienda como escritor nunca.

-Pero sí ha trascendido la barrera de la música para ser algo más.

-Respecto al tema del cáncer, creo que mi ejemplo ha trascendido. Y yo eso lo he buscado a saco. He visto mucho sufrimiento, tanto de la gente que tiene cáncer como de los que están alrededor y en muchos casos por desconocimiento. Por eso me planteé: «Tengo que desestigmatizar esta película. Si tienes cancer no te mueres». Aquí quise darle una notoriedad, me expuse, me sobreexpuse, pero ha valido la pena. Le cuento una anécdota: me encontré a una señora mayor, de 80 años, y me dijo que estaba muy contenta, porque tenía cáncer desde hacía ocho años y casi nadie lo sabía. Y gracias a mí se lo contó a sus amigas. Solo por esta mujer ya vale la pena esa sobreexposición.

-Por cierto, ¿cómo está?

-Bien. Ya me queda solo una sesión de quimio. Llevo dos años con cáncer y ahí está, pero he hecho un disco, un libro, una gira y tengo muchas cosas que hacer todavía.

-¿A los músicos les pasa como a los actores, que en el escenario se les pasan todos los males?

-Yo con los actores comparto muy pocas cosas, pero eso sí. Ha habido días con la quimio, con un hipo de cojones, y me subí al escenario y se me fueron las náuseas y todo. El escenario es como subirse a una montaña rusa.

-¿Escribir y componer es lo mismo?

-Componer es escribir musicando. Y esa es la diferencia, no hay ninguna más. Por eso a Dylan le dieron el Nobel, porque es un escritor.

-De sus 50 palos, le pido que reparta alguno por ahí.

-Se los merecen muchos. Les doy unos cuantos a los corruptos. Me sobrepasan.

-¿A los ministros de Cultura no?

-Se lo merecen a tope. Pero el que tenemos ahora me mandó una carta muy guay, muy cariñosa, con mucha sensibilidad. Ser ministro de Cultura en un gobierno de derechas tiene que ser una putada de cojones. La cultura no les mola mucho.

-¿Es obligación de los músicos meterse en líos sociales?

-En este mundo nadie debería estar obligado a nada, otra cosa es que por cuestión de conciencia social lo hagas. Somos personajes públicos, tenemos una cierta credibilidad.

-¿Opina sobre el referéndum catalán?

-Yo estoy a favor de que la gente se exprese de forma libre respetando a los demás. Se están haciendo las cosas muy mal.

-Ya que se viene a Asturias y aunque no le guste mirar atrás, algún recuerdo bueno tendrá.

-Muchísimos. Viví dos años en Oviedo y aprendí a esquiar en Pajares.

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