30 años de sensibilidad

Isaac Turienzo, durante su concierto de ayer en el Jovellanos. /  ARNALDO GARCÍA
Isaac Turienzo, durante su concierto de ayer en el Jovellanos. / ARNALDO GARCÍA

Isaac Turienzo abrió ayer en el Jovellanos el Festival de Jazz de Gijón con una fiesta musical por sus tres décadas en el género

ALBERTO PIQUERO GIJÓN.

Treinta años llevan iluminando las manos de Isaac Turienzo (Gijón, 1961) sobre el piano. Y en la noche de ayer, jueves, derramó toda esa sabiduría durante la apertura del Festival de Jazz de Gijón, en el Teatro Jovellanos. Le acompañaron para la ocasión, Miguel Ángel Chastang, gobernando el contrabajo, y Fernando Arias (que multiplica vocaciones, más allá de su adscripción sinfónica en Oviedo Filarmonía) poniendo las cadencias de la batería.

Mucho ha llovido desde que en 1987 Isaac Turienzo se estrenara en el Festival de Jazz de Oviedo, edición que tuvo un cartel donde se asomaban el Quinteto Pedro Iturralde y también Donna Hightower. Pero lo que nunca se ha secado es la inmensa avidez musical del pianista gijonés criado en Avilés, explorando siempre nuevos marcos armónicos, insaciable su curiosidad de convertir en oro de primera ley todo lo que toca, nunca mejor dicho. Volvió a mostrarlo y demostrarlo una vez más.

Empezó con 'Lush Life', de John Coltrane, una ejecución dificilísima que resolvió con enorme talento. Con 'De picos Pardo' quiso rendir tributo a su colega Jorge Pardo, que ha estado a su lado tantas veces. Siguió por el pentagrama de 'The way you look toonight'. Y de inmediato se incorporó Chastang, que aunque tiene un pie escayolado, mantiene los dedos virtuosísimos. «No bailará», bromeó Turienzo, mientras ponían a Thelonius Monk por el medio, con una complicidad magistral.

Una bossa nova celebrante, 'Começar de novo', la cual ya formó parte del repertorio de sus inicios, continuó de manera delicadísima la fiesta, incorporando a Fernando Arias. La pieza ha ido adquiriendo un esmalte diferente con el tránsito del tiempo, una paleta más enriquecida. Esa es una de sus señas de identidad, el ir buscándoles las cosquillas a los pentagramas, encontrarles perspectivas inéditas de la mano del jazz que caracteriza su itinerario completo.

Después, 'Bésame mucho', en compás de tres por cuatro, y según declaraba a EL COMERCIO en la víspera, abordando la célebre pieza desde un punto de vista masculino, transformando la dulzura original de Consuelo Velázquez en arrebato, como una fiesta de voladores y fuegos artificiales.

De su disco dedicado a la 'chanson' francesa, eligió 'Les feuilles mortes', pasando la gloriosa canción de Edith Piaff por lo que Turienzo llama «prueba de fuego», vistiéndola de swing y funky.

No podía faltar la composición asturiana, que jamás deja de aparecer en sus conciertos, y que en este caso fue 'Santa Bárbara bendita' (o, si se prefiere, 'En el pozu María Luisa', que de ambas maneras se la titula), precediendo a la 'Balada para Tete (Montoliú)', músico que ha sido una constante inspiración de Isaac Turienzo, al que compuso la banda sonora del documental que ofreció hace algún tiempo la televisión del Principado. Del británico Georgie Fame eligió un tema de la mitad de la década de los 60, 'Sweet Thing'; antesala de la recuperación de un disco inicial del propio Turienzo, haciendo fulgir las teclas del piano con 'Caravan'. En el regalo del bis, una composición propia.

Una velada digna de un trigésimo aniversario que recibió la ovación merecida ante un músico de los pies a la cabeza, que posee en las manos el enorme talento que se hizo sensibilidad pura en el teclado.

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