«La música africana es pura vitalidad»

Polo Vallejo, durante la presentación de su libro en Madrid. / IÑAKI MARTÍNEZ
Polo Vallejo, durante la presentación de su libro en Madrid. / IÑAKI MARTÍNEZ

La Filarmónica de Gijón, en colaboración con el Aula de Cultura de EL COMERCIO, organiza este recital didáctico para todos los públicos El Jovellanos acoge esta tarde el concierto 'África inspira a Occidente', con tres intérpretes del continente

A. VILLACORTA GIJÓN.

Hubo un tiempo, cuando el músico Polo Vallejo (Madrid, 1959) era apenas un preadolescente, en el que empezó a sentir una «fascinación inexplicable por África», una «atracción visceral hacia el continente» que lo llevaba a mirar fotos de la enciclopedia que había en casa sus padres y a «viajar allí con la imaginación» una y otra vez.

Hasta que, con el correr de los años, mientras cursaba sus estudios en el conservatorio, empezó a hacerse con archivos de música africana y a escuchar sonidos que le producían «una convulsión a muchos niveles» y, finalmente, pudo materializar su sueño y viajar a Senegal, «un trayecto sin retorno que se convirtió en una investigación», que ya dura más de dos décadas y que acaba de plasmar en el libro 'Acaba cuando llego', los cuadernos de campo de su trabajo en Tanzania entre 1995 y 2015, Premio Nacional de Edición 2017. Un volumen que ayer presentó en el Círculo de Bellas Artes de Madrid y que mañana llevará a la ovetense Galería Alfara.

Pero antes, esta misma tarde, a partir de las 20 horas y en el gijonés Teatro Jovellanos, Polo Vallejo será el narrador de un concierto «para toda la familia y con una clara vocación didáctica y amena» organizado por la Sociedad Filarmónica de Gijón -que conmemora sus 110 años de historia- en colaboración con el Aula de Cultura de EL COMERCIO.

«En todo africano hay un percusionista en potencia porque llevan el ritmo en la piel desde que son bebés» Las composiciones de Ligeti y el piano se mezclarán con sonidos de Camerún y Guinea Conakri

El recital, que lleva por título 'África inspira a Occidente' y que tendrá una duración aproximada de dos horas sin descanso, contará con tres instrumentistas africanos -Justin Tchatchoua (Camerún), Aboubacar Shyla y Husmani Bangoura (ambos de Guinea Conakry)-, además de con el pianista salmantino Alberto Rosado. «Tres músicos fabulosos con los que el oyente conseguirá adentrarse en el universo sonoro de ambas tradiciones musicales por separado y disfrutar, a la vez, de ese espacio común en el que ambas músicas comparten razón y emoción».

De su mano, este doctor en Ciencias de la Música, compositor y pedagogo de renombre internacional, propondrá una fusión en la que se mezclarán composiciones del húngaro Ligeti y del propio Vallejo con músicas y danzas que acompañan a las bodas de Guinea Conakry o a los funerales cameruneses. Todas ellas, arropadas por imágenes en blanco y negro de la fotógrafa Carmen Ballvé, colaboradora en el trabajo de investigación de Polo Vallejo con la tribu tanzana de los wagogo, alternadas con otras del pintor Maurits Escher, además de con transcripciones a la partitura y ejemplos audiovisuales.

Toda una clase magistral a lo largo y ancho del continente negro, porque, «aunque parezca una obviedad, muchas veces a los occidentales se nos olvida que África es un continente con más de mil lenguas diferentes. Lenguas que, además, corresponden a lenguajes musicales también muy distintos», explica Vallejo, que añade que «entre los países africanos hay tantas similitudes musicales como las que puede haber entre España y Finlandia». Y, de hecho, él mismo ha tenido ocasión de comprobarlo en varias ocasiones: «A los profesores de Senegal con los que trabajo, les muestro músicas de pigmeos y se quedan asombrados».

Lo que no cambia de una a otra latitud del continente es que los rasgos más sobresalientes de sus músicas son su intensa relación con la vida y su complejidad rítmica, un terreno en el que África nos lleva una clara ventaja: «En Occidente se han desarrollado más otros parámetros como la armonía, la melodía o la instrumentación, mientras que allí los ritmos son sorprendentes. En ese campo, ellos han estado siempre por delante». Y eso, a pesar de que su soporte musical es la memoria, el boca-oreja, «pero la tradición oral es mucho más fiable de lo que parece».

Y eso tiene que ver precisamente -cuenta Vallejo- con esa relación vital con la música, «que comienza desde que son bebés y que hace que todo africano sea un percusionista en potencia porque llevan el ritmo en las venas, en la piel». Algo que se percibe especialmente «en el África tradicional, rural, donde, desde que son pequeños, están en la espalda de su madre mientras que ella canta y muele el mijo con golpeteos acompasados. Esos son momentos decisivos en el aprendizaje musical, cosas que aquí no vivimos. Y eso hace que, de una manera inconsciente, los niños absorban ese elemento rítmico y lo interioricen en una manera de entender la música que los diferencia muchísimo de nuestra cultura, más estática, más ajena al ritmo».

«Se dice también que los africanos se han tragado un metrónomo y, en ese sentido, es verdad: tienen unos principios rítmicos inquebrantables», cuenta el investigador, que expondrá cómo los sonidos tradicionales del continente han influido en algunos compositores occidentales contemporáneos. Porque «África y su música, que es pura vitalidad, afectan de manera incondicional a cualquiera que la escuche».

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