Cuando la fiesta está en todas partes

LA M.O.D.A. La banda burgalesa ofreció su cóctel de sonidos en la carpa de la plaza del Ayuntamiento. / AURELIO FLÓREZ
LA M.O.D.A. La banda burgalesa ofreció su cóctel de sonidos en la carpa de la plaza del Ayuntamiento. / AURELIO FLÓREZ

El Gijón Sound repartió la animación, la música, la literatura y el teatro por diferentes espacios | El concierto de la Maravillosa Orquesta del Alcohol fue uno de los platos fuertes de una jornada ecléctica de la mañana a la noche

PABLO ANTÓN MARÍN ESTRADA GIJÓN.

El Gijón Sound Festival vivió ayer su jornada más intensa desplegando un apretado y diverso programa de actividades que se vio acompañado por el buen tiempo y la presencia masiva de visitantes en la ciudad. Conciertos, teatro, cine, literatura o gastronomía formaban la variada oferta que se extendía desde la céntrica Plaza Mayor hasta las instalaciones de La Laboral y cuya acogida de público sirvió para consolidar esta cita como uno de los acontecimientos del calendario cultural gijonés.

La espina dorsal del festival y su verdadera razón de ser es la música en vivo. Sus señas de identidad se nutren del eclecticismo de estilos, sonidos y ambientes, una diversidad perfectamente plasmada en el cartel que se pudo ver en su penúltima jornada. Uno de sus epicentros se localizaba en el espacio Mahou de la Plaza Mayor con la actuación de La M.O.D.A., una banda tan inclasificable como estimulante en su manera de reinterpretar las raíces de la música popular del siglo pasado en un tiempo que no por nuevo las ha olvidado.

Los burgaleses, cuyo nombre es el acrónimo de La Maravillosa Orquesta del Alcohol, exhibieron anoche en su concierto playu todas las armas que les han hecho merecedores de ser considerados uno de los grupos más singulares del panorama español por sus directos, el formato donde mejor pueden rentabilizar su apuesta por el acústico de alto voltaje, en estela de bandas como Los Pogues, Mano Negra o los Waterboys.

Con siete años de rodaje por los escenarios y tres álbumes en el mercado, la banda liderada por el cantante David Ruiz y su compañero de pilotaje Alvar de Pablo, se ha convertido en una referencia internacional de un tipo de música que algunos definen como post-folk y que a la inmensa mayoría de sus seguidores les dice menos que la honesta contundencia de su sonido en vivo o en estudio. Una buena muestra del primero pudo disfrutarlo anoche el público que acudió a su concierto. En él no faltaron ninguna de las claves que marcan la trayectoria del conjunto desde sus inicios, con su económica frescura, hasta el momento actual, subrayado por una mayor ambición sonora y ejemplificado en su último disco 'Salvavida' (2017).

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Los burgaleses se encontraron con una carpa llena y un público entregado desde el primer tema que coreó, bailó y botó al ritmo de canciones como 'La cuerda floja', 'Amanecederos', 'Naufragar', 'Catedrales' o 'Amoxicilina'. Un repertorio que llevó al delirio a su legión de incondicionales a quienes bastaba oír los primeros acordes de cada tema para quitárselo de la boca a David Ruiz y su banda y hacerlo suyo.

En la recta final del concierto llegó 'Flores del mal', que contribuyó a enardecer aún más el ambiente. Aún vendrían 'Vals de muchos' y 'Océano', con su declaración de himno generacional: «La vida no es como la veías en las películas». Todavía había energías que derrochar con temas como 'Vasos vacíos' y 'Los hijos de Johny Cash', la pieza que quizá más les identifique, y en él a sus muchos seguidores, vástagos también de esa estela de música errabunda y aventurera.

Y si la actuación de La M.O.D.A. supuso uno de los puntos álgidos del programa de ayer en el Gijón Sound, la jornada entera estuvo marcada por el disfrute a la carta de esa heterogénea oferta que constituye la esencia del festival. En la sesión vermut, el dúo L-R, formado por Leticia González (voz y pandereta) y Rubén Bada (guitarra eléctrica), petó la carpa de la Plaza Mayor poniendo a danzar al personal con su atractiva deconstrucción de la música tradicional asturiana. El buen sabor de boca dejado por la pareja de músicos y el ambiente predispuesto fueron bien aprovechados por Bigott (Borja Laudo) y su banda para llevar al público de la carpa a solazarse con sus desopilantes canciones y su contagiosa energía, no aptas para aburridos.

El recinto de Laboral centró igualmente algunas de las propuestas más sugerentes del cartel musical con las actuaciones de María Arnal i Marcel Bagés, Buen Suceso y Ala.ni, otro botón de la diversa muestra del festival y también del amplio abanico de sonidos que presenta la actual escena española. En otro punto de la ciudad, la Sala Albéniz, repetía cartel Pablo Und Destruktion y nuevamente volvía a sorprender con su inconfundible directo, cada vez más descarnado y exigente. Le seguirían en las tablas los Seaford Mods, mientras Texxcoco cerraban la noche en la Sala Memphis. Hoy al mediodía aún habrá ocasión de tomarse un aperitivo con The Limboos y Alfredo Alzueta dj en la Plaza Mayor.

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