«Todos los días me invento una vida nueva y doy gracias a un Dios pagano»

Pancho Varona.
Pancho Varona. / EFE

El habitual acompañante de Sabina ofrece mañana en Villaviciosa concierto de sello propio y evoca aquí la historia que ambos han compartido Pancho Varona. Músico

ALBERTO PIQUEROGIJÓN.

Es el fiel y más antiguo escudero que Joaquín Sabina ha tenido a su lado desde el comienzo de su carrera, además del coautor de algunas de sus canciones legendarias, aparte de haber compuesto temas para otros ilustres colegas. Pero, de vez en cuando, Pancho Varona (Madrid, 1957) se da el gusto de subir al escenario por cuenta y canto propios. Así será este viernes en el Patio del Ateneo de Villaviciosa, a las 22.30 horas.

-Hace un mes le veíamos junto a Sabina en La Laboral. Mañana, en plan independiente. ¿Hay dos Panchos Varonas?

-Son dos extremos del abanico. En La Laboral, formando parte de una gira grande, y, en este caso, con un planteamiento humilde y pequeñito. Pero en ambos casos las sensaciones son muy satisfactorias.

-En cualquier caso, recién cumplidos los sesenta años, ese desdoblamiento le exigirá un notable esfuerzo, ¿no?

-Un esfuerzo importante, pero la mente es la que mueve el cuerpo. Todos los días me invento una vida nueva y doy gracias a un Dios pagano por mantenerme muy sano.

-¿Es verdad que la historia junto a Sabina comenzó cuando le pidió un 'ducados' en La Mandrágora?

-Es verdad, fue en 1981. Y tanto entonces como en 2017 continúa sin comprar tabaco. Empezamos a charlas y aquella conversación se ha prolongado treinta y seis años, aunque yo dejé los cigarrillos hace quince años. Joaquín dice que es lo que más admira de mí. No las canciones que haya hecho u otras cosas, sino que haya conseguido dejar de fumar.

-Es que usted rompe ciertos mitos de la cartelera del rock, cuentan que se levanta a las seis de la madrugada...

-(Risas). Es cierto... Me levanto a la hora a la que antes me acostaba. Y soy feliz con el cambio, como primero lo fui haciéndolo al revés. Madrugo, salgo a caminar, leo y me hago la comida.

-¿También es verdad que ha sufrido a Sabina, según ha dicho él mismo, más que todas sus novias?

-(Más risas). Eso está clarísimo. Lo he sufrido en primera persona. Ahora mismo, de quienes tiene cerca debo ser el que hace más tiempo que lo conoce. No sé si el que mejor lo conoce, aunque puede que también. Después de todo, llevo más de media vida a su lado.

-¿No han pensado nunca en la posibilidad de un divorcio?

-Joaquín dice que seguimos juntos porque no hay sexo por el medio.

-Usted ha compuesto piezas clásicas para Sabina, pero asimismo lo ha hecho para Luz Casal, Ana Belén, Christina Rosenvinge o Ana Torroja, entre otros. ¿No ha quedado un tanto oscurecida esa labor creativa por el brillo de Joaquín?

-Yo creo que no. La gente que me apetece que sepa que esas canciones son mías lo sabe. Y tengo el ego bien alimentado. El brillo de Joaquín es maravilloso, justo y merecido. Yo lo comparto dos metros por detrás y a su izquierda.

-Una hermana suya, Gloria, es autora de la letra de 'No me importa nada', que con música suya tuvo la voz de Luz Casal. Sin embargo, el paso de Gloria por el planeta musical fue fugaz, al parecer porque le disgustaban «los aspectos feos del negocio». ¿Cuáles son?

-Los aspectos feos del negocio son el negocio mismo. Hay quien cree que todo es jiji, juju, jaja, pero hay que hacer muchos números, viajar constantemente... A mi hermana le gustaba escribir letras, pero le horrorizaba todo lo demás, así que volvió a su trabajo de funcionaria en un ministerio y a la tranquilidad.

-Solo ha grabado un disco, en 1995. ¿Por qué no hubo continuación?

-Sí, mi disco póstumo... No quería hacerlo y puse la condición a la compañía discográfica, que era también la de Joaquín, de que no me hiciera cambiar de papeles. Yo quería seguir con Joaquín y no triunfar en solitario, no tengo esa vocación. Pero me quedó un buen recuerdo.

-¿La gente que acude a sus conciertos -no digo en cantidad- es semejante a la que va a los conciertos de Sabina?

-Es la 'crème de la crème'. De los diez mil que asisten a un concierto de Joaquín, los cien más sabineros son los que vienen a verme y escucharme a mí. Quieren averiguar más cosas de esas canciones y yo se lo cuento.

-¿Quien alcanza las crestas del éxito se acuerda de los colegas que se han perdido por el camino?

-Yo me acuerdo todos los días, ya sea de aquellos que tenían mucho talento y no lograron triunfar como de quienes se han quedado literalmente en el camino, digamos Enrique Urquijo. La música que escucho es la de los años 70 y 80, de Beatles a Canarios, Cecilia o Serrat.

-En lo que concierne a Beatles, para usted la preferencia es Lennon...

-Le profeso adoración absoluta. No el Lennon defensor de la paz y esas historias, sino el Lennon malo y cabrón que fastidiaba a Paul McCartney . Paul es un genio musical con las armonías y las melodías, pero Lennon tenía un talento insuperable que le brotaba por casualidad, aunque cantara y compusiera mucho peor que Paul.

-¿Se identifica con la maldad de John Lennon?

-No, no, yo soy un gatito bueno.

-Su colega Antonio García de Diego se ha comprado casa en Asturias. ¿Usted tiene la tentación?

-De momento, cada vez vengo más por aquí de la mano de Beznar Arias. Y tengo antecedentes, un abuelo mío fue guardia civil en La Felguera.

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