Mikel Erentxun, cicatrices en la intimidad

Una vista general del salón durante el concierto. :: FOTOS: ARNALDO GARCÍA/
Una vista general del salón durante el concierto. :: FOTOS: ARNALDO GARCÍA

Más de 500 personas disfrutan tras los Fuegos de un concierto del cantante donostiarra en el Real Club Astur de Regatas

M. ROJO

El mar, como un plato, bañaba la bahía de Gijón mientras el humo de los Fuegos Artificiales que daban la bienvenida al día de Begoña remoloneaba en el entorno del Real Club Astur de Regatas a la hora de disiparse. Desde allí habían seguido el espectáculo pirotécnico socios e invitados, que disfrutaron de una opípara cena que, tradicionalmente, se remata con una verbena o, como en este caso, una actuación de relumbrón. En el cartel, nada más y nada menos que Mikel Erentxun, quien junto a Diego Vasallo diese forma a Duncan Dhu y dejase para el recuerdo un ramillete de canciones que, aún hoy, forman parte de la banda sonora de muchas generaciones, como bien quedó demostrado a lo largo de su concierto en el salón principal del club, donde se apretujaban decenas de mesas, con sus respectivas sillas y los espectadores, de traje y corbata ellos, de largo la mayoría de las chicas. Y ante ese panorama, al músico donostiarra no le quedó otra que sacar la artillería pesada para conseguir que se levantasen de sus sillas y se pusiesen e menear las caderas, lo que poco a poco fue sucediendo. De hecho, casi nadie quedaba ya sentado cuando sonó 'Jardín de rosas', la canción con la que cerró el concierto.

Pero empecemos por el principio. Mikel Erentxun, guitarra acústica en mano y con buena voz y mejor sonido para lo complicado que es sonar bien en ese salón, se acompañaba de Fernando Macaya, al bajo, y Karlos Arancegui, a la batería, los dos espectaculares. Poco a poco fue desgranando temas de su nuevo disco y algunos clásicos de siempre, los que enardecían al público. Mikel Erentxun, además de personalidad y saber estar en el escenario, consigue que su guitarra suene brillante, rasguea con intensidad y eficacia y aporta arreglos vocales que modifican ligeramente las canciones para llevarlas al terreno de lo confidencial. Para los bises se guardó el single de 'El hombre sin sombra', la coreada 'Cicatrices'. Después le dio voz a Macaya para hacerle un homenaje a Elvis Presley, por los cuarenta años de su muerte. Y tras las 'Cien gaviotas' que desataron la locura en el club, tocó 'Jardín de rosas'.

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