La heterodoxia creativa de un gaitero universal en Lorient

Hevia en plena actuación en el Estade Moustoir. /
Hevia en plena actuación en el Estade Moustoir.

A. P. LORIENT.

Se declaraba Hevia, antes del concierto de presentación urbi et orbi de 'Al son del indianu', que ha traído al Festival Intercéltico de Lorient, «excitado y curioso». Han sido dos años y medio de fecunda creación para dar a luz estas singulares composiciones que juntan la sal y el son del Cantábrico, el Caribe y el Atlántico. Y el marco del estreno, en el Espace Marine, carpa gigantesca donde se sitúa el escenario más multitudinario del certamen bretón, aunque no llegó a rebosar, alcanzando poco menos de unos dos tercios, acostumbra a estar poblado de exigentes devotos de la gaita. De ahí la curiosidad del músico de Villaviciosa. Triunfó.

La propuesta de 'Al son del indianu', sin duda, requiere mentalidades abiertas a las novedades. Y, desde el principio, con 'El berrido', demostró que los aires latinos y las esencias tradicionales asturianas hacen una pareja perfecta. Incluso cuando media «una pequeña provocación», como en 'Bachata para un intermedio', desacralizando una pieza religiosa. 'Carretera d'Avilés' se hizo dulcísima. En 'Guantanamera' recordó a Julián Orbón; con 'Alborada merengada' inventó el 'merengate', redescubrió el tango mediante 'El día que me quieras en La Habana' y de nuevo a Carlos Gardel en 'Volver al bolero'. Por el medio, hizo de 'Asturias', de Albéniz, un chachachá y el tema central, 'Al son del indianu', adquirió sonido de orquesta monumental, viento, percusiones, piano, bajo y gaita tradicional y electrónica. Hevia es un heterodoxo. El arte no puede ser otra cosa.

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