El Festival Música Antigua desborda el CCAI

Eduardo Paniagua y su cuarteto derrocharon talento y sensibilidad en el concierto ofrecido ayer. / FOTOS: PALOMA UCHA

Eduardo Paniagua y su grupo derrocharon talento en el concierto inaugural ante una sala abarrotada en la que hubo que habilitar asientos en la parte alta

ANA SOLÍS GIJÓN.

Música, interpretación e Historia son los elementos perfectos para celebrar una buena fiesta cultural. Y esos son los ingredientes del Festival de Música Antigua que, entre conciertos, talleres y conferencias, celebra desde ayer su veinte cumpleaños. Por ese motivo, el Centro de Cultura Antiguo Instituto, sede del certamen, se llenará, hasta el próximo domingo, de actividades culturales diversas con las que vincular al público con el pasado y hacerle disfrutar de la belleza de su música.

El festival empezaba a las 12 del mediodía con una novedosa actividad nunca antes incluida en el programa: 'Antiqvo rural'. Un itinerario por las parroquias rurales que tiene la intención de acercarles la música antigua, además de brindar la oportunidad a los participantes de disfrutar de los bellos paisajes y la riqueza patrimonial de la que goza el entorno gijonés. La parroquia de Santurio fue la elegida para esta primera vez.

La inauguración oficial llegó algo más tarde, a las 18.30 horas. El encargado fue el singular músico Eduardo Paniagua, que protagonizó un encuentro con el público en el patio del Antiguo Instituto donde, de forma cercana y carismática, resolvió todas las dudas sobre música medieval, su especialidad. El artista madrileño, arquitecto de profesión, ha pasado muchos años investigando esta variedad hasta convertirse en una de las figuras más destacadas y activas de nuestro país.

Tras las palabras, llegó el momento más esperado de la jornada: el concierto inaugural 'Cántigas del mar Cantábrico. Alfonso X el Sabio', interpretado por Paniagua y los restantes miembros de su cuarteto. Todos ellos aparecieron ante un abarrotado patio de butacas -tuvieron que habilitarse más asientos en la parte superior-, sentados en el centro del escenario, equipados con sus instrumentos medievales. Aunque el músico prefiere «romper el silencio con música», tras un breve saludo, comenzó introduciendo a los espectadores en la «curiosa historia que hay detrás de los sonidos» que iban a escuchar.

Ojos cerrados, cuerpos echados hacia adelante en las butacas y alguna lagrimilla. Entre los asistentes solo hubo palabras de agradecimiento hacía la pasión y dedicación demostrada por los músicos, pero no así para la organización, para la que hubo críticas por el sonido escaso y lo reducido del aforo. «No pensaron en todos los que disfrutamos con esto», manifestó una espectadora. La queja quedó dicha y diluida por la belleza de la música.

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