«Tiene carácter, es como una persona»

Nadège Rochat, posa con su Stradivarius en el Jovellanos. / P. UCHA
Nadège Rochat, posa con su Stradivarius en el Jovellanos. / P. UCHA

Nadège Rochat actuó ayer en Gijón con un valiosísimo chelo Stradivarius de 1703 | Junto al guitarrista Rafael Aguirre, interpretó un programa de música española dentro de los actos de aniversario de la Sociedad Filarmónica

J. L. GONZÁLEZ / R. AVELLO GIJÓN.

Nadège Rochat (Ginebra, 1991) recibió en 2016 un ilusionante mensaje en Facebook: alguien le ofrecía la posibilidad de utilizar de forma indefinida un violonchelo Stradivarius. Con incredulidad, se puso en contacto con el remitente, y con algo de miedo se desplazó junto a una amiga a Nápoles, la ciudad en la que la habían citado para hacerse con la pieza. Lo que parecía una broma o, peor, un potencial peligro, se acabó convirtiendo en un sueño del que disfruta todos los días: tocar un instrumento construído en 1703 por el luthier más reconocido de la historia y con el que ayer protagonizó, junto al guitarrista Rafael Aguirre (Málaga, 1984) un concierto en el Teatro Jovellanos previo a los actos del 110 aniversario de la Sociedad Filarmónica de Gijón. Un recital que contó con el apoyo del Aula de Cultura de EL COMERCIO.

Tocar un instrumento como este no es sencillo, al menos al principio. «Produce un sonido muy redondo y potente y eso algo muy difícil de encontrar. Da mucho en los graves y en los agudos, pero quiere que lo toque de una forma especial. Tiene carácter, es como una persona», afirmó Rochat antes del concierto. Las dificultades iniciales de adaptación se transforman después en un abanico de posibilidades que otros instrumentos no ofrecen y que le permiten explorar nuevos territorios.

La historia de este violonchelo es larga. Creado a partir de una viola de gamba por Nicolò Amati, maestro de Antonio Stradivari, fue este último quien lo transformó en 1703. Propiedad entonces del Vaticano, fue enviado hacia 1834 a París para su reparación y fue allí donde recibió la decoración de ángeles y motivos vegetales que aún hoy luce, así como el escudo del centro de poder de la Iglesia de su parte posterior. Tras pasar por manos estadounidenses -se conoce una transacción de 650.000 dólares por él-, ahora pertenece a la Escuela de Artes de Florencia, en México, cedido por un millonario de ese país. «Es una gran responsabilidad, lleva 400 años pasando por manos de músicos», reconocía Nadège Rochat, que prefiere no aclarar su valor actual. «Vale como varias casas», señala entre risas.

El público que asistió al recital pudo comprobar la simbiosis de la vilonchelista con el instrumento. Los sonidos que fue capaz de arrancarale en piezas como 'Granada' parecían impresiones de voz. Rafael Aguirre también dejó muestra de su maestría a la guitarra, con una magnífica limpieza y pulsación, pero a la vez con un cierto rajo flamenco. La actuación del dúo puso al público en una suerte de encantamiento. Los asistentes, que llenaron tres cuartas partes del teatro, acabaron en pie aplaudiendo. Dos intérpretes con magia y un invitado con historia para una velada especial.

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