«Cuando le dije que no a Mutti pensé que era el fin de mi carrera»

Carlos Álvarez, en su hotel de Gijón. / DAMIÁN ARIENZA
Carlos Álvarez, en su hotel de Gijón. / DAMIÁN ARIENZA

El barítono malagueño Carlos Álvarez, especialista en Verdi y reconocido como uno de los grandes del género operístico, es una de las figuras de la Gala Lírica

ALBERTO PIQUERO GIJÓN.

Es una de las grandes voces -y nombres- del repertorio operístico en los últimos años. Carlos Álvarez (Málaga, 1966), Premio Nacional de la Música, estará hoy en el Teatro Jovellanos (20.30 horas), junto a Rocío Ignacio y Jorge de León, con Juan Antonio Álvarez Parejo al piano, para ofrecer una Gala Lírica. Es el primer concierto de la temporada de la Sociedad Filarmónica Gijonesa, que este año cuenta con el apoyo del Aula de Cultura de EL COMERCIO.

-Habiendo nacido en Málaga, ¿no hubiera sido natural inclinarse por el palo del flamenco y las malagueñas?

-(Risas). Eso tiene que ver con la infancia. A los siete años ingresé en una escolanía infantil y ahí se decidió mi destino en ese sentido. Además, Málaga no sólo tiene tradición de música popular, la Sociedad Filarmónica es la más antigua de toda España.

-También estudió Medicina. ¿Pasó de querer curar los cuerpos a aliviar las almas?

-El otro día coincidí en el concierto del centenario de la Banda Municipal de Granada con mi primer director, Miguel Sánchez Ruzafa, que me comentó algo semejante. Me dijo que si hubiera ejercido la medicina, habría mejorado la salud de las personas una por una; pero que en mi profesión puedo hacerlo de manera colectiva. Es un privilegio.

-¿Tiene memoria de su debut profesional?

-Por supuesto. Fue en un pequeño papel en 'La traviata'. Quienes olvidan su origen adquieren una visión sesgada de la realidad. Me acerco siempre a mi trabajo con actitud 'amateur', en su sentido etimológico de amante.

-Ha debido ser de los pocos que rechazó un papel ofrecido nada más y nada menos que por Ricardo Mutti para interpretar 'Rigoletto' en la Scala. ¿Se ha arrepentido alguna vez?

-No ha existido arrepentimiento (risas). Yo estaba entonces en Londres, haciendo 'Los troyanos', de Berlioz, y el cambio suponía ir de una línea muy lírica a otra muy dramática. Es verdad que cuando le escribí la carta al maestro Mutti, pensé que estaba poniendo el final a mi carrera. Después, cuando nos encontramos personalmente en el 98, me confió que aquella respuesta que le había dado incrementó su interés. Es una anécdota que me ha hecho crecer y tener la actitud ante el trabajo que conservo desde hace veintiocho años.

-En aquella carta usted consideraba que todavía era demasiado joven e inexperto. ¿La voz evoluciona con la edad?

-Evoluciona del mismo modo que el cuerpo. Y las voces graves lo hacen de un modo natural. Es más delicado en el caso de las voces agudas, debido a que tienen menor flexibilidad. A mi empiezan a darme papeles de mi edad...

-Los especialistas definen su voz como robusta y aterciopelada. Da la impresión de que en ella estuviera resuelta una paradoja...

-La robustez es la propia de los papeles dramáticos. Y las partituras pueden favorecer técnicamente la tersura, es decir, una voz que no sea agresiva. Es a lo que pueden llamar aterciopelado.

-También se destaca su celo en la interpretación actoral y los movimientos escénicos.

-La caracterísica de los personajes operísticos es su variedad. Hoy eres un personaje y mañana otro absolutamente distinto. Es un regalo, que te permite una introspección que es casi un psicoanálisis. Pero yo no juzgo a los personajes, los interpreto. Y lo que quiero es que el público los vea a ellos y no a mí.

-Ha coincidido en los escenarios muchas veces con Plácido Domingo. ¿Una experiencia enriquecedora?

-En algunos, porque él tiene el don de la ubicuidad. Nos conocimos en el 91 y la afinidad no es sólo artistica, sino personal. Posee una integridad profesional extraordinaria y estar a su lado te exige ponerse a la altura de las expectativas.

-¿Nos proporciona unas pinceladas acerca de quienes le acompañarán esta tarde en la Gala Lírica del Jovellanos?

-No descubriré ningún secreto si digo que pertenecemos a la misma agencia artística. Rocío y Jorge de León, más que colegas son amigos. Y el piano de Juan Antonio Álvarez Parejo será un estímulo.

-¿Cuál será el programa del concierto?

-Está dividido en tres bloques, con una primera parte musical, después una sección dedicada a la zarzuela y finalmente un repertorio de Verdi. Es un programa muy variado que pensamos que será muy atractivo para el público, eludiendo además la monotonía de escuchar a un solo cantante.

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