«Un pueblo sin arte está hambriento»

Antonio Canales, en Ribadedeva.
Antonio Canales, en Ribadedeva. / JUAN GARCÍA LLACA

El maestro se autodefine como «un hombre del Renacimiento». Ahora está en Ribadedeva impartiendo clases en un curso de verano

JESSICA M. PUGA

Nacer en el corazón de Triana imprime carácter y, para muestra, Antonio Canales (Sevilla, 1961). El bailaor pregonó el viernes las fiestas de la Sacramental de Colombres y ahora imparte clases en un curso de verano organizado por MJH Summer Camp Spain, S.L., junto a Daniel Doña y Mayte Antúnez.

-Bailaor, bailarín, actor, escritor... Usted es un todoterreno que no se detiene ni en verano.

-(Ríe) Siempre digo que soy un hombre del Renacimiento. Hoy está muy extendida la idea de que, si se es aprendiz de mucho, se termina siendo maestro de nada, pero yo creo que no. Me gusta tocar otras disciplinas porque todo termina repercutiendo en mi forma de ver el flamenco.

«El racismo motivado por el odio provoca que la ultraderecha adquiera fuerza»

-Vaya, un no parar.

-Efectivamente. A mis 55 años me considero un joven veterano que está en la última etapa de su carrera. Los últimos tres o cuatro años no hemos parado. Mi hijo Antonio, que está en la oficina, y el resto del equipo me están explotando bien (Ríe).

-En Ribadedeva comparte su talento con jóvenes promesas. ¿Cómo está siendo la experiencia?

-Han venido jóvenes de Galicia, Cataluña y demás puntos del país que recién han acabado sus estudios. Con esta iniciativa de María Herrera, que nace con voluntad de mantenerse en el tiempo, pasan dos semanas con nosotros, conviviendo y, de paso, hacen paddle surf, el descenso del Sella, visitan el Archivo de Indianos...

-¿Cómo vienen las nuevas generaciones flamencas?

-El talento nunca se ha perdido. Hace tres décadas hubo una explosión que revolucionó el flamenco, que por entonces estaba muy apagado. A Joaquín Cortés, a Sara Baras y a mí nos tocó, cada uno con su forma de interpretarlo, demostrar que no era una cosa solo reservada a chicas, por ejemplo. Ahora, todo está revolucionadísimo en el baile y salen intérpretes buenísimos por toda España. Lo que pasa es que les ha tocado vivir un momento muy duro con la crisis. Es una pena que habiendo tanto talento cueste ponerlo en valor. Nos sentimos un poco como la Cenicienta del cuento.

-¿Habla de la cultura en general o de los flamencos en particular?

-De la cultura en general, empezando por ese IVA prohibitivo. Antes sí que nos sentíamos desplazados nosotros, los flamencos, pero ahora ya no. En España, los espacios públicos no están bien cuidados, ni nuestro patrimonio. Vivimos una época de sequía espiritual muy grande y parece que no se dan cuenta que descuidar la cultura es como alimentar al pez que se muerde la cola. Un pueblo sin arte es un pueblo hambriento.

-Habla de sequía espiritual ahora que parece que prima lo frívolo y la inmediatez. ¿Se lo parece?

-Esta velocidad a la que nos movemos nos afecta. Vale que este nuevo modelo también ha traído cosas buenas, pero ¿dónde quedan el silencio, el tiempo y el peso de las cosas? Vivimos un momento muy convulso, protagonizado por guerras, terrorismo y miedo, en el que la gente quiere pan en su nevera y para de contar, y en cierta medida es entendible. Pero también se debe incentivar el arte, la cultura en definitiva, para dejar un mundo más tolerante. Han aparecido muchos sentimientos racistas motivados por el odio acumulado que, en ciertos momentos y debido al dolor, salen sin control aunque no se sientan de esa manera. Al final lo que pasa es que terminan incitando al 'contraodio' y a que la ultraderecha, que está asolando Europa, adquiera fuerza.

-¿Hacia dónde irá el flamenco?

-Anda buscando a qué aliarse. Casa muy bien con el rock, el hip hop y los ritmos tribales, también con ritmos latinoamericanos. Esta sinergia debe darse porque es la forma que tiene de seguir alimentándose. Lo que está claro es que el arte tiene que estar vivo y no quedarse en desuso.

-¿De qué estado de salud goza el flamenco en Asturias?

-Esta región es muy flamenca también porque, al fin de cuentas, no es más que la expresión de un pueblo. Ahí están los cantos de los mineros y de los marineros, las panderetas, las gaitas y los asturianos que emigraron a América y regresaron.

-¿Qué planes profesionales tiene a corto plazo?

-Estamos trabajando dos espectáculos. Hay quien nos pide una puesta en escena sin guion ni dramaturgia, 'Bailaor', que cumple diez años, y quien opta por 'Trianero', que dirige Ángel Rojas. Cuento ahí la historia de penurias que vivieron mis abuelos y es el espectáculo en el que ha debutado mi madre a los 76 años.

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