«Los musulmanes lamentaron no haberse ocupado más de los rebeldes de Asturias»

Alfredo Álvarez, Miguel Calleja y Pedro Leal hablan con Francisco Álvarez-Cascos antes de la ponencia. /  PABLO LORENZANA
Alfredo Álvarez, Miguel Calleja y Pedro Leal hablan con Francisco Álvarez-Cascos antes de la ponencia. / PABLO LORENZANA

Ofreció una charla dentro de las ponencias organizadas por Foro sobre Pelayo y Covadonga

A. VILLACORTA OVIEDO.

Miguel Calleja (Piloña, 1973), profesor del Departamento de Historia de la Universidad de Oviedo, ofreció ayer la ponencia 'Pelayo y Covadonga: pasado medieval y memoria nacional' dentro de las charlas organizadas por Foro Asturias para conmemorar los centenarios de 2018, un recorrido en el que el detalló «cómo se fueron añadiendo distintas lecturas a lo largo del tiempo a los hechos ocurridos a principios del siglo VIII».

-¿Hay mucha manipulación ideológica en torno a aquella batalla?

-Yo prefiero que se entienda que todas las sociedades han escrito y reescrito la historia de su pasado desde sus preocupaciones y sus intereses. Así, partiendo de una narraciones iniciales, se van incorporando pequeños cambios que, a lo largo de los siglos, van arrojando transformaciones bastantes significativas.

-De hecho, poco tiene que ver lo que cuentan las crónicas asturianas y las musulmanas.

-Así es. Las crónicas que se escriben en Oviedo, en las cortes de los reyes astures, a finales del siglo IX, enfatizan mucho el valor de aquel encuentro bélico, el número de los enemigos, el carácter milagroso de la batalla. Por el contrario, los cronistas musulmanes le quitan importancia y se lamentan de que deberían haberse ocupado más de aquellos pocos rebeldes de las montañas de Asturias.

-¿Cuál es su opinión sobre la relevancia de la batalla?

-Sin duda, tuvo que tener su relevancia, dado que tanto los cristianos del Reino de Asturias la recuerdan como mito fundacional y las crónicas musulmanas no la olvidan. Y aquellos cristianos la recuerdan porque es el origen de un reino nuevo. Es decir: el Reino de Asturias se remite a ese momento y a esa figura de don Pelayo como punto de partida de una realidad política nueva y de una dinastía. Luego, fueron dándosele distintas lecturas y tenemos que llegar a los siglos XVIII y XIX para que verdaderamente Covadonga y Pelayo se conviertan en un mito nacional. En toda Europa, de Alemania a Italia, se están forjando países nuevos a los que hay que dar una trascendencia histórica.

-¿Qué ocurrió en España?

-Hay que crear un Estado, articularlo, y hay que darle una trasfondo histórico a esa nación española que en ese momento se está definiendo. La formación de esa idea nacional-católica ya se puede ver con mucha claridad en el centenario de 1918. Ahí se está planteando una idea de Covadonga como el punto de partida heroico de una nación y de una monarquía que es católica. Algo que, desde luego, después de la Guerra Civil, se sigue acentuando. Lo que nos enseñaron en las escuelas del siglo XX era en gran medida tributario de esto.

-¿Algún ejemplo?

-La lectura que hace Jovellanos de aquella época. Escribió una tragedia teatral sobre la muerte de Munuza y su tema fundamental es la muerte del tirano y el protagonismo del pueblo -en este caso, el de Gijón-, que se levanta en armas contra él.

-Recientemente, una profesora catalana aseguró que a los musulmanes no les interesaba demasiado Asturias, donde solo había cabras.

-Hay una parte de verdad: el desinterés de los musulmanes en toda la franja norte. Es una fuerza de ocupación que no tiene capacidad para ocupar toda la Península, así que se van a quedar en las zonas de clima mediterráneo, que se avienen más a sus usos y costumbres. Otra cosa es la forma de decirlo, con la que despierta sentimientos de agravio que son los que explotan los nacionalismos.

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