Derroche de rock con los Fitipaldis en Gijón

Fito Cabrales, en el Palacio de Deportes de Gijón. / Damián Arienza

La banda de Fito Cabrales arrolló con su música en un Palacio de Deportes gijonés abarrotado

Azahara Villacorta
AZAHARA VILLACORTAGijón

Fito & Fitipaldis -la banda liderada por Adolfo 'Fito' Cabrales, ex de Platero y tú, el rockero que llena más pabellones de toda España, el que lo 'peta' allá por dónde va- celebró anoche por todo lo alto sus veinte años en la música en un Palacio de Deportes de Gijón lleno hasta la bandera. Era la segunda parada de su nueva gira, un gran espectáculo levantado por una 'troupe' de sesenta personas y con el que se conmemora tan magno aniversario en veinte ciudades escogidas. Y, desde los primeros acordes, los de 'Siempre estoy soñando', el de Bilbao y su grupo consiguieron contagiar con su rock sin medias tintas ni paliativos a un auditorio repleto y entregado, a pesar de que los puristas aún no le perdonen el tránsito de Platero a Fitipaldis. «Buenas noches, Gijón. Muchas gracias por venir hasta aquí a cantar y bailar, a celebrar con nosotros estos veinte años», saludó al respetable. «Esta os juro que os la sabéis», anunció antes de enfrentarse a 'Por la boca vive el pez'. Y vaya si se la sabían.

Estaba previsto un concierto atípico, ya que no estaba ligado a la presentación de un nuevo disco, así que sus más fieles -y Gijón ha demostrado durante años que se encuentra en el 'top ten' de sus adeptos- ya estaban preparados y sobradamente pertrechados desde mucho antes del principio para realizar su particular tributo al grupo que toma su nombre de la leyenda del automovilismo que ha quedado para la historia como sinónimo de velocidad. Lo confirmaron también las notas trepidantes del acompañante oficial del tour, Muchachito Bombo Inferno, ese hombre orquesta que ejerce de multivitamínico y que anoche compartió también bolo y canciones con los protagonistas. «Fitooo, fitoooo», coreaba el público mientras este daba carreras y saltos por el escenario. «Ahora vengo», les dijo él cuando salió a buscar a su invitado, ya a mitad de concierto.

Poco a poco, con y sin Muchachito, bordó el repaso a toda una carrera el artista que en su día contrató a su mánager por su éxito como camello y que hoy ha dejado el 'speed' para madrugar y llevar a su hija de tres años a los conciertos, a las dos décadas que ya ha llovido desde que editó aquel 'A puerta cerrada', con un vídeo que lo mostraba caricaturizado con su emblemática gorra calada y conduciendo un coche hacia un cementerio. Un trayecto en el que se unía a sus compañeros de faena guitarra en mano y que había servido una hora antes para abrir el espectáculo. Y así, con un viaje sin retorno, fue como Fito desgranó sus grandes éxitos -él, tan poco amigo de los recopilatorios y que, en una pura contradicción, editó recientemente 'Fitografía'- en el que no faltaron temas escuchados hasta la saciedad como 'Rojitas las orejas' o 'Me equivocaría otra vez', que fueron coreados y bailados a todo pulmón por el respetable, al que no dio tregua. Y, así, con las gargantas a cien, siguió desgranando el viejo rockero composiciones ya clásicas a las que dotó de nuevos ritmos y distintas armonías para darles una nueva vida como 'La casa por el tejado', 'Entre la espada y la pared' o 'Soldadito marinero'. Que levante la mano quien no se sepa los estribillos.

Y es que el cantante vasco, al igual que el resto de integrantes de la banda -Javier Arzola (saxo), Alejandro Climent (bajo), Carlos Raya (guitarra) y Dani Griffin (batería)- demostraron ayer en Gijón que los años no pasan por ellos o que pasan con más gloria que pena, con varias carreras de lado a lado de la tarima y algún giro de Fito sobre sí mismo que tendía al infinito. Que, a sus 51 'palos', todavía tiene cuerda para rato y, por supuesto, para afrontar este tour del que ha vendido más de 200.000 entradas y que se alargará hasta el 26 de junio, cuando termine en el Wizink Center de Madrid.

Todo un derroche de rock que no estuvo exento de sorpresas y de cariño mutuo y que hoy volverá a repetirse, porque aquel chaval que iba para cura y que terminó currando en un burdel que regentaba su padre, eternamente prisionero de géneros como el rockabilly, el rythm & blues, el swing, el jazz o los sonidos sureños, dejará de nuevo su esencia esta noche junto al Piles, donde ha colgado el cartel de 'no hay entradas'. Una excepción, la del doblete, que solo ha hecho con cinco ciudades, ansioso por concentrarse en su próximo álbum, en el que ya trabaja. Pero, claro, «con Gijón no había duda».

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