Carmen le pega un tiro a Don José

Carmen le pega un tiro a Don José

La versión que cambia el final de la famosa ópera de Bizet para llamar la atención sobre el maltrato a la mujer es recibida con abucheos en Florencia

ISABEL URRUTIA

El director de escena italiano Leo Muscato no lo veía nada claro, pero el máximo responsable del Teatro del Maggio Fiorentino, Cristiano Chiarot, debió de ser más que convincente. El superintendente del coliseo lírico se ha estrenado en el cargo y quiere marcar tendencia. Veterano experto en marketing y con pasado de periodista, no ha dudado en seguir los dictados de la rabiosa y terrible actualidad. «Para lanzar un mensaje propio del siglo XXI, no es de recibo que se aplauda el asesinato de una mujer». De esa manera, justifica el cambio radical impuesto en el final de la ópera ‘Carmen’, que se escenificó este fin de semana en la capital toscana, con Veronica Simeoni y Roberto Aronica en los papeles principales.

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En la versión de Muscato, la gitana no muere apuñalada por el soldado navarro José Lizarrabengoa, mientras el respetable jalea y aplaude en la plaza de toros al diestro Escamillo, el nuevo amante de Carmen. En el montaje que se vio en Florencia, la protagonista arrebata en el último momento una pistola del cinto a Don José y le pega un tiro al militar de Elizondo. La reacción del público, sin embargo, no se hizo esperar: abucheos ante lo que consideran un cambio sustancial en una obra clásica.

En esta versión no se ha modificado ni la letra ni la música. El clímax del colofón se mantiene en boca de Don José, que grita a los cuatro vientos: «Ne podéis arrestar, soy yo quien ha matado a mi Carmen adorada». A ninguno de los responsables de la producción le rompe los esquemas que la acción dramática vaya en abierta contradicción con el diálogo y la partitura. Tanto el director de orquesta, Ryan McAdams, como el ‘regisseur’ Leo Muscato se han mostrado muy motivados y «tremendamente satisfechos» porque las entradas –entre 20 y 100 euros– habían volado. ‘Carmen’ no se representaba desde hacía diez años en el Teatro del Maggio Fiorentino y el público se moría de ganas... pero no de ver ese final sin sentido, a pesar de que el mensaje que se quiere transmitir sea del agrado de todos.

Y a partir de ahí, nadie descarta que en el futuro se pueda trastocar el argumento de ‘Medea’ o ‘Salomé’ para evitar que el público se espante ante una madre que mata a sus hijos o una jovencita que colma sus fantasías eróticas con una cabeza decapitada. No hay límites a la hora de poner la historia patas arriba. Baste recordar un ‘Rigoletto’ en adaptación de la regista alemana Doris Dörrie, que ambientaba el drama verdiano en el planeta de los simios. Todos los personajes eran monos, gorilas, chimpancés y orangutanes, salvo el bufón protagonista y su hija, que aparecían como astronautascon Zubin Mehta a la batuta. Tampoco se han apagado los ecos de ‘La Bohème’ en la Luna, un montaje delirante de la Ópera de París. Se representó en diciembre y sorprendió la alegría con la que empuñaba Gustavo Dudamel la batuta. Es lo que tiene la música de Puccini. Se impone por sí misma. ¿Hasta donde se puede llegar con lo políticamente correcto?

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