Las fieras de la armonía

El coro El León del Oro, durante su concierto de ayer en el teatro Jovellanos. / P. CITOULA
El coro El León del Oro, durante su concierto de ayer en el teatro Jovellanos. / P. CITOULA

El León de Oro ofrece un concierto lleno de misterio y esplendor polifónico en el Teatro Jovellanos

RAMÓN AVELLO GIJÓN.

Con toda la belleza vocal de la polifonía sacra y una gran variedad en la presencia escénica, el coro El León de Oro celebró ayer en el Teatro Jovellanos el XX aniversario de su fundación, con un concierto organizado por la Sociedad Filarmónica de Gijón, que cuenta con el apoyo del Aula de Cultura del diario EL COMERCIO. El laureado coro de Luanco interpretó, bajo la dirección de Marco Antonio García de Paz, un programa original, difícil de cantar y no fácil de escuchar, sin concesiones a la galería. Interpretar con rigor, verdad estilística y una bella sonoridad repertorios variados y poco trillados como el que ayer se escuchó en el Jovellanos, constituye una de las señas de identidad de este coro. Bastante público se acercó al teatro, con más de media entrada, y aplaudió agradecido la calidad del concierto.

El coro de Luanco posee una cuidada presencia escénica al servicio de efectos estereofónicos y contrastes policorales de las obras. Por ejemplo, la primera obra del programa. Varios coristas estaban en el pasillo central, enfrentados al resto del coro en el escenario. Estos coristas centrales proyectan siempre una nota similar a la del bajo de un arpa, que va creando un espectro sonoro espacial. Otra formación es en las obras de Tomás Luis de Victoria, en la que el coro se divide en dos partes, de cuatro voces cada una, creando ese efecto de policoralidad.

Abrió el concierto el coral 'As one who has slept', (Como alguien que ha dormido), del compositor británico contemporáneo, John Tavener. Concentración, claridad de emisión y equilibrio entre las texturas vocales fueron las cualidades de una obra de una delicada espiritualidad.

El 'Ave Verum Corpus', de Byrd, y los motetes 'Super flumina Babylonis' y 'Regina Coeli', de Tomás Luis de Victoria, centraron la parte de la polifonía del Siglo de Oro. Polifonía a ocho voces muy bien matizada, especialmente en las cadencias finales.

Arvo Pärt posee un estilo propio muy reconcentrado, repetitivo y estático. Del compositor estonio se escucharon dos obras: 'Virgencita', himno dedicado a la Virgen de Guadalupe, como se repite quedamente en las voces de los coristas, y el 'Nunc dimitis' (Ahora dejas). Especialmente aplaudida fue la primera de estas obras, una especie de plegaria.

La segunda parte estuvo dedicada casi en su totalidad a la música del siglo XX. Desde los ecos vanguardistas de Knut Nystedt, con la obra 'Inmortal Bach', toda una muestra de «deconstrucción musical» de un motivo coral de Juan Sebastián Bach, hasta la expresiva música de Rachmaninov o la concentrada y bellísima obra de Arnesen. Un concierto coral intenso y de una alta calidad y comunicación.

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