La estrella de Bruno Mars

De oro. El artista estadounidense posa con su cosecha de gramófonos tras la gala. /  AFP
De oro. El artista estadounidense posa con su cosecha de gramófonos tras la gala. / AFP

Las reivindicaciones a favor de los 'dreamers' (deportados) y del #MeToo impulsaron una gala que premió sobre todo a hombres El hawaiano se lo lleva todo en unos Grammys donde Clinton se rió de Trump

ISABEL IBÁÑEZ / ICIAR OCHOA DE OLANO

El mismísimo presidente de los Estados Unidos calentó la gala de los premios Grammy 2018 que se celebrabó en Manhattan. Trump dedicó uno de sus tuits al rapero Jay-Z, marido de Beyoncé y uno de los músicos que optaban a más galardones (ocho y no se llevó ninguno), molesto porque había criticado en una entrevista en la CNN que su Gobierno pretenda lograr la felicidad de sus ciudadanos llenándoles los bolsillos: «Porque al final del día no se trata de dinero. El dinero no equivale a la felicidad. No es así. Tratar a las personas como seres humanos. De eso se trata». Y ante esto Trump pareció bramar desde Twitter gracias al empleo de las mayúsculas: «Que alguien por favor informe a Jay-Z de que, debido a mis políticas, se acaba de conseguir que el desempleo de los negros esté ¡en la TASA MÁS BAJA JAMÁS REGISTRADA!».

Es por eso que cuando el también rapero Kendrik Lamar, el otro triunfador de la noche junto a Bruno Mars, salió a recoger las cinco estatuillas que le había 'robado' a Jay-Z en el duelo que les enfrentaba, acabó gritando «Jay-Z for president!», ante el asombro de este, que acabó siendo el gran perdedor de la noche. El momentazo Trump no acabó ahí; Hillary Clinton apareció en una gran pantalla para leer fragmentos del libro 'Fire and Fury', de Michael Wolff, sobre el primer año del republicano en la Casa Blanca. En concreto, el pasaje donde se cuenta que siempre come en McDonalds por miedo a ser envenenado.

Todo esto no fue, sin embargo, lo más 'marciano' de la noche, porque la gala fue entera del hawaiano con apellido de planeta rojo, Bruno Mars, el mismo que hace bailar a medio mundo. Seis estatuillas -las más importantes- logró gracias a su álbum '24K Magic'.

Pero lo más interesante de la noche de los Grammy siempre son las polémicas. Y las hubo. La cantante cubana Camilla Cabello quiso acordarse de los 'dreamers' (soñadores), como se conoce a los cientos de miles de inmigrantes indocumentados llegados de niños a los Estados Unidos y que se han convertido ahora en objetivo prioritario de la Administración Trump para expulsarlos del país.

En esa misma onda se expresó el veterano grupo U2, que, liderado por Bono, cantante y activista, no podía quedarse sin su cuota de crítica: el líder de la banda, armado del megáfono que tanto le gusta, fue recordando uno por uno los países a los que Trump llamó recientemente «agujeros de mierda».

El hecho es que las burlas, críticas e ironías vertidas sobre el presidente norteamericano y sus políticas llegaron a ensombrecer el otro relato pendiente, el del #MeToo. Muchas de las asistentes acudieron a la gala más discretas que en ediciones anteriores. Rosas de color blanco en solapas y vestidos invitaban a reflexionar sobre el acoso a las mujeres.

Pero nada de esto convenció a la neozelandesa Lorde; nominada al álbum del año, se negó en redondo a actuar en la gala y a desfilar antes de la ceremonia en protesta porque no la dejaron actuar en solitario como a la mayoría de sus contrincantes hombres. Pero al final resultó que los premios del año del #MeToo fueron a parar en su mayoría a manos masculinas. La que sí logró un hito fue Shakira. La colombiana logró convertirse en la primera artista femenina en llevarse en dos ocasiones el premio al mejor álbum pop latino. La primera vez fue hace nada menos que diecisiete años.

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