De estreno en el Auditorio Nacional

Manuel Martínez Burgos imparte clases de Composición en el Conservatorio de Oviedo. / ALEX PIÑA
Manuel Martínez Burgos imparte clases de Composición en el Conservatorio de Oviedo. / ALEX PIÑA

Manuel Martínez Burgos, catedrático en Oviedo, presenta una obra sinfónico coral | La Orquesta y Coro de la Comunidad de Madrid pondrán por vez primera en escena la pieza titulada 'Geroglífico d'amore'

M. F. ANTUÑA GIJÓN.

Está en capilla, feliz y contento, ansiando que llegue el día en que más de un año de trabajo solitario, con el piano, con el ordenador, de pensamiento, de abstracción, de buscar las notas y las palabras justas con las que transmitir, llegue a oídos del público. Manuel Martínez Burgos (Madrid, 1970), catedrático de Composición del Conservatorio Superior de Música de Oviedo, estrena el martes en el Auditorio Nacional una obra sinfónico coral. Se hará bajo la batuta de Víctor Pablo Pérez, que dirigirá a la Orquesta y Coro de la Comunidad de Madrid.

«Es un encargo de la Comunidad de Madrid. Llevo trabajando en la obra un año y este el resultado final. Lo importante es que por fin llega al público», apunta el compositor afincado en Oviedo desde el pasado mes de septiembre en que se hizo con la cátedra. Cada año, desde la Consejería de Cultura madrileña se hace un encargo a un compositor para que lo estrene la Orquesta y Coro y en esta ocasión le tocó a él. Tampoco es extraño que fuera el elegido: es el compositor más premiado de su generación. Formado en el Real Conservatorio Superior de Música de Madrid, donde obtuvo los títulos superiores de Composición, Dirección de Orquesta, Guitarra, Pedagogía y Musicología, amplió su formación en Alemania, Estados Unidos y Francia. Es además doctor en Historia y Ciencias de la Música por la Universidad Autónoma de Madrid y está ligado estrechamente a la Universidad de Oxford, donde es profesor tutor de Composición y en la que colabora en la realización de un segundo doctorado sobre la prosodia. «Creo que sí es cierto que soy el compositor español más premiado, pero ha sido más que nada por lo malo que soy gestionando mi obra. Cualquier artista tiene que vender su trabajo, ir de un despacho a otro y demostrar que es buenísima, pero yo en eso soy muy malo y lo que hago es que me encierro en casa, veo los concursos que hay en perspectiva y me pongo a componer».

Una veintena de galardones le avalan. Entre ellos, destacan el primer premio Osgood Memorial de la Universidad de Oxford; el primer, segundo y tercer premio del Concurso Internacional de Composición Fundación BBVA-Auditorio Nacional de España; el primer premio Isang Yun y el segundo premio del Concurso Internacional de Composición Jean Sibelius.

Su pasión por componer es inagotable. Y lo es también el estudio de la prosodia, a la que alude precisamente la obra que se estrenará en Madrid y que lleva por título 'Geroglífico d'amore', que se basa en textos de la tradición griega y latina y busca con su partitura ser una mirada hacia el amor y a sus diferentes significados en el mundo clásico. «Es una obra para coro y orquesta, una especie de cantata con textos muy variados que hablan sobre el amor en la Grecia clásica. Nosotros tenemos los conceptos de amor fraternal, erótico, de amigos, pero tenemos que poner algo al final para clasificarlos», introduce Manuel Martínez Burgos, que alude después a su interés por la filología y la semántica, que le ha llevado a descubrir que más allá del 'eros'. Los griegos tenían sus palabras concretas para aludir a esos amores dispares. El amor divino es 'agape', el que se tiene a uno mismo, 'philautia'. De ahí parte su reflexión. «Ellos tienen un termino específico para cada tipo de afecto, tenían una precisión en el lenguaje muy fuerte: eso me llamó mucho la atención y empecé a investigar textos». Y esos textos en latín y griego se incorporaron a la cantata.

«Yo creo que lo más difícil es centrar las ideas y organizarlas. Cuando te dedicas a esto, te dedicas porque de pequeño tienes mucha creatividad. Que salgan ideas es fácil, pero lo difícil es organizarlas y que tengan un sentido para quien las va a escuchar». Esa fue su misión, que cumplió uniendo con tino palabras y notas. «Normalmente siempre empiezas con esta idea primigenia, la vas metiendo en borradores, luego vas orquestando», relata el músico, para quien el proceso siempre se inicia al piano y respaldado por el ordenadores -hoy en día lo habitual es contar con editores musicales-. Requiere una capacidad de abstracción inmensa ser capaz de pasar del sonido de un solo instrumento a todos los que han de sonar en una orquesta, obrar el milagro de decidir qué habrán de hacer los 80 músicos de la orquesta y las 40 voces que componen el coro. «Es como construir un edificio. Tienes un plano y le vas poniendo las piedras», resume.

Movimientos y temáticas

Su obra está organizada en movimientos y cada uno tiene una temática. «El primero es el amor religioso, luego están el amor a la familia, a los amigos, al amor erótico, después al amor a uno mismo, y se cierra con un epílogo», relata. «Es un tema musical que va pasando por diversos tamices, colores, van transformándose en función de las energías. Es como una melodía que vas coloreando como la vida misma, tenemos sentimientos y se van transformando».

Esa obra individual durante tanto tiempo se convierte en colectiva cuando las partituras y partichelas llegan a cada instrumentista, cuando arrancan los ensayos y músicos y cantantes se ponen manos a la obra. Ese proceso se acaba de iniciar en Madrid. El coro ya ensaya con piano y cuando esté asentado el trabajo se incorporará la orquesta. Manuel vivió el inicio del proceso desde la distancia, aunque estará en Madrid para ser testigo de la parte final antes del estreno.

Feliz de estar en Oviedo - «Asturias es un súper paraíso»-, una ciudad musical donde las haya, con dos orquestas y una programación musical de lujo, asegura que el nivel del conservatorio y de sus alumnos es altísimo. Solo lamenta que, pese a catalogación de formación superior, se les trate como profesores de Secundaria. O, dicho de otra forma, que un estreno en el Auditorio Nacional no se considere igual que la publicación de un estudio en una revista o dar una conferencia. «Necesitamos un marco legal que nos acerque un poco más a la Universidad», apunta.

Después del estreno en Madrid, tiene la agenda repleta. El 3 de marzo estará en Oxford, donde la filarmónica de la ciudad interpretará una composición suya. «Es una obra en la que hago que la orquesta, en vez de tocar, tenga que recitar poesía». No es tan difícil de entender como parece: «Técnicamente escribo lo que sería para mí la rítmica natural de un verso», apunta. En abril y en mayo también sonarán piezas suyas en Madrid. De momento, en Asturias no hay nada en su agenda: «Como acabo de llegar, no he tenido tiempo de hacer nada por aquí. Espero hacer cosas».

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