Luz Casal: «No sé si logro expresar bien lo importante que es Asturias en mi vida»

Luz Casal: «No sé si logro expresar bien lo importante que es Asturias en mi vida»
Luz Casal. / EFE

La cantante actúa este sábado en el Teatro Campoamor con casi todo el papel vendido

A. VILLACORTA

Al igual que la voz que la ha convertido en la gran dama del pop español, no es Luz Casal (Boimorto, La Coruña, 1958) una mujer de blancos y negros, de banderas, etiquetas y eslóganes, sino de matices sutiles. Esta mujer que huye de las generalidades y las imposiciones, llega este sábado (21 horas) al Teatro Campoamor con casi todo el papel vendido y con 'Que corra el aire' en la garganta, un disco cuyo título es una declaración de intenciones, una oda al individualismo bien entendido, una defensa de la soledad elegida frente a la exposición excesiva. A punto de entrar en los sesenta, ha entendido que, a estas alturas de una carrera incontestable, «no pasa nada» por casi nada: «Porque me mire el ombligo, por recluirme en un lugar en el que me sienta protegida, en el que no me van a molestar con cosas que no me interesan, donde poder estar con mis libros, mis discos y mi pasado».

-¿Cómo está?

-Muy bien (Ríe).

-¿Tiene algo que ver su regreso a Asturias, donde tanto se la quiere?

-Mi vida, mi formación y mi memoria están tan relacionadas con Asturias que sentir que la gente me aprecia y que soy bien recibida todo el rato es un honor. No sé si expreso mi agradecimiento lo suficientemente bien para hacerle llegar a todo el mundo la importancia que tiene esa tierra en mi vida.

-¿Queda algo de aquella niña que se subió a un escenario por primera vez en Gijón con un vestido plateado que le hizo su madre y descalza por olvidarse los zapatos?

-Claro. La infancia es muy importante. En mi caso, Gijón, Oviedo y, sobre todo, Avilés -por no meternos en honduras de Castrillón y otros lugares- son tres ciudades importantísimas. Y no solo en mi vida sentimental, sino también profesional. En Oviedo conté con mucha gente que me ayudó, en Gijón tuve mi primera profesora de canto, mi primera escuela de música... Si empiezo a tirar de la memoria, Asturias es básica en mí.

-Después de cuatro décadas triunfando en todo el mundo, ¿ha pasado ya la época de pedir disculpas y de tener inseguridades?

-Tengo inseguridades todo el tiempo relacionadas con mi capacidad como músico e intérprete, pero las considero necesarias porque significan que te metes en aventuras. Yo siempre quiero ir más allá. Si me quedase en lo que ya sé que funciona, esas inseguridades no existirían, pero la verdad es que me encuentro en un momento estupendo (Ríe). Podría decirlo más enrevesadamente, pero tengo armonía entre lo que deseo y lo que recibo.

-¿Hay una Luz antes y otra después del cáncer?

-No. Es un capítulo más de mi vida, de mi desarrollo. No me he transformado en algo que no era, pero, a lo mejor, soy más sensible en ciertas cosas, tengo una comprensión mayor sobre la fragilidad de la existencia y las personas.

-¿De dónde se sacan las fuerzas para cantar en Málaga solo dos días después de la muerte de una madre?

-No lo sé. No tengo ni idea. Pero sé que se sacan porque hay mucha gente pendiente de ti, de tu pena. Por un lado, tenía que asumir mi responsabilidad con el público. Por otro, hay una frase que es fantástica: «The show must go on». Y luego también era una manera de combatir el dolor.

-¿Le ha perjudicado alguna vez ser mujer?

-Es una condición de la que no puedes escapar. Así que, cuando por nuestra educación y por las normas que definen 'esto para ti' y 'esto para mí', he tenido que trastocar lo que parecía inamovible, lo hice sin preocuparme de si era un esfuerzo supremo.

-De lo que sí huye es de polémicas estériles...

-Huyo de la frivolidad de tomar partido sin saber. Hablar del átomo cuando en materias como la física, la química, las matemáticas o la astronomía soy una perfecta ignorante me parece cosa de idiotas y a mí no me gusta ser una idiota. Es de una frivolidad alarmante. Sobre todo, cuando tu opinión puede inclinar la balanza de un lado o de otro. Por ejemplo, no puedo hablar del estado de la investigación en España cuando solo conozco la opinión de María Blasco y de Carlos López-Otín aunque sean dos investigadores enormes.

-De la oficialidad del asturiano entonces ni le pregunto...

-A mí me parece que en la vida hay cosas que son inamovibles y que tienen que ver con valores. Y luego hay aspectos en los que hay que adaptarse, pero no seré yo quien diga: «Esto debe ser así». Qué sé yo. Yo hablo un bable de andar por casa. Digo '¿cómo ye?' y cosas así. Me pasa como con el gallego y con el catalán. Tengo un conocimiento mínimo. Puedo cantar y hacer entrevistas, pero desde luego no puedo decir que los hablo. No me atrevo.

-Y de la retirada tampoco, porque, para alegría de sus fans, me consta que no entra en sus planes.

-No. Profesionalmente, me queda mucho por hacer. Si no, no estaría en activo. Y eso entronca directamente con lo personal. Si no tuviera interés en la vida, sería una persona gris, triste y aburrida, y soy justo lo contrario. Me quedan muchas cosas por aprender y estoy con mis sentidos abiertos a sorprenderme, a disfrutar cada minuto.

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