Poesía en la noche

Robe Iniesta ofreció un concierto en formato íntimo en la Laboral./FOTOS: DANIEL MORA
Robe Iniesta ofreció un concierto en formato íntimo en la Laboral. / FOTOS: DANIEL MORA

Robe Iniesta, el que fuera líder de Extremoduro, ofrece, ante más de 700 personas en el Teatro de la Laboral, un concierto acústico con sus dos últimos discos en solitario en el programa

PABLO PARACUELLOS

Dice el poeta Manolo Chinato que Robe Iniesta es «amigo del Sol». Anoche no hubo sol ni luna, sino nubes y agua que caía sin cesar sobre los tejados de la Universidad Laboral de Gijón. Por eso, que el concierto empezase con 'El cielo cambió de forma' no dejaba de tener cierto sentido. Rodeado de una selección de músicos extremeños excepcionales -Carlitos Pérez, David Lerman, Alber Fuentes, Lorenzo González y Álvaro Rodríguez-, el que fuese líder de Extremodurao volvía a Gijón, al Teatro de la Laboral. Esta pequeña compañía trovadoresca está recorriendo el reino con ocasión de la gira 'Bienvenidos al temporal'. En concreto, la etapa 'Ponte a cubierto'. Nunca un título fue tan oportuno.

Robe Iniesta avisa con el título de la gira de a lo que se van a enfrentar las más de 700 personas sentadas en las butacas: una realidad incómoda, poesía descarnada y un tortazo en la mejilla de la sociedad. Para muestra, un botón. «Hay que tener cuidado con la libertad de expresión porque puedes herir a cualquiera en cualquier momento. Yo, con esta canción pretendo herir vuestros sentimientos», dijo para después entonar precedido por el violín de Pérez los versos de 'Nana cruel' -del primer disco en solitario 'Lo que aletea en nuestras cabezas'-: «Duerme que ahí afuera solo hay monstruos, solo hay gente que te compra, que te vende, que te odia, que te miente, que te roba, que te mata, que te viola y que no siente nada». En 'Guerrero', que también cantó al inicio del recital, llamó a la resistencia: «A este matadero no hemos venido a mirar». A este patíbulo de emociones improvisado que la banda ha montado en el auditorio se ha venido a matar o a morir. A enfadarse o a llorar.

El hechizo de la banda reside en una delicadeza musical supina que acolcha las palabras de Robe. Un estilo que recuerda al progresivo y que lleva revoloteando en la cabeza del poeta desde los orígenes de su carrera: en 'Adiós abanico que te llegó el aire', del primer disco de Extremoduro -también hubo guiños a los que querían alguna canción de la banda-, o en los álbumes 'Pedrá' y ' La ley innata'. Como él mismo ha reconocido, sus proyectos en solitario son una oportunidad más para serle fiel a su conciencia artística y experimentar como músico.

En la primera mitad del concierto Robe está en el centro, sentado en una butaca, enzarpado a su guitarra y la melena, cada vez más gris, cayéndole por la cara. Es la calma que precede a la tormenta. «Bienvenido al temporal», saluda Robe al oyente con la primera frase de la canción 'Puta humanidad'. Suenan, uno tras otro, temas tranquilos de los dos discos. Acusaban al placentino en la presentanción de 'Destrozares', su último disco, de haber hecho su trabajo «más triste». Él no tardó en negarlo, porque pese a la crudeza de los versos, la música y el sentido del concierto es iluminar, aunque sea un poquito, a la raza humana. Anoche lo hizo, como suele, ante un acérrimo grupo de seguidores, que le ovacionaron.

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