Bartok y Schubert suenan en el Jovellanos de la mano del Cuarteto Quiroga

El Cuarteto Quiroga, anoche sobre las tablas del Jovellanos. / P. S.
El Cuarteto Quiroga, anoche sobre las tablas del Jovellanos. / P. S.

La intensidad expresiva y poesía musical de una formación en carne viva llegó de la mano de la Filarmónica de Gijón

RAMÓN AVELLO GIJÓN.

Cibrán Sierra, violinista del Cuarteto Quiroga, escribió y publicó hace unos años en Alianza Música el libro 'El Cuarteto de Cuerda. Laboratorio para una sociedad ilustrada'. Un viaje a la intrahistoria o historia que va por dentro de lo que, según Sierra, es la forma más pura y esencial del arte de la composición musical en Occidente. Ayer, el Cuarteto Quiroga, llamado así en recuerdo del violinista y pedagogo gallego Manuel Quiroga, e integrado por los violinistas Aitor Hevia y Cibrán Sierra, el viola Josep Puchades y Elena Poggio, en el Teatro Jovellanos, plasmó esa pureza y grandeza musical que late en el cuarteto de cuerda. Un concierto organizado por la Sociedad Filarmónica de Gijón y que en buena medida complementa el concierto del Cuarteto Brentano, escuchado hace dos meses.

Antes del recital, Sierra mostró su satisfacción por volver a tocar en el Jovellanos y comentó que las dos obras del programa estaban vinculadas por raíces populares, una música emotiva, sencilla y sin ínfulas sentimentales.

Abrió el concierto la versión «quiroguiana» del 'Cuarteto Nº 2' de Béla Bartok, una obra en la que en el segundo movimiento ya aparece esa idea de «folklore imaginario», característica de Bartok. Versión muy tensa, sólidamente construida y de unas características expresionistas.

El 'Cuarteto Nº 14, en Re menor', de Schubert, es una de esas cimas intemporales de la música de cámara. Sin duda, la cima emocional de la obra está en la variaciones del segundo movimiento sobre el lied 'La muerte y la doncella', pero los cuatro movimientos constituyen un prodigio de rigor interno, tensión dramática y fantasía poética. El Cuarteto Quiroga ofreció una interpretación muy sutil, muy bien matizada, directa y con referencias muy subrayadas al mundo del lied y de la música popular austriaca. Aplausos, bravos y, como propina, una obra eminentemente folclórica: 'Muñeira-villancico de Mondoñedo'.

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