Plena vigencia de la canción de autor

Ismael Serrano, durante su concierto en el Teatro Jovellanos./Joaquín Pañeda
Ismael Serrano, durante su concierto en el Teatro Jovellanos. / Joaquín Pañeda

Ismael Serrano encendió de aplausos el Jovellanos con la gira 'Veinte años, hoy es siempre'

ALBERTO PIQUEROGIJÓN.

Entiende Ismael Serrano (Madrid, 1974) que un concierto no ha de ser una simple sucesión de canciones. No es algo que haya descubierto en los últimos tiempos. Giras anteriores a la que ayer transitó por el Teatro Jovellanos, la que correspondió a 'Todo empieza y todo acaba en ti', o la penúltima, atendiendo a 'La llamada', ya las había estructurado concediendo una especial importancia al envoltorio narrativo y escenográfico. Y de ese mismo modo acudió en esta velada del viernes gijonés a la cita con un teatro que fue el primero en su exitosa carrera. O sea, urdiendo cada uno de los temas musicales mediante un extenso relato introductorio y enmarcado por un diseño teatral que podría evocar más que recitales al uso, la arquitectura de un musical.

Sonó para empezar 'Ven', una de las composiciones inéditas que ha creado para conmemorar los cuatro lustros que lleva sobre la tarima artística, desde que en 1997 compareciera en el panorama de la canción con 'Atrapados en azul', solicitando aquello de 'Papá, cuéntame otra vez'. Ahora ya es él quien cuenta y canta. La segunda estrofa de 'Ven' es indicativa: «La vida es eterna en cinco minutos; / los que nos tomaba quitarnos la ropa. / (...) No es verdad que el tiempo nos lo cura todo, / y no está el mañana ni el ayer escrito. / Yo sigo esperando que nieve en agosto. / De mayor yo siempre quise ser niño».

El auditorio, que llenó el recinto, le dedicó la ovación inicial de las muchas que se repetirían a lo largo de la noche, en la que junto a las piezas de nuevo cuño estuvieron sus homenajes a los predecesores, 'Las cuatro y diez' (Aute), 'Y sin embargo' (Sabina) fueron ejemplo de ello. En los teclados, Jacob Sureda, y en el alma del chelo, Batio. La orilla teatral estuvo protagonizada por los diálogos con una rosa parlante e irónica que puso sus objeciones a la melancolía de los cantautores. Fueron frecuentes los coros del público, con predominio de las voces femeninas, aunque el momento álgido de la noche llegó con 'El día de la ira', que dedicó a las mujeres que salieron a la calle el pasado 8 de marzo. Antes de cantar 'Ojalá', de Silvio Rodríguez, Ismael Serrano tuvo un bonito detalle. «La canción más hermosa de la noche, que desgraciadamente no es mía». Apluso atronador.

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