«El mundo se está volviendo antipático»

«El mundo se está volviendo antipático»

Estará el sábado en el Teatro Jovellanos junto a Víctor Manuel, Dana Raz, la Orquesta de Cámara de Siero y El León de Oro en el concierto de Serondaya

A. VILLACORTA

Andreas Prittwitz (Munich, 1960) aterrizó en España con 17 años y ya nunca se fue. Este saxofonista, clarinetista y flautista dejaba atrás una infancia dedicada a estudiar música, con pocas amistades (ha dicho que era «el raro de la clase») y con un padre que trabajaba en el Instituto Goethe, lo que le obligaba a ejercer de nómada, para sumergirse en el Madrid que se sacudía la caspa del franquismo y descubrir «que se pasaba muy bien por la noche». Ese fue el ‘click’ que hizo que empezase a explorar los terrenos del jazz y a improvisar. Desde entonces, ha tocado con los más grandes: Javier Krahe, Serrat, Miguel Ríos, Sabina, Aute o Manolo Tena, además de ejercer como productor y de formar su propio grupo, Lookingback. El sábado llegará al Teatro Jovellanos de la mano de la Asociación Cultural Serondaya, que reunirá en el concierto ‘Así que pasen... años’, en colaboración con el Aula de Cultura de EL COMERCIO, a Víctor Manuel, la coreógrafa y bailarina Dana Raz, el Coro El León de Oro y la Orquesta de Cámara de Siero.

–A estas alturas de su vida, ¿se siente más español o alemán?

–Pues no sé qué decirte. Va por rachas. La verdad es que muy alemán no me siento, pero cien por cien español, tampoco. No sé si es por mi carácter o por mis genes germanos, pero hay cosas de los españoles con las que no termino de identificarme del todo.

–¿Por ejemplo?

–Esa capacidad de discutir acaloradamente por casi todo desde el minuto uno. Siento que no puedo decir mi opinión sin que me maten inmediatamente y que las redes sociales lo han empeorado todo. Muchas veces callo por no meterme en líos.

–¿En el resto de Europa no ocurre?

–Creo que en el resto de Europa son más tolerantes, mientras que aquí no puedes decir nada porque te llueven palos por todas partes. Yo mismo me he metido en algún jardín político y he decidido que ya no más.

–¿Entonces no le pregunto si Rajoy ha hecho mucho daño a la cultura?

–Es evidente el daño tan brutal que nos están haciendo casi todos. Ytampoco tengo confianza en lo que se ve venir, que supuestamente era la gran esperanza y que se está esfumando. En cuanto a los otros nuevos, parece que ya le estamos viendo las orejas al lobo y la sensación es que vamos a seguir igual durante mucho tiempo.

–¿Con Merkel se vive mejor?

–Merkel, al menos, ha acogido a miles de refugiados y se ha jugado su futuro político. Evidentemente, no es mi favorita, pero la extrema derecha viene detrás y ella, al menos, está cumpliendo, algo que aquí no ocurre. En el tema de los refugiados, por ejemplo, las cifras son ridículas y muchos comentarios, lamentables. Tengo la impresión de que el mundo se está volviendo más conservador y más antipático. Y eso que yo soy una persona muy optimista en general.

–Al menos nos queda la música.

­–La música y más cosas. Yno me refiero al fútbol (Ríe). Me refiero a todos los niveles de la cultura. Todo tipo de palos son bienvenidos y nuestros gobernantes deberían procurar que los tuviésemos a mano.

–Usted mismo es un prodigio de fusión, y no solo porque toca tres instrumentos. Ha sido actor de cine y televisión y modelo de publicidad.

–Sí (Ríe). Solo me falta la zarzuela, pero todo llegará. Y, en cuanto a la flauta, el clarinete y el saxo, al final, son de la misma familia y, por mi carácter, siempre me ha llamado la atención probar de todo. Es lo que me divierte. No hubiera podido trabajar toda la vida en el mismo sitio, no puedo estar sentado ni cinco minutos. En eso sí que soy muy español.

–Suyo es el clarinete de ‘Y nos dieron las diez’ y otros temas de Sabina, el saxo que acompañó a Miguel Ríos, los vientos que arropaban a Krahe... ¿Con quién se queda?

­–Esto lo va a leer Víctor Manuel, así que la respuesta está clara (Risas). He tenido la increíble suerte de tocar con los más grandes y vivir experiencias únicas. Ana Belén, por ejemplo, tiene una calidad increíble, no falla una nota. De Víctor destacaría también su calidez humana y con Sabina me he divertido mucho, pero mi padre adoptivo fue Javier Krahe. Estuve tocando con él hasta que se murió y éramos como una familia.

–Con muchos de ellos vivió la Movida. ¿Fue para tanto?

­–Tienen razón los que dicen que no fue una época tan importante desde el punto de vista cultural. Si tú escuchabas a McNamara, por ejemplo, musicalmente era un espanto, pero, claro, eso te pilla a los veinte años y te lo pasas pipa. No hay que quitarle la importancia que tiene desde el punto de vista del impacto social, de salir por la noche, beber y divertirse, pero luego se habló demasiado de ella.

–¿Ahora la música en directo está casi proscrita?

­–Algo de eso pasa en toda España y me temo que en todo el mundo. El concepto de música en directo ha cambiado y los empresarios han descubierto que a los músicos no hay que pagarles. Dicen eso de:«Que venga a taquilla y traiga a sus amigos». Eso es la muerte, porque probar cosas nuevas, otros escenarios, improvisar, perder el miedo escénico, resulta imprescindible para cualquier músico joven. Un rodaje que no puede sustituir ninguna escuela.

–¿Y qué me dice de la incompatibilidad de ser profesor de conservatorio y tocar?

­–Pues que ese tipo de incompatibilidades son absolutamente absurdas y perjudican tanto a los músicos como al público. Pero, claro, no son temas de interés para los políticos.

–La pregunta obligada:¿qué van a escuchar quiénes vayan el sábado al Jovellanos?

­–Voy a hacer una pieza con Dana Raz y, además, voy a participar con El León de Oro en mi estilo. Me meteré en medio a improvisar. También algo de Vivaldi con la OCAS.

–¿De dónde le viene la conexión con esta tierra?​

­–De la casualidad. Porque, al poco tiempo de llegar a España, empecé a tocar jazz con unos amiguetes en Avilés y luego me han ido saliendo muchas cosas. Hasta el punto de que me he comprado una casa en Asturias que está en medio del monte.

–Lejos de las mundanales redes.

­–Sí. Aunque también hay que ver su parte positiva. Ahora, en cuanto edito un tema, hay cien personas en Japón que lo están comprando, cien locos que esperan por mi música.

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