La música no tiene fronteras

Isabel Fuentes, Mikel Dela, Misaki Kobayashi, Tomás Brubaker, Sofía Silva, Sebastián Herrera y Michelle Fabricca, en un descanso de los cursos. / FOTOS: ALEX PIÑA

Siete jóvenes talentos procedentes de distintas partes del mundo nos cuentan sus impresiones sobre los cursos de verano de la Fundación Princesa de Asturias

Quizá sean jóvenes, pero ya tienen una considerable carrera internacional. El curso que imparte la Escuela Internacional de Música de la Fundación Princesa de Asturias es un taller de verano para decenas de músicos de todo el mundo que quieren 'descansar' de sus ensayos y actuaciones durante todo el año para poder aprender de grandes profesores e importantes figuras de la música. En total son 26 profesores de siete nacionalidades los que imparten las clases que abarcan desde instrumentos de plantilla sinfónico-orquestal hasta cuartetos de cuerda o conjuntos de jazz. Hoy hablamos con siete alumnos, de diferentes partes del mundo, que trabajan y actúan estos días por las calles de Oviedo.

Y es que, cuando hay talento, hay que cultivarlo. Horas de trabajo continuo, compaginado con sus estudios en el instituto o la universidad, son el pan de cada día de estos futuros Bach y Schumman que, pese a su corta trayectoria, saben bien a qué se quieren dedicar, la música. Sebastian Herrera (México, 1998) explica queue «las carreras son muy duras» y que aspira a convertirse en «compositor o director de orquesta». Aunque siempre queda otra opción, que parece encajarle más a Isabel Fuentes (Bélgica, 2000): «Prefiero dedicarme a la música siendo profesora».

Estos días disfrutan tocando sus instrumentos e interpretando las piezas de grandes compositores, clásicos y contemporáneos. Y alguno de ellos reconoce que ha acabado en este mundo por «casualidad», como es el caso de Michele Fabbrica (Italia, 1999), que eligió comenzar a tocar el clarinete para poder asistir a la misma escuela que muchos de sus amigos. Otros como Tomás Brubaker (USA, 2004), el benjamín del grupo, admite que fueron sus padres los que eligieron por él y, ahora, aunque no tiene tan claro lo qué quiere hacer en el futuro, le gusta tocar el 'cello'. Lleva ocho años haciéndolo y se va convirtiendo en algo más que un hobby. «Espero mejorar la técnica y tocar mejor», explica..

«Mis familiares también son músicos, en casa siempre hay un piano» «Aunque fue mi madre quién eligió la viola, ahora, estoy muy feliz» «Las clases aquí son mucho mejor de lo que me esperaba»

Quien se está volcando de lleno y estudiando grados universitarios relativos a este exigente mundo son Mikel Dale (España, 1997) y Sofía Silva (Portugal, 1996). Para el primero es algo que le viene de familia, «mis padres y mi primo también son músicos, en todas las casas hay un piano», afirma. Está estudiando en la Universidad de Sheffield y en navidades tiene un importante examen por lo que ha pensado que sería buena idea «asistir a estas clases para aprender nuevas técnicas» y poder reforzar sus conocimientos con otros profesores. Sofía Silva se está formando actualmente en la Royal Academy of Music de Londres, y confiesa que «aunque fue mi madre quién eligió la viola, ahora, estoy muy feliz de su decisión». Además, nos cuenta que lo que más le gusta de la viola es su equilibrio: «Se pueden conseguir tanto las notas calientes típicas del 'cello', como llegar a los altos que aporta un violín». Para mejorar la técnica, afirma rotundamente, «quiero aprender del mejor profesor, Igor Sulyga, que además, está aquí». Ya se conocían de antes, pero en esta ocasión tendrán más días para trabajar. «Es una oportunidad única y algo muy grande. Es un profesor muy especial, como persona y como músico».

Dentro de este grupo hay cuatro pianistas. Ellos, Sebastián y Mikel; ellas Isabel Fuentes y Misaki Kobayashi (Japón, 1996). Isabel viene de Bélgica, y llega a los cursos musicales de verano por recomendación de una amiga, exalumna de la escuela. «Las clases son mucho mejores de lo que me esperaba», explica. Aunque habla cuatro idiomas, confiesa que tiene un defecto: «Sufro miedo escénico, en especial si tengo que tocar sola. Espero que aquí consiga disminuirlo». La que no sufre ese miedo es Misaki. La joven japonesa está estudiando en Estados Unidos y su profesor -Adam Kent- la invitó a participar con él en estas clases con las que ella está «encantada». El piano no es el único instrumento que domina, lo compagina con la percusión y admite que eso la ha beneficiado mucho a la hora de tocar. En la universidad estudia música al igual que sus compañeros, pero puede combinar asignaturas con materias de otras carreras como Filosofía: «Esto me ayuda a tener una mente más abierta. Yo solo quiero hacer a la gente feliz, aún estoy tratando de descubrir cómo y estoy indecisa, pero si tiene que ser con la música, lo será».

Además de talento tienen historias muy divertidas. Michele -que no paraba de reírse mientras contaba su anécdota- tuvo que salir al escenario «vestido de andar por casa» porque le avisaron con 10 minutos de antelación de que tenía que sustituir a uno de sus compañeros. Sofía también compartió una experiencias que ahora le hace estar siempre alerta. «Era la final de un concurso, iba muy bien preparada, toqué la pieza sin problema, pero cuando llegó el final me quedé en blanco, no pude terminar. Ahora cuando tengo que tocar de memoria siempre salgo más nerviosa», relató. Pero para el mexicano Sebastián Herrera los nervios son buenos ya que «así estás en tensión y cuando acabas de tocar la pieza te sientes liberado».

Alumnos de los cursos de verano de la Escuela Internacional de Música ofrecen un concierto al aire libre en Oviedo, en el marco del programa 'Música sobre ruedas'. / Álex Piña

Oviedo es su casa y refugio durante diez días de intensa actividad que terminan el domingo. No solo dan clases, también salen a la calle a hacer lo que mejor saben: tocar sus instrumentos. El sábado pasado, Mikel interpretó una pieza de Beethoven en la plaza de la Catedral acompañado de otros tres participantes en los talleres y cuatro actores. Pero para ellos la ciudad ofrece algo más que plazas para dar conciertos, tanto Sebastián como Misaki tienen un gran interés cultural por Europa. Entre descanso y descanso, la japonesa se escapa por la ciudad a pasear, a observar la arquitectura y a escuchar hablar a la gente. Para él es un «cambio artístico absoluto en relación con América».

Los maestros de estos jóvenes talentos no solo son músicos reconocidos internacionalmente, también tratan de sacar lo mejor de cada alumno. Adam Kent, por ejemplo, cuenta que intenta generar un contexto con cada obra para sus alumnos. En cada pieza quiere que sean capaces de sentir lo mismo que las personas que vivían en aquella época o imaginarse cómo vestían y cómo se comportaban. Andreas Weisgerber, profesor de clarinete, es a ojos de Michele «muy bueno y amable, no como otros músicos de su nivel que a veces, son difíciles». Desde luego, todos ellos son uno de los grandes atractivos de estos cursos y un aliciente de superación para sus alumnos.

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