Exquisita fusión de palabra y música

Carlos Prieto, con su inseparable violonchelo, en la capilla de la Universidad de Oviedo. /  PABLO LORENZAAN
Carlos Prieto, con su inseparable violonchelo, en la capilla de la Universidad de Oviedo. / PABLO LORENZAAN

La capilla de la Universidad aplaudió la genial intervención del artista, uno de los mejores intérpretes del mundoEl chelista Carlos Prieto habla de su vida y ofrece un pequeño concierto en Oviedo

DIEGO MEDRANO OVIEDO.

Santiago García Granda -rector de la Universidad de Oviedo- y Cosme Marina -director de los Premios Líricos Teatro Campoamor- reconocieron en Carlos Prieto -violonchelista de carrera internacional, escritor de varios libros memorialísticos- una vuelta a casa con su visita a Oviedo. Sus padres se enamoran en tal ciudad -ella francesa, él español-, tuvieron un tiempo de asentamiento en la misma y pronto emigraron a México. Marina destacó su carrera, donde las dotes interpretativas siempre fueron parejas al discurso literario; su presencia en los circuitos internacionales más prestigiosos no quitaron un ápice a su curiosidad renacentista, siempre enfrentado a la música como motor social y de cambio en todo tipo de sociedades descubiertas desde la más tierna infancia.

Su padre violinista -licenciado en Derecho por la Universidad de Oviedo- le prepara desde los cuatro años para su carrera musical: el Cuarteto Prieto -conjunto familiar- necesitaba un violonchelista y no cabía otra meta. Recordó el protagonista, emocionado, sus conciertos en el Teatro Filarmónica, Teatro Campoamor, Laboral o el Auditorio Príncipe Felipe después de recorrer medio mundo (Iberoamérica, Europa, China, Unión Soviética, etc). Su último libro de memorias lleva por título 'Mis recorridos musicales por el mundo. La música en México y notas autobiográficas' y en él se recoge toda la tradición precolombina, su trato con grandes personalidades literarias (Álvaro Mutis, García Márquez, Carlos Fuentes), sus viajes internacionales, significativas anécdotas y una serie de apéndices donde se profundiza en un sinfín de materias orquestales y de temática clásica. La más completa historia de la música mejicana hasta la fecha unida a la cultura siempre como presencia ineludible a la hora de ser testigo de un sinfín de cambios políticos en medio mundo.

Carlos Prieto (Ciudad de México, 1937) es el violonchelista más importante, junto con Rostropóvich, a escala planetaria. Acaba sus estudios escolares a los dieciséis años -los musicales jamás fueron abandonados- y pronto entra en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (Estados Unidos). Cursa una ingeniería en metalurgia, con especial relevancia de economía y matemáticas. Es, asimismo, por aquel tiempo, el primer 'chelo' de la orquesta universitaria. Ahí comienza su inmersión, ya mucho más que un amateur, en la obra del compositor ruso Dmitri Shostakóvich: no entiende la mediocridad de algunas piezas -los cuartetos- en comparación con el resto de su producción. Se ve imbuido por la cultura rusa, que analiza con método científico, y pronto comienza a tratar, por medio de sus padres, a un ruso que llevaba fuera de su país cincuenta años: Igor Stravinsky, completamente repudiado de la música soviética y ajeno por entonces a la Rusia precomunista. Lleva a Stravinsky a los toros en México, como Picasso lo llevaría en los años 20 en España, y su figura octogenaria, recibiendo un último homenaje en su tierra tras el interminable exilio, sería siempre emblema y magisterio de una forma muy específica de componer y enfrentarse a las dificultades.

El músico, con la sonrisa siempre en la cara, recordó emocionado su paso por Asturias

Estados Unidos, Rusia, China... los avisos telegráficos en clave de sus padres en aquellos países donde la situación política pecaba de compleja («El tío está muy enfermo. Acude a visitarlo») y su negativa a irse de los mismos («Mi tío muy mejorado. Aquí me quedo») aún con confrontaciones nucleares de por medio (conflicto Estados Unidos-Cuba-Unión Soviética). Sus viajes (facturando un billete para el instrumento hasta ponerle un nombre su mujer al mismo, Chelo Prieto, para así evitar confusiones) y unos ojos siempre abiertos a la realidad conforman la vida de un creador para quien la vivencia musical no ha dejado de estar contaminada de curiosidad, tenacidad y deseo de aprender en todos los órdenes aquello mismo que, por azar o necesidad, se estaba viviendo.

Su condición de profesor emérito, de músico celebradísimo, de ingeniero colmado de honores, no son merma para quien tocar e interpretar es la mayor pasión a la que concibe entregarse. Familia, amigos, espectadores, ovacionaron al protagonista en las partes más destacadas de su intervención en la capilla de la Universidad de Oviedo, presididas por el humor y la sonrisa permanente.

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