De la basura a la música más hermosa

La Orquesta de Instrumentos Reciclados de Cateura, con Víctor Manuel, sobre el escenario del Jovellanos. /  FOTOS: ARNALDO GARCÍA
La Orquesta de Instrumentos Reciclados de Cateura, con Víctor Manuel, sobre el escenario del Jovellanos. / FOTOS: ARNALDO GARCÍA

Con el patrocinio de EL COMERCIO, en la gala participaron Víctor Manuel, Beatriz Díaz y el Joven Coro de la Fundación Princesa La Orquesta de Instrumentos Reciclados de Cateura brindó un concierto muy emotivo en el Jovellanos

ALBERTO PIQUERO GIJÓN.

Tiene la Orquesta de Instrumentos Reciclados de Cateura, que ayer hizo vibrar las cuerdas del alma en el Teatro Jovellanos, un lema tan hermoso como heroico, en el mejor sentido de la palabra. Dice así: «El mundo nos manda basura y nosotros le devolvemos música». Una definición exacta de este grupo orquestal que nació en el barrio de Cateura, un extrarradio marginal de la capital de Paraguay, Asunción. Allí viven estos muchachos, con edades que van de los once a los veinticinco años, en unas condiciones de gran precariedad. De modo que hace casi diez años, surgió la idea de que los materiales de los vertederos entre los que buscaban el difícil sustento diario les proporcionara la posibilidad de que algunos de esos desperdicios gozaran de una metamorfosis y se convirtieran en instrumentos musicales. Lo que pudo parecer una fantasía delirante, se ha transformado en una realidad pasmosa y admirable. Latas herrumbrosas que ahora son guitarras, bidones reciclados como chelos, flautas que han afinado el viento de viejas cañerías, saxofones imposibles y percusión que inventa ecos rítmicos donde solo había ruido. Un prodigio que va más allá de la creatividad manual, pues bastó escuchar sus primeros compases -un tango de Piazzola- para saber que junto al delicado oficio de dotar de espíritu a objetos aparentemente inútiles, se acompañan de virtudes artísticas notables.

El repertorio ofrecido y fervorosamente ovacionado en cada pieza, hizo viajar a los espectadores por diversos pentagramas, de las composiciones clásicas en las que se asomaron -el 'Canon' de Pachelbel- a los acordes latinoamericanos o sus propias raíces de la tradición guaraní, con un destacadísimo y joven intérprete de arpa.

Un espectáculo delicioso, lleno de talento y emociones, que respondió en términos afinadísimos a una proclamación de Favio Chávez: «La cultura es una necesidad básica y la música puede cambiar vidas. Se dice que las condiciones desfavorables no permiten soñar; pero no tener nada no es excusa para no hacer nada». La Orquesta de Cateura tuvo una vez un sueño, que ha cumplido, extendiéndolo a los públicos del mundo. En España, de la mano de Ecoembes, han recalado en cinco ocasiones. Y ayer, con el patrocinio de EL COMERCIO, esa fantasía hecha realidad deslumbró y colmó de sentimientos a la audiencia gijonesa, que abarrotaba el Teatro Jovellanos y aplaudió generosamente a los chavales, que también ofrecieron una balada de Metallica, grupo al que acompañaron en gira en 2014 por Sudamérica.

Si ellos fueron los protagonistas, tampoco se ha de dejar aparte que en las orillas les rindieron honores y multiplicaron armonías Víctor Manuel -que interpretó 'Asturias' y 'El portalín de piedra', acompañado por la orquesta y el Joven Coro de la Fundación Princesa de Asturias-. Beatriz Díaz, un aria de Puccini y el 'Adeste fideles'.

Un concierto solidario navideño (la recaudación completa fue para la Orquesta de Cateura) entrañable y rodeado por un entusiasmo colectivo glorioso.

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