Strauss abre el año en Gijón

La soprano Galina Dubitskaya fue la cantante solista del concierto. /  JOAQUÍN PAÑEDA
La soprano Galina Dubitskaya fue la cantante solista del concierto. / JOAQUÍN PAÑEDA

El público llenó el Teatro Jovellanos para disfrutar del concierto de Año Nuevo

PABLO ANTÓN MARÍN ESTRADA GIJÓN.

El Teatro Jovellanos recibió a 2018 con el ya tradicional Concierto de Año Nuevo en una cita que en esta ocasión logró transformar, más que en ninguna otra, el coliseo gijonés en un ilustre remedo de la Sala Dorada de la Musikvereim de Viena. Los músicos y bailarines del Strauss Festival Orchestra y Ballet Ensemble fueron los responsables de transportar a los privilegiados espectadores que llenaban la sala al esplendor de los recitales y coreografías de la antigua capital del Imperio Austro-Húngaro en sus primeros días de año cuando el Danubio bajaba aún azul en la memoria de los vieneses.

La producción que ayer se pudo disfrutar en el Jovellanos lleva casi tres décadas cosechando éxitos por todo el mundo y más de cinco millones de espectadores la han visto desde entonces. Bajo la propuesta del Strauss Festival Orchestra se integran diversas agrupaciones estables, todas ellas avaladas por su calidad, y que llevan el espectáculo inspirado en el legado de Johan Strauss II de manera simultánea por diferentes escenarios internacionales. El director Eduard Ambartsumyan fue el encargado de conducir la gala y la soprano Galina Dubitskaya puso la voz solista a un repertorio que ofrecía las delicias imprescindibles en un menú de Año Nuevo de lujo, como el que anoche se servía en Gijón.

Los espectadores que llenaron el Teatro Jovellanos tuvieron que esperar un poco más de lo previsto para poder disfrutar del espectáculo. Un problema en el transporte de los instrumentos se tradujo en cerca de veinte minutos de espera, un intervalo que dio paso a un buen aperitivo: la obertura 'La gazza ladra', de Gioachino Rossini, interpretada con el brío necesario para introducir al público en el gran banquete dedicado al repertorio de Johan Strauss II.

La feliz energía que destilaba la orquesta se mantuvo intacta en la sucesión de los valses 'El carnaval de Roma' y 'Diario de la mañana', que hicieron vibrar al público. Las siguientes piezas de Strauss fueron 'La marcha del aniversario del caballero alemán' y la polka rápida 'Tritsch-Tratsch', que despertaron la participación entre el público, gustoso de disfrutar la chispa de estas piezas.

Si el Teatro Jovellanos fuese un salón de baile, la fiesta ya estaría servida para danzar con la 'Tarantela Napoletana' de Rossini cantada por la soprano Galina Dubitskaya con la misma ajustada eficacia interpretativa -sin grandes alardes- que marcó todas sus intervenciones.

En la primera parte del concierto se pudieron escuchar también otras piezas como 'La huelga de los músicos' de la 'Sinfonía de los adioses' de Haydn. No faltaron los guiños de buen humor, como la máscara veneciana para el director durante la interpretación de 'La cuadrilla del baile de máscaras' o la pancarta reivindicativa y los preceptivos abandonos del tajo orquestal de los músicos en su 'huelga'.

El divertimento jovial estaría muy presente en la segunda parte del concierto, abierta con el rondó 'Alla turca' de Mozart, aunque los músicos no siempre -como ocurriría durante todo el programa- lograran transmitir el entusiasmo de las partituras al público. Moderadas fueron las 'Aceleraciones' de Strauss y no demasiado revoltoso el vuelo de 'El murciélago'.

La batuta de Eduard Ambartsumyan tampoco parecía ejercer mucha autoridad para elevar el tono de una velada en la que, pese a la discreción de la formación, el público fue generoso y optó por disfrutar de la gracia original de las piezas del programa o de las que estaban preparadas para el descorche final y los postres: 'La marcha egipcia' (con nuevo disfraz para el director), 'La sangre alegre', 'Una noche en venecia' o la 'Danza húngara número 5', piezas que funcionan incluso en las circunstancias más adversas.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos