Esplendores polifónicos en Oviedo

Los cantantes de El León de Oro y el Grupo Vocal Kea, con el director Marco Antonio García de Paz en primer término. / PABLO LORENZANA

Bajo la dirección de Marco Antonio García de Paz, las agrupaciones ofrecieron versiones pulcras y esmeradas de la polifonía religiosa desde el siglo XVI al XX El León de Oro y el Grupo Vocal Kea celebran los 125 años del Teatro Campoamor

OVIEDO.

El 17 de septiembre de 1892, con la representación de la ópera 'Los hugonotes', de Giacomo Meyerbeer, se inauguró en Oviedo el Teatro Campoamor. Ayer, ciento veinticinco años después, el Coro León de Oro, que celebra este año los veinte años de su fundación, junto con el Grupo Vocal Kea, bajo la dirección de Marco Antonio García de Paz, conmemoraron con un concierto dedicado íntegramente a la polifonía religiosa, el aniversario de un teatro que desde hace más de un siglo, enriquece la vida cultural de Asturias. Previamente al concierto, en el vestíbulo del teatro, el alcalde de Oviedo, Wenceslao López y el concejal de Cultura Roberto Sánchez Ramos descubrieron una placa homenaje a Leopoldo Alas 'Clarín'. El autor de 'La Regenta', entonces concejal del Ayuntamiento de Oviedo, propuso que el teatro llevase el nombre de Ramón del Campoamor.

Bajo el título 'El esplendor de la polifonía', el León de Oro y el Grupo Kea interpretaron un programa vocal sacro, de diferentes estilos históricos. Una característica muy notable del coro luanquino es, precisamente, la versatilidad vocal y estilística, que les lleva a abordar, con rigor y pasión, repertorios variados.

En el concierto de ayer, bajo la firme dirección de Marco Antonio García de Paz, se ofrecieron versiones pulcras, esmeradas, de la polifonía religiosa desde el siglo XVI al XX. Un programa formado en la primera parte por piezas renacentistas de Orlando di Lasso ('Lamentación de Jeremías') y Tomás Luis de Victoria ('Regina Caeli'); el 'motete Beati quorum vía' del compositor postromántico Charles Villiers Stanford, y obras contemporáneas de Gustav Holst ('Nunc dimittis'), Alfred Schnittke ('Tres piezas sacras'). En la segunda parte, se interpretó la bellísima y vocalmente monumental 'Misa a capella para doble coro', de Frank Martin.

La afinación perfecta, el equilibrio de las familias vocales y el empaste de los coristas, son rasgos indiscutibles del León de Oro. A ello hay que añadir cierta presencia y colocación escénica que crea algo muy peculiar y siempre buscado por este coro asturiano: los efectos de estereofonía y de contraste. De la primera parte, la interpretación del motete a cinco voces 'O vos omnes', de Lasso, con el coro reducido a su versión camerística, fue de una dulzura deliciosa. Tal vez a los 'Aleluyas' de la obra de Victoria resultaron excesivamente comedidos, limando demasiado el carácter exultante de la obra. Bien dibujado ese cariz propio de la liturgia ortodoxa en la obra de Schnittke, y un fraseo correctamente ligado en la obra de Stanford.

Sin embargo, la obra señera del recital fue la misa de Frank Martin, una obra que en cierta manera reinterpreta a Bach y el barroco, desde una visión contemporánea. La viveza rítmica, los contrastes corales, la variedad expresiva se proyectaron en una versión intensa y llena de relieves de esta gran obra de Martin.

Tras los aplausos, el Grupo Kea desde el escenario, y los coristas del León de Oro bordeando el patio de butacas, interpretaron una obra curiosísima: «Inmortal Bach», una deconstrucción de una frase de Bach que acaba envolviendo el teatro. Sorprendente final de este concierto de aniversario.

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