«Joaquín Sabina es mi droga»

José Luis Llada sostiene un vinilo y varios CD de Joaquín Sabina. / FOTOS: PALOMA UCHA

El gijonés José Luis Llada, sabinero acérrimo desde 1986, abre las puertas de su ermita particular dedicada al cantautor de Úbeda

PABLO PARACUELLOS

Atan solo un metro del retrato de bodas del gijonés José Luis Llada, en su dormitorio, cuelga de la pared una foto del otro amor de su vida, Joaquín Sabina. En realidad, más de una veintena de marcos que contienen entradas, retratos y dibujos del cantautor de Úbeda forran una de las caras de la habitación; de arriba a abajo. En el medio, rodeado de las imágenes de Sabina, como si del frontal de una ermita se tratara, se encuentra el sanctasanctórum sabinero más solemne y exhaustivo de Gijón. Una estantería tornada en altar presidida en su tope por la firma del cantante tallada sobre madera. En las baldas a rebosar descansan la bibliografía y discografía completas de Sabina. Varias veces, pues Llada tiene más de un ejemplar de cada disco, «hasta cuatro o cinco copias, en función de si es una edición en caja de cartón, de plástico, original, reeditada...», dice mientras, emocionado, enseña las piezas de su colección. Tiene tantas, «más de 400», que parece que no da abasto para contar la historia de cada una de ellas. 19 días y 500 noches sería una buena estimación del tiempo que le tomaría, pero como no dispone de él muestra orgulloso dos bombines originales de Sabina. Uno de ellos le acompaño durante su viaje a Úbeda al concierto inaugural de la gira 'Lo niego todo', que este miércoles llega a la Laboral. En las fotos que relatan su periplo, colgadas en la página de Facebook que gestiona, 'Sabineros de Gijón', Llada luce sonriente paseando por las calles del pueblo de Jaén, además de con el sombrero, con perilla y unas gafas de sol en un intento por caracterizar a su ídolo. «Es que Joaquín Sabina es mi droga, ¿sabes?», asegura mientras posa con cuidado los bombines y coge un vinilo de, precisamente, '19 días y 500 noches', «el disco que marcó un antes y un después en la carrera de Joaquín Sabina». Si lo dice Llada hay motivos de sobra para fiarse, pues conoce al dedillo toda la obra del cantante, poeta, dibujante y actor. «Pero ¡eh! mira, mira...» susurra, crea expectación, y se remanga el brazo izquierdo. Deja a la vista un tatuaje que se corresponde con la foto de Sabina andando de espaldas con unas alas negras que aparece en la contraportada del vinilo favorito de 'el sabinero de Gijón', el mencionado '19 días y 500 noches'. Hace un repaso de toda su colección -«incalculable por su valor emocional»- que incluye, además del 'merchandising', entradas de muchos de los conciertos y recortes de periódicos -incluida la última entrevista publicada hace poco más de una semana en el diario EL COMERCIO- cuidadosamente guardados y recopilados por él; entre páginas de plástico transparente; en gruesos álbumes.

La pregunta del millón: ¿Por qué Sabina? La respuesta, escueta, no va a juego con el resto de la entrevista. «Y, ¿por qué no?», contesta. Más allá de las letras y la música Llada, de 42 años, casado y con dos hijas, asegura que Sabina representa «el estereotipo de vida que yo querría llevar». Los versos del ubetense son puras experiencias vividas por él y Llada reconoce que son la banda sonora de su vida; que le han acompañado en sus noches de bar, en su noviazgo con su mujer -con la que lleva desde los 17 años- y todavía en su día a día. Su pasión, de la que le encantaría hacer su trabajo con un bar temático, le supone tres horas al día de alegrías entre la gestión del club de fans, que reúne a más de 7.000 sabineros de todo el mundo, y la búsqueda por internet de nuevas adquisiciones para su colección. La pieza más valiosa para él es una figura de un botones de cartón que aparece en la portada del disco 'Hotel, dulce hotel'.

Fotos

Vídeos