De la furia desatada al lamento conmovedor

Franco Fagioli, anoche, en pleno concierto en Oviedo. /  P. LORENZANA
Franco Fagioli, anoche, en pleno concierto en Oviedo. / P. LORENZANA

La V Primavera Barroca empieza a lo grande en Oviedo con Il Pomo d'Oro y Franco Fagioli, que acabó cantando con el público

RAMÓN AVELLO OVIEDO.

Franco Fagioli, acompañado por el conjunto italiano Il Pomo D'Oro, abrió ayer en Oviedo la V Primavera Barroca, un ciclo firmemente consolidado de música antigua patrocinado y organizado por el Centro Nacional de Difusión Musical con la colaboración del Ayuntamiento de la capital. Ante un público que llenaba la Sala de Cámara del Auditorio Príncipe Felipe, el contratenor argentino ofreció un expresivo paseo por una selección de las arias de las óperas de Haendel. Un programa amplio, en el que se intercalaron arias de bravura, arias lentas y sonatas instrumentales a cargo de Il Pomo d'Oro. El público abarrotaba la sala y quedó encantado rápidamente por la empatía del contratenor y por su calidad musical.

No es la primera vez que Il Pomo d'Oro, grupo fundado por Riccardo Minasi en el 2012, actúa en Oviedo. Además de haber participado en otras temporadas de la Primavera Barroca, hace aproximadamente un año se pudo escuchar a este conjunto italiano en el Auditorio Príncipe Felipe acompañando a la mezzo Joyce di Donato. Tienen un gran empaste y una sonoridad muy equilibrada, así como un sentido del tiempo y el compás muy marcados. Fueron seis instrumentistas los que se presentaron en Oviedo, y además de acompañar al contratenor interpretaron con gusto varias sonatas de Haendel.

De la voz de Franco Fagioli llama la atención su tesitura amplia y homogénea, desde el falsete al registro de pecho. La técnica respiratoria, impresionante -le permite alargar los fraseos en las cadencias y coronar la línea melódica-; los ataques, certeros, y la línea de canto elegante y bien ligada son cualidades específicas al servicio no solo de la expresión, sino también de lo espectacular y lo escénico. Las arias de bravura, con un virtuosismo en el que pasaba de una voz de pecho casi grave a registros más agudos, fueron pirotecnia vocal pura. Tuvo momentos gloriosos, como el 'Sento brillar nel sen'. En contrapartida, los lamentos, en sentido expresivo, los escuchamos en 'Cara sposa' o en la propina final, el 'Lascia ch'io pianga', en la que invitó al público a cantar con él para cerrar el recital y, sorprendentemente, este le acompañó con una buena afinación. Fue íntimo, sobrecogedor, conmovedor... y después hubo varios minutos de aplausos. Un gran concierto.

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