«La música transforma el mundo»

Cristina del Valle. / E. C.
Cristina del Valle. / E. C.

Reivindica sus raíces asturianas, donde también hay dolor, y opone las virtudes del arte a la violencia Cristina del Valle presenta en la Sala Acapulco un anticipo del disco 'Pacto de sal'

ALBERTO PIQUERO GIJÓN.

Si en el escenario es la delicadeza artística vestida de compromiso con causas solidarias, Cristina del Valle (Oviedo, 1960) se convierte en un torrente de elocuencia fuera de la tarima. Aquí publicamos un pálido reflejo de dos horas de entrevista. Hoy estará bajo la marca de Amistades Peligrosas, junto a Marcos Rodríguez, en la Sala Acapulco de Gijón (21.30 h.), para ofrecer un anticipo de su próximo disco, 'Pacto de sal', y recordar viejos éxitos.

-¿Qué nos puede adelantar de 'Pacto de sal'?

-Hay una continuidad de lo que ha sido siempre Amistades Peligrosas, pop, rock, música latina y aires árabes, añadiendo nuevos ritmos actuales. O la kizomba, que mezcla sonidos africanos y brasileños. El tema que da título al disco, 'Pacto de sal', es una balada. Pero son diez piezas variadas, incluyendo una historia de amor en la verbena de un pueblo. O 'Amor que entiende', cuya letra se dedica al colectivo LGTBI.

-En el concierto tendrá de invitada a Anabel Santiago, con la que cantará 'Chalaneru'. ¿Asturias nunca se pierde de vista?

-Mi relación con Asturias es dura y difícil, porque tuve un padre maltratador que obligó a mi madre a salir huyendo junto a mis hermanas y a mí. En el tren, yo me preguntaba por qué debíamos escapar, si el culpable era mi padre. Asturias me evoca ese dolor, pero también el trato de una gente que no se encuentra en otros lugares. En Asturias existe un respeto por el otro y se mantienen valores heredados de las luchas mineras.

-Es fundadora de la Plataforma de Mujeres Artistas contra la Violencia de Género. ¿La música puede transformar el mundo?

-Lo puedo garantizar. Así lo he vivido en Ciudad Juárez en boca de la madre de una hija a la que habían asesinado, la cual me decía que no había vuelto a sonreír hasta sentirse arropada por nuestra música solidaria. En Palestina, estando con Anabel Santiago, que es mi alma gemela, logramos que un colono que no abría la puerta a los periodistas tras desalojar a dos ancianos que quedaron a la intemperie de una tienda de campaña, recibiera a los reporteros. Nos pusimos a cantar 'Chalaneru' y 'Santa Bárbara' y por alguna extraña razón aceptó hacer declaraciones. Yo creo que si los artistas importantes se unieran y no abandonaran los lugares donde se arrojan bombas, como sucedió en Irak, quienes hacen las guerras lo pensarían mejor. Estoy convencida de que la música puede transformar el mundo.

-Siendo una activista en favor de la igualdad de géneros, ¿cuál es su opinión respecto del papel de la mujer en el mundo islámico?

-Sin duda, el machismo atraviesa todas las culturas. Pero se dice poco que fue Francia, por ejemplo, la que en sus territorios coloniales sancionó la homosexualidad con pena de muerte. Y que hay muchas musulmanas feministas. La verdadera violencia es la ocupación de territorios, como es el caso de Palestina. En España hay cuatrocientos clubes de alterne donde se maltrata a las mujeres y nadie protesta frente a esa ignominia. Nuestro país es el mayor consumidor de prostitución de la Tierra. No estamos en condiciones de dar muchas lecciones.

-¿Qué canción de Amistades Peligrosas elegiría para que hubiera conciencia de lo que no debe ser?

- 'Africanos en Madrid'. La escribió un universitario africano en los años 90 tras ser apaleado por la policía en Madrid. En 2017, Europa ha hecho del mar Mediterráneo un cementerio para quienes huyen de las guerras. Esa canción es un símbolo. Pero quiero mantener la esperanza de que el arte es capaz de oponerse a esa deriva.

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