Rendidos a Manolo García

Manolo García comenzó su concierto en Oviedo en acústico. / FOTOS: ÁLEX PIÑA
Manolo García comenzó su concierto en Oviedo en acústico. / FOTOS: ÁLEX PIÑA

El catalán volvió a entusiasmar a su público asturiano en un Auditorio Príncipe entregado y hasta la bandera en la presentación de 'Geometría del rayo'

A. VILLACORTA OVIEDO.

Manolo García venía a Asturias -a la que quiere y donde tiene amigos que conserva desde los tiempos de su mili en Gijón- dispuesto a deslomarse y como quien «va a una fiesta». Lo confesó nada más salir a escena: «Qué suerte, lo primero que encuentro son vuestras sonrisas. Tenéis la llave de la felicidad y hoy me la prestáis a mí», anunció antes de convertir un Auditorio Príncipe Felipe de Oviedo hasta la bandera en «una celebración colectiva de la vida», que es lo que el catalán pretende con sus músicas que son la fusión de muchas otras cargadas de lirismo, «lagunas, mares, cumbres nevadas» contra lo crudo del asfalto y la rutina. Pura poesía sonora para iniciados en posidonias, heniles y azogue.

Llegaba esta vez ante su legión de fieles asturianos -intergeneracionales, transversales y que agotan entradas una y otra vez con meses de antelación desde que Manolo venía con Quimi y desde que es Manolo en solitario- con su séptimo trabajo desde la disolución necesaria de El Último de la Fila: 'Geometría del rayo'. Porque, aunque parece que fuese ayer, el de Poble Nou lleva ya veinte años de éxitos siguiendo su propio camino, el del rayo que no cesa.

Veinte años que no son nada, que ya se sabe que el tiempo es relativo. Y arrancaba en acústico con 'El frío de la noche', uno de los temas de ese último álbum, y después de un solo de violín espectacular, se meció al calor de su 'Fragua de los cuatro vientos', en un directo impecable al que se unió toda la banda, ocho escuderos como ocho torres, que harían sonar después 'Por respirar' y 'Junto a ti'.

Era justo entonces, ya caldeado el ambiente -con la ayuda también de una bailarina en escena ejerciendo de videógrafa-, el momento perfecto para atacar con los temas de su nuevo disco, «una alegoría sobre el chispazo interior» que siente quien disfruta del arte y sus misterios insondables ('Humo de abrojos', 'Las puntas de mis viejas botas' -con sofá en escena incluido- , 'Pan de oro') y de volver a los clásicos: 'Ardió mi memoria', 'Sin que sepas de mí', 'Con los hombres azules', 'Los cítricos amantes', 'Irma, dulce Irma', 'Un giro teatral', 'Un alma de papel'.

Antes, Manolo García ya había anunciado al público que el concierto estaba siendo filmado. «Perdón por alguna molestia, pero luego vais a salir en la tele, que está de puta madre», contó. Y añadió: «Jamás prohibo a nadie que grabe; la libertad es lo mejor del mundo y hay que ejercerza absolutamente». Muy comunicativo estuvo el cantante, que se marcó algún 'quejío', que bailó con un niño, que recibió un ramo de flores, que bajó al patio de butacas, que dijo alto y claro que cantar «es una forma de transgredir», que hizo volar aviones, que se colgó por bufanda una bandera de Asturias y que clamó en favor de la oficialidad de la llingua: «Es muy importante defender la singularidad, el bable, el euskera, el catalán, el castellano. Es lícito y es importante», afirmó. Y auditorio se caía literalmente.

Cuando le llegó el turno de compartir 'Ruedo y rodaré' con Carmen García, el auditorio se moría de ganas de cantarle al desamor sin dramas. Una llamada a la acción a la que siguieron su 'Nunca es tarde', 'Un año y otro año', 'Ardieron los fuegos' y un apoteósico 'A San Fernando, un ratito a pie y otro caminando', una de esas canciones que llaman a levantarse de la butaca, que el público disfruta con ganas y Manolo, más.

La calma se hizo después y tras ella volvió a llegar de nuevo la tempestad y un Manolo García pletórico y reivindicativo- «si no va a haber minas en Asturias, que pongan molinos eólicos; no es justo que unos estén pasándolo mal y otros chupando rueda»- confirmó la fiesta mayúscula que había augurado en el arranque con un final apabullante, bailongo, feliz para el público y para él. Oviedo se puso a los pies de Manolo. Manolo García. Uno de los grandes.

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